Homilía de
monseñor Juan Carlos Romanín, obispo de Río Gallegos,
en la misa de toma de posesión de la diócesis
7 de enero de 2006
Queridos hermanos:
Tengo la alegría de prestar hoy este servicio, sencilla y
sinceramente, y poder así dar testimonio de mi agradecimiento a Dios, que confió
en mí, llamándome al ministerio episcopal. Ministerio que me configura con
Cristo, pastor y servidor de la Iglesia. Llamado a contemplar y a acompañar la
vida de la Iglesia en la Diócesis de Río Gallegos.
Mons. Mauricio Eugenio Magliano y Mons. Miguel Angel Alemán
fueron los elegidos por Dios para iniciar y afianzar la vida nueva de este
territorio diocesano. Estoy seguro que hoy desde el cielo nos siguen acompañando
con su paternal intercesión.
Damos gracias a Dios por el trabajo y el testimonio de Mons.
Alejandro Buccolini, que supo gastar su vida y su salud, por tantos años, en
bien de esta porción de la Iglesia de Argentina. Monseñor Alejandro: Dios te
premie y te bendiga. Gracias por tu vida y por tu generosa entrega!
Queridos hermanos: mi único deseo es caminar con ustedes,
proclamar el Evangelio, ayudarles a tener un mismo pensar y un mismo sentir,
alentarlos y animarlos para que hagamos de la Palabra de Dios nuestra norma de
conducta, base de la justicia, de la paz y del amor entre los hombres y mujeres
de buena voluntad de esta bendita tierra patagónica.
Como Pastor quiero caminar con ustedes para conducirlos en el
camino que lleva a la reurrección y a la vida. Conducirlos, no señalándoles la
ruta sino recorriéndola delante de ustedes, en medio de ustedes. No dominando
con poder, sino sirviendo con amor y sencillez. Proclamando, en medio de las
dificultades y problemas de la vida, la seguridad de la presencia salvadora y
liberadora del Dios de la Vida.
Con el deseo de “rejuvenecer el rostro de la Iglesia, que es
la madre de nuestra fe”, quiero que trabajemos juntos para hacer resplandecer el
rostro de Jesús y tener la misma y única mirada de Dios sobre cada uno de los
momentos y acontecimientos de nuestra histroria.
Este es un don apasionante y un compromiso exigente. Es amar
a la Iglesia y dar la vida por ella, como Cristo, que ama a la Iglesia, la
purifica, la alimenta, la santifica.
En el Plan Diocesano de Pastoral, aparecen dimensiones que,
estoy seguro, han rezado, reflexionado y trabajado para configurar el perfil y
el rostro nuevo de cada una de las comunidades que viven en la Diócesis.
Primero, la Iglesia- HOGAR: que es casa de todos, que es
escuela de comunión, que es lugar de encuentro y de alegría, que es iglesia
abierta y acogedora.
Es bueno sentir la urgencia de volver
a asumir el compromiso de ser siempre familia.
Segundo, Iglesia-SANTUARIO: como espacio sagrado de la
celebración de la fe y de la vida.
Iglesia-Santuario como lugar donde la santidad es siempre la
primer urgencia pastoral. Donde aprendemos a dejar pasar por el propio corazón y
por la propia vida el amor misericordioso de Dios.
Celebrar, adorar y contemplar a Jesús, es siempre expresión
de agradecimiento, de bendición, de alimento espiritual.
Tercero, Iglesia-MISIONERA: como Jesús, estamos siempre en
camino para anunciar la Buena Noticia. El gran desafío es que el Evangelio
llegue a todos y a cada uno. Nadie puede quedar excluído o marginado.
Esta exigencia parte de nuestro Bautismo y nos lanza a
superar las dificultades concretas de las distancias y de la intercomunicación
fraterna.
Cuarto, Iglesia-PROFÉTICA. Como nos dice Jesús: “Amen a sus
enemigos, hagan el bien a quienes los odien, bendigan a quienes los maldicen”
(Lc 6,27-28).
Asegurar la fuerza de la no-violencia siendo instrumentos y
constructores de paz.
Sólo desde el amor se pueden proponer y defender los valores
siempre nuevos del Evangelio.
Quinto, Iglesia- SAMARITANA: En cada instante Jesús nos da la
capacidad de amar y de inventar y crear formas más justas y hermosas para servir
y para amar a los más pobres y necesitados.
Nuestro Santo Patrono, Don Bosco, nos vuelve a decir una vez
más: “No basta amar, hay que demostrar que se ama.” Los gestos concretos de
solidaridad serán la manifestación de una fe creíble y contagiosa.
Estas dimensiones, que se han ido trabajando a lo largo de
estos últimos años, gracias al esfuerzo de animación y gobierno de Monseñor
Alejandro Buccolini, son la base firme para poder continuar el camino de
actualización y renovación de la Iglesia de la Diócesis de Río Gallegos.
Las prioridades asumidas hablan muy bien de la mirada nueva
que debemos tener sobre la vida que Dios sueña entre nosotros: la familia, los
jóvenes, los laicos, la comunicación.
Dar continuidad a un proyecto es hacer comunión. Esto nos
compromete a seguir mirando juntos la realidad, a valorizarla con criterios
comunes y consensuados, a tomar juntos las opciones que consideramos
prioritarias. Pocas cosas crean comunidad y familia como el hecho de compartir
todos un mismo y único proyecto.
Quiero decir una palabra especial a mis sacerdotes y
diáconos: gracias por la vida de cada uno y la entrega generosa que están
brindando a cada una de las comunidades. Sigan anunciando a todos la
misericordia y el perdón, llevando sobre sus hombros las alegrías y los dolores
del pueblo.
Estoy para servirlos, para escuchar con ustedes la voz de
Dios y buscar incansablemente sus caminos.
A ustedes, queridos seminaristas, los llevo en el corazón,
porque son los pastores del mañana. Quiero estar muy cerca de ustedes, a pesar
de las distancias.
A las religiosas y religiosos, consagradas y consagrados,
quiero acompañarlos a proclamar el amor y la verdad, a la luz de cada carisma,
para ser siempre testigos de esperanza.
A usted, Sr. Presidente de la Nación, Dr. Néstor Kirchner,
Señores Gobernadores de Santa Cruz y de Tierra del Fuego, Intendentes,
Autoridades civiles, militares y religiosas. Estoy al servicio de ustedes para
ayudarnos a buscar siempre, y juntos, el Bien Común en un clima de diálogo
fraterno y solidario.
Y a ustedes, queridos laicos y hermanos todos de esta amada
Iglesia: desde hoy no existe para mí otra cosa que esta tierra y cada uno de
ustedes, a los que Dios me entrega para que los ame y los sirva como ministro
del Evangelio de Jesús.
Desde hoy la Diócesis de Río Gallegos es mi única patria y
ustedes mi familia, a la que me debo entero y a la que me entrego con cuanto soy
y cuanto tengo. Mi vida ya les pertenece.
Jesús es el ícono al que dirigimos nuestras miradas para
realizar juntos su testamento: “Padre, que todos sean uno, para que el mundo
crea.”
Nuestra Patrona, la Santísima Virgen de Luján, nuestra mamá
del cielo, camina con nosotros. Ella nunca nos abandona ni nos deja solos. Ella
es nuestra Auxiliadora. Que Ella nos bendiga y nos proteja, nos conserve en una
fe íntegra, en una esperanza firme y en un amor sincero.
Que así sea. Amén.