A LA POBLACIÓN DE ESQUEL
Palabras de Mons. Pedro Ronchino, obispo de Comodoro Rivadavia
15 de marzo de 2003
1.
Como Obispo del Chubut, cada uno de sus habitantes cuenta para mí. Es lo
que me pide la misión que se me ha confiado. En consecuencia todos y cada
uno de los habitantes de Esquel son para mí, objeto de solicitud y
preocupación.
Para ayudarme en esa responsabilidad, tengo un grupo
de laicos que forman la Comisión Diocesana “Justicia y Paz”, cuya misión
es, precisamente, la de buscar los caminos apropiados para que ambas,
puedan ser realidad en nuestra Provincia.
2. Con ellos hace tiempo venimos reflexionando sobre nuestra
sociedad actual. El hombre es un ser social por naturaleza: solamente
puede realizarse en comunicación con los otros.
Por lo tanto es no sólo importante sino imprescindible
que se mantengan y defiendan las condiciones que permitan esa
interrelación serena: son el clima en que personas y grupos, pueden
desarrollarse armónicamente: lo podemos llamar el bien común. Ese bien
común hace posibles los bienes sectoriales o particulares: éstos, para
poderse dar, deberán, entonces estar siempre subordinados a aquél.
Esta mutua adecuación del bien común con los bienes
particulares necesita un “estilo” de diálogo, de acercamiento respetuoso
de los unos a los otros: las riquezas de los particulares, entonces, se
tonifican y pueden potenciarse mucho más. Configuran lo que llamaríamos
una “sociedad sana”. Lo contrario: el enfrentamiento, la violencia, el
encerramiento en la individualidad personal o grupal, frenan posibilidades
y son camino a la disolución. Llegan a conformar una “sociedad enferma”.
3. Si mi preocupación, como Obispo, es por todos y cada uno de
los habitantes de Esquel, deseo su desarollo. Por lo tanto, proyectos que
aseguren trabajo y bienestar.
En estos momentos hay uno que suscita opuestas
apreciaciones en la sociedad: algunos ven en él una solución para
acrecentar el trabajo y el bienestar de la comunidad. Otros tienen motivos
para pensar en daños para el ambiente y la vida, no sólo en el presente,
sino también en el futuro. Para los primeros, los beneficios son mayores
que los costos sociales que entraña. Para los segundos los beneficios no
llegan a compensan los perjuicios que puede desencadenar.
4. En la búsqueda de esa “sociedad sana” que privilegia el bien
común, ayudado por los miembros de la Comisión “Justicia y Paz”,
comenzamos la redacción de una metodología de diálogo que permitiese
precisar objeciones, por una parte y respuestas, por otra, científicamente
fundadas: ese escrito fue sufriendo tres sucesivas redacciones hasta
lograr la aceptación de las partes interesadas: el Municipio de Esquel
como canalizador de las inquietudes de toda la comunidad y la Empresa
Minera El Desquite: ese diálogo es para nosotros una propuesta siempre
vigente, que aguarda el momento en que las condiciones sociales lo
permitan; también nos dirigimos por carta al Señor Gobernador del Chubut
solicitándole que la Comisión Provincial de Evaluación y Estudios del
Impacto ambiental transmitiese a la sociedad el trabajo que está
realizando para una debida información, dado que se ha convocado a una
consulta popular; escuchamos a profesionales de la sociedad de Esquel
comprometidos en el tema; hice otro tanto en la sede del Consejo
Profesional de Geólogos de la Argentina, en la ciudad de Buenos Aires con
geólogos, antropólogos, y asesores de las Naciones Unidas para los temas
mineros, que gentilmente accedieron a la invitación; tomé contacto con los
responsables de las “mesas de diálogo” promovido por el Departamento de
laicos de la Conferencia Episcopal Argentina, además de otras
informaciones que llegaron hasta nosotros de distintas partes.
5. De estos contactos técnicos quedó claro que, en el exterior
y sobre todo en nuestro País, el auge de la actividad minera provocó el
dictado de numerosas normas internacionales, nacionales y provinciales
para asegurar la correcta evaluación de los proyectos, tutelando la
sustentabilidad social de los emprendimientos.
6. Viniendo al caso que en estos momentos inquieta a la
comunidad de Esquel he llegado a una opinión fundada, es decir, con
documentación que la respalda. El procedimiento del análisis del impacto
ambiental realizado por el emprendedor tiene deficiencias de procedimiento
que sería prudente resolver. El informe de impacto ambiental, presentado a
la Dirección General de Minas y Geología de la Provincia, conforme a la
ley nacional 24585, fue presentado en el mes de octubre del 2002. En la
página 15 del resumen del Tomo II, que verifiqué, expresa que las
diferentes etapas del Diseño del proyecto finalizarán, según el
cronograma, en agosto y setiembre del 2003. Es decir, dentro de cinco o
seis meses. El análisis del impacto ambiental, entonces, no ha podido
tener todos los elementos necesarios que una completa correcta evaluación
requiere. Si esto fuera un proyecto menor, posiblemente no nos
preocuparíamos tanto...pero la magnitud del proyecto al afectar –positiva
o negativamente– el bienestar y la vida futura ambiental de nuestros
hijos, requiere, por lo menos, asegurar un análisis de impacto ambiental
completo, serio y responsable.
7. Por supuesto que, como Obispo, no entro en aspectos
técnicos. Pero como miembro responsable de la Iglesia Católica que tan
acertadamente definiera Paulo VI, “experta en humanidad” quiero presentar
una sugerencia que nos ayude a todos, en el contexto de una “sociedad
sana”, a encontrar un camino alternativo de solución pacífica y de acuerdo
a la ley. Las deficiencias anotadas deben ser resueltas por quienes tienen
la responsabilidad del poder de policía en este ámbito provincial. Este
pedido es a favor de todos. Mira al cumplimiento de cuanto la ley
prescribe. Entraña no poca valentía y sacrificio. Pero tiende a una
solución legal y justa. Es bien sabido que la paz es el fruto de la
justicia.
Esquel, 15 de marzo de 2003
Mons. Pedro Ronchino,
obispo de Comodoro Rivadavia |