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“YO HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS"


Mensaje de Mons. Pedro Ronchino, obispo de Comodoro Rivadavia
para la Pascua
(20 de abril de 2003)


Queridos fieles: sacerdotes, consagrados y laicos:

¡Feliz Pascua! Pero este deseo no quiere ser  una mera fórmula estereotipada, sino la expresión de todo el sentido profundo que implica.


Resucitó “verdaderamente”
:

El Nuevo Testamento destaca con fuerza la veracidad de la resurrección de Jesús, no escondiendo la resistencia de los primeros discípulos, al punto de no rendirse sino ante la evidencia reiterada de los hechos (Lucas 24,34). Incluso San Pablo llega a afirmar que, de no ser real la resurrección de Jesús, toda la fe sería vana (I Corintios 15,14).

No se trata de un mero fundamento histórico: es el contundente testimonio de que, tras la muerte, el fracaso, el desaliento, una nueva realidad comenzó.


Si han resucitado con Cristo
...(Col. 3,1)

Si la resurrección fuera exclusiva de Cristo, ya sería extraordinariamente importante. Pero es mucho más: El nos arrastra tras de Sí haciéndonos partícipes de su nueva vida. Desearnos Feliz Pascua, es, entonces, asegurarnos que tenemos esta apasionante posibilidad de superar nuestras debilidades, nuestras faltas...


Yo hago nuevas todas las cosas
(Apoc.21,5)

Al comenzar la cuaresma había invitado a formular un compromiso de cambio para , no sólo pedir la paz a Dios, sino también irla construyendo en nuestra vida de cada día. Con la resurrección de la que Jesús nos hace partícipes en la Iglesia, recibimos la fuerza para que, de compromiso, se pueda ir convirtiendo en realidad.

Nuestra voluntad de cambio (“el ayuno acepto al Señor”) en la bendición de la Vigilia Pascual, por la gracia de Dios, se convierte en alimento del fuego nuevo. En el signo y en la realidad, nuestras debilidades son transformadas por la nueva vida del Resucitado.


A este Jesús, Dios lo resucitó y todos nosotros somos testigos
(Hechos 2,32)

Pedro, que dijo esta frase ante la multitud reunida en Pentecostés, no sólo afirmaba que Jesús había surgido a una vida nueva con sus palabras, sino que lo corroboraba en su persona, hoy valiente, superando su pasado de triple traidor con juramento. La vida nueva de Jesús era su nueva vida.

Estamos viviendo momentos dramáticos en el mundo y también en nuestra Patria. Como cristianos, seamos testigos de esa nueva vida. Conformamos una sociedad que debe cambiar. Tenemos la posibilidad de aportar, con el voto, a la elección de quienes creemos pueden ser, dentro de los candidatos que se presentan, los  más aptos pilotos para el viraje tan fuerte hacia los valores auténticos que nuestra Patria está reclamando a gritos: los gobernantes que la nueva Argentina necesita. Desde nuestra situación concreta seamos, con los hechos más que con las palabras, los ciudadanos nuevos que contra la corrupción sean sal; contra la oscuridad, luz; contra la chatura, fermento.

María fue quien le dio a Jesús el cuerpo  que un día surgió triunfante. También nuestra Patria está necesitando la resurrección a la cual acabo de aludir. Que  nuestra oración a la Madre de Jesús, pueda obtener que sea también Ella, la forjadora de una Patria de resucitados.

Afmo. Padre, Hermano y Amigo de cada uno de Ustedes


Mons. Pedro Ronchino
, obispo de Comodoro Rivadavia



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