|
el
egoísmo provoca y agrava la crisis
Homilía pronunciada por el
obispo de Comodoro Rivadavia, monseñor Pedro Ronchino, SDB, en la
celebración del 9 de julio de 2001
1.
Uno de los dos momentos que anualmente dedicamos para dar gracias a Dios
como Nación, debe permitirnos no solamente mirar hacia atrás, sino
también proyectar un futuro que nos ayude a superar las dificultades del
presente. Es lo que deseamos, precisamente, hacer hoy en este solemne Te
Deum. Nos ayudará a hacerlo la Palabra misma de Jesús que se nos
proclamó.
2.
Se refiere al juicio final, al momento solemne en que la historia humana
será liberada de cualquier engaño o ilusión y cada uno será juzgado
por lo que realmente es. Partiendo, entonces, de ese anticipo de juicio,
basados en Jesús, el único que tiene palabras de vida eterna, gozamos de
un privilegio sin igual, porque podemos superar los límites de nuestras
valoraciones, en las que podemos ser víctimas de engaños, subterfugios,
presiones y mil limitaciones más, que nos impiden alcanzar una justicia
plena.
3.
Lo que llama inmediatamente la atención en el texto señalado es que
todos los hechos que son juzgados dignos de premio o sanción, están
referidos a la relación con los demás: "tuve hambre y me dieron de
comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba de paso y me alojaron, estuve
desnudo, preso, enfermo y me ayudaron".
Convengamos en que la
intención de Jesús no es reducir sólo a tales actitudes el juicio de
los hombres, pero no podemos dejar de admitir, al mismo tiempo, que es un
resumen en que presenta lo más importante o, si lo queremos decir de otro
modo, lo fundamental, para perfilar una persona merecedora de premio o de
castigo.
Si lo proyectamos entonces
a nuestro presente para mejorar nuestro futuro, debemos decir que toda
nuestra sociedad, en sus distintos estamentos, será buena si se preocupa
por los otros. De lo contrario, más allá de cualquier apariencia, será
mala.
4.
Quien tiene cualquier tipo de autoridad será bueno si el auténtico bien
de los que están confiados a su responsabilidad es la única razón de
ser de todos sus proyectos, de sus determinaciones, de su firmeza ante
presiones unilaterales, de su absoluta prescindencia de ventajas
personales o institucionales que de hecho lo van a tentar a cada paso, de
su capacidad para no hacer del sondeo de opinión el único fundamento de
sus decisiones, de ser capaz de enfrentar momentáneas impopularidades
particulares cuando se trata de defender el bien de la comunidad, etc.
5.
Los distintos sectores de la sociedad: sindicatos, asociaciones vecinales,
organizaciones intermedias, colectividades, cooperativas, colegios
profesionales, instituciones educativas, comunidades religiosas, clubes de
servicios, organizaciones no gubernamentales, clubes deportivos o
sociales, en fin, todos los mil modos de asociarse que tiene la gente, que
por gracia de Dios van aumentando y se van diversificando de día en día,
también ellos están sujetos al mismo criterio de calificación: serán
buenos o malos en la medida en que no se reduzcan a buscar el bien de sus
miembros, a cualquier costo, sino en la medida en que, haciéndolo, tengan
en cuenta también a los demás miembros de la comunidad y eviten
practicar un posible "egoísmo colectivo".
6.
Porque éste es el criterio que el Juez Universal e inapelable pondrá en
la fundamentación de su premio o de su condena: evitar o practicar el
egoísmo: y esto es universalmentre válido, para personas o para
cualquier grupo humano..
7.
Si queremos ser sinceros, ninguno de nosotros puede hoy tirar, en este
contexto, la primera piedra por considerarse totalmente inocente. No
podemos negar que el egoísmo, personal o colectivo, es uno de los males
que agravan, o mejor, provocan, la crisis que estamos atravesando. Se
busca el propio bien sin preocuparse y, en no pocos casos, perjudicando
seriamente a los demás. El día de hoy, por tanto, no puede excluir un
compromiso de cambio.
8.
Pero algo todavía más llamativo en el texto que proclamamos es que el
Juez, Dios, refiere a El mismo esas muestras de solidaridad o egoísmo,
hechas a los demás. Entonces, el egoísmo es mucho más que cerrarse a
otro hombre: es cerrarse a Dios mismo. Esto explica, en el fondo, la
gravedad de la sentencia, tanto de premio como de condenación. El
egoísmo es un atentado contra Dios mismo, rompe la relación con Quien es
la felicidad última de toda persona. Y como Dios quiere entrañablemente
al hombre, también por esta nueva razón, el egoísmo es motivo de
infelicidad.
9.
Si decíamos, entonces, que este momento importante de nuestra comunidad
es para encauzar debidamente e, incluso, corregir nuestra marcha, no hace
falta un razonamiento demasiado sutil como para identificar la raíz de
los males sociales que padecemos. La solidaridad está seriamente
comprometida. Sería injusto decir que no existe. Pero también simplista
y falso afirmar que es suficiente. Cabe entonces, comunitariamente, tomar
una decisión valiente pero que no quede en solas palabras: todos y cada
uno, desde su propia inserción en la sociedad, debemos ir pasando de una
sociedad bastante egoísta a una sociedad cada vez más solidaria. Quien
más responsabilidad tiene, más obligado está a esta solidaridad. Pero
no hay nadie que no tenga ninguna responsabilidad y que por lo tanto no
deba hacer un cambio. El bien común, que suele ser el menos común de los
bienes, debe pasar a ser el criterio supremo de cualquier proyecto, de
cualquier iniciativa, de cualquier diálogo en la comunidad.
10.
El Señor, que en su amor por los hombres nos indica cuál es el único
camino para vivir felices, permita que nuestra querida Argentina, se
aparte siempre más de las tortuosidades de todo egoísmo obrando CONTRA
los demás, y en cambio nos impulse no sólo a vivir CON los demás, sino
PARA los demás. Tendremos la primera recompensa en una sociedad
cohesionada, fuerte y dinámica, abierta a "todos los hombres de
buena voluntad" que pregona nuestra Constitución, no sólo para
habitar el suelo argentino, sino para compartir sus increíbles riquezas,
en el aspecto material, pero también en el humano. La Argentina, en los
planes de Dios, debe dar respuesta no sólo a sus habitantes sino que debe
ser una auténtica reserva para el mundo. Vocación, entonces, de
solidaridad que, para poder abrirse a los de fuera, debe comenzar a
vivirse mucho más con los de dentro.
La recompensa última será
el mismo Dios, porque sólo así nuestra acción de gracias de hoy puede
serle agradable: Jesús nos advirtió: "Si al presentar tu ofrenda en
el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja
tu ofrenda ante el altar; ve a reconciliarte con tu hermano y sólo
entonces vuelve a presentar tu ofrenda" (Mateo, 5, 23-24)
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº
2328, del 1 de agosto de 2001
|