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MENSAJE
DE NAVIDAD
Mensaje del obispo de Comodoro Rivadavia, monseñor Pedro Ronchino,
para la Navidad de 2003 - 25 de diciembre de 2003
Queridos fieles y habitantes de buena voluntad del Chubut:
Navidad llama al festejo, también a la reflexión. Más allá de la confesión
religiosa de cada uno, trae un mensaje que nos interpela a todos.
Los que compartimos la
fe cristiana, lo identificamos inmediatamente: “Tanto amó Dios al mundo
que envió a su Hijo para salvarlo”. Sucedió hace más de veinte siglos,
pero en esta Navidad del 2003 Dios sigue ofreciéndonos la salvación en
este Hijo suyo, infinitamente poderoso, increíblemente tierno.
¿Salvarnos de qué? De
nuestros males. ¡Son tantos y tan diversos!... Pero, más allá de su
descripción, si nos preguntamos por sus raíces, hallamos una profunda, muy
importante: la pérdida de los valores. Pío XII había dicho hace mucho: “Se
ha perdido el sentido del pecado”. Es evidente en el orden mundial y
también en nuestra Patria. La misma canción ciudadana había ya afirmado en
forma tajante: “Todo es igual”.
Navidad fue el comienzo
de la acción salvadora de Jesús que nos iba a permitir vivir la escala de
los auténticos valores, expresados en su Ley, estupendo regalo de su amor
por nosotros. Como cabeza de la nueva humanidad, la aceptó y nos
transmitió la felicidad de poder vivir la Voluntad y la misma Vida de
Dios. Por eso Navidad es alegría anticipada de salvación.
Pero señala también el
ámbito ideal en el cual vivir esos valores. Jesús comenzó su misión
salvadora en una familia sencilla, en la cual fue aprendiendo, como
hombre, a vivirlos. María y José, en contextos distintos, pero en la misma
sumisión a Dios, fueron sus guías. Por eso Navidad es también una alegría
familiar: allí se aprenden los valores auténticos.
Frente, entonces, a la
tentación del desaliento ante los muchos males que nos perturban, invito a
todos a recibir en la Navidad este mensaje tierno y consolador a la vez.
Es posible no sucumbir ante tanto mal y vivir los valores auténticos. Esos
valores se aprenden y transmiten en la familia. No tendremos nunca ni un
mundo ni un País mejor, si no robustecemos esta institución insustituible
para una sociedad digna, armónica y feliz. Una familia estable no es fácil
construirla, tampoco es una obra terminada de una vez para siempre; pero
ese mismo esfuerzo de constante superación es forja y escuela de la
sociedad feliz que anhelamos.
Es el deseo y la
oración que elevaré al Señor, en la Nochebuena: que no se ahorren
esfuerzos para ir robusteciendo y consolidando los vínculos de nuestras
familias. Que se puedan restañar las heridas que las debilitan. Que los
jóvenes sepan valorar y apreciar la estupenda belleza de una familia
sólida y estable. Comprendan que las uniones informales y frágiles
terminan por dañar a todos , especialmente a los hijos. Que no se dejen
llevar por modelos ajenos al plan amoroso de Dios que en la unión estable
de una mujer y de un varón hizo de la familia un modo estupendo de
participar de su eterno amor y de transmitirlo a los demás.
Que Navidad nos haga
vivir plenamente este gozo. Que no sólo nos congregue frente a una mesa
para compartir la comida, sino, principalmente, nos permita ir
construyendo y restaurando cada día el amor, único camino para la
felicidad del hombre. Son los deseos de este siempre afmo. servidor y
amigo
Mons. Pedro Ronchino,
obispo
de Comodoro Rivadavia |