EL AYUNO ACEPTO
AL SEÑOR
Mensaje de Mons. Pedro Ronchino, obispo de Comodoro Rivadavia,
para la Cuaresma 2003
Queridos
hermanos sacerdotes, consagrados y fieles del Chubut:
El 5 de marzo,
con el Miércoles de Ceniza, comenzamos la Cuaresma. El Papa Juan Pablo II
ha convocado, para ese día, no sólo a los fieles católicos sino también a
otros creyentes del mundo, a un ayuno, implorando de Dios la preservación
de la paz Respondamos todos efectivamente a este llamado
Pero no lo
reduzcamos a un acto casi meramente simbólico, sino hagamos de él una
ocasión para introducirnos en el corazón mismo de la historia humana que
Jesús , como lo prometió, sigue recorriendo con nosotros.
El ayuno se
expresa en la privación de algún alimento. Pero tiene un sentido más
profundo: renunciar a algo que podría apartarnos del Señor para unirnos
más profundamente a El. Limitarnos un poco a nosotros mismos para darle
más amplia cabida a Dios.
Resulta,
entonces, sumamente importante conocer qué es lo que nos puede separar de
Dios y por consiguiente cuál es el ayuno auténtico que El desea. Un pasaje
del profeta Isaías lo expresa en forma terminante: “Ayunan para entregarse
a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño”...” ¿a eso
llamas ayuno y día aceptable al Señor?”
Por lo tanto
es claro que el Miércoles de Ceniza con su ayuno y la cuaresma a la que
introduce, deben ser tiempos de reconciliación, de solidaridad, de
unión...
Si miramos la
realidad mundial y también la nuestra en particular, advertimos la
necesidad de un cambio profundo para superar tantos enfrentamientos,
odios, rencores, prepotencias, durezas y egoísmos. Entonces, desde el
miércoles de ceniza y durante toda la cuaresma no sólo estaremos
pidiéndole a Dios la paz: estaremos brindándole como ofrenda, la paz que
nosotros mismos podemos contribuir a acrecentar.
Será un modo
muy apropiado de vivir el lema de nuestro Plan de Renovación y
Evangelización Diocesana: “Tiempo de ser mejores”. Debemos ser mejores
vecinos, mejores ciudadanos, mejores profesionales, mejores obreros,
mejores padres o hijos, mejores estudiantes, mejores empleados, mejores
gobernantes... No hay otro modo de vivir auténticamente esta cuaresma. Me
invito a mí y los invito a cada uno de Ustedes precisamente en la
situación política, económica y social que estamos atravesando a vivir
este desafiante mensaje: ser mejores en la solidaridad y amistad social.
Cada parroquia
o comunidad, procure dar un especial relieve a la celebración de la
imposición de las cenizas, como apertura de este tiempo de cambio y
mejoramiento. Una celebración, tal vez a la hora de la cena a la cual se
renuncia pidiendo la paz, en el mundo, en nuestra Patria, en nuestra
Provincia. Al mismo tiempo sugiero la posibilidad de entregar, en esa
oportunidad, un sobre en el cual, a lo largo de la cuaresma, los que lo
deseen, puedan ir consignando sus compromisos como contribución a la paz.
Durante este
tiempo, por ejemplo en los días viernes, dar oportunidad , en la
presentación de las ofrendas, de ir entregando esos compromisos ,
tendientes a superar algún resentimiento no vencido, alguna enemistad aún
sangrante, algún perdón no ofrecido o no aceptado. A medida que esos
propósitos se conviertan en realidades, podrán ir reconstruyendo una
amistad social fruto de la vida nueva que nos ganó Jesús con su Pasión,
Muerte y Resurrección. Por eso, esos compromisos, en la vigilia pascual
podrían incluso colaborar a encender el fuego nuevo que pregona el triunfo
del Amor del que el Redentor nos hace partícipes.
Con Juan Pablo II, entonces, con todos los creyentes del mundo que acepten
su invitación, el próximo miércoles de ceniza, con nuestro ayuno material
y dándole su pleno sentido, ofrezcamos a Dios el homenaje de una
reconciliación que nos cueste. Entonces sí, de verdad, habremos hecho de
esta cuaresma, un “tiempo de ser mejores”.
Me encomiendo
en la oración de Ustedes y me profeso afectísimo Padre, Hermano y Amigo en
el Corazón de María Santísima
Comodoro Rivadavia, 27 de febrero de 2003.
Mons. Pedro Ronchino,
obispo
de Comodoro Rivadavia |