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9 DE JULIO DE 2004


Homilía de monseñor Pedro Luis Ronchino SDB, obispo de Comodoro Rivadavia en el tedéum del 9 de julio de 2004


El hecho de que el Hijo de Dios se haya encarnado nos permite llegar con más cercanía, a través de lo visible, a la esfera de lo invisible. No por nada Jesús se proclamó no sólo Verdad y Vida, sino también Camino para alcanzarlas.

El pasaje evangélico que hoy acabamos de proclamar, es particularmente expresivo. El ciego de Jericó tenía una percepción de lo que se desarrollaba a su alrededor, pero desarticulada. Estaba inmerso en su acontecer, pero no llegaba a comprenderlo. Todo eran voces, movimientos, apretujones que lo comprimían, pero no captaba el sentido de ese acontecer. Por eso tuvo que preguntar qué era lo que sucedía. No era suficiente estar en la historia y hasta vivirla: advertía que era indispensable comprenderla, entender su verdadero y profundo sentido. Eso se lo permitió la bondad de Jesús, que le devolvió la vista.

En esta fecha patria, que vendría a ser nuestro cumpleaños como sociedad independiente y en un momento tan solemne como el de la acción de gracias comunitaria a Dios por todo lo vivido a lo largo de estos 188 años, no está fuera de lugar, entonces, que nos preguntemos también nosotros si simplemente estamos llevados por los hechos o si somos capaces de abrir los ojos de nuestro espíritu y ver, en su dimensión plena, nuestra realidad actual y su proyección en el futuro. El relato de los milagros de Jesús, a menudo comienza por señalar que Jesús vio la situación : vio a la viuda de Naím y se conmovió; vio la tumba de Lázaro y lloró; vio a la multitud que lo seguía y sintió compasión de ella...

Hoy también Dios nos invita a ver lo que realmente estamos viviendo: ¿vemos el mejoramiento de la sensibilidad social expresada en la curva ascendente de los comprometidos en acciones solidarias? ¿vemos el auge de los jóvenes y profesionales entre las organizaciones que se van brindando por los más necesitados? ¿vemos la paciencia de tantos que saben cumplir en paz y perseverancia su trabajo, incluso a veces precario? ¿Tenemos ante nuestros ojos a los que procuran capacitarse? ¿ A los que con esfuerzo cursan una carrera universitaria sumándola a su horario cotidiano en el empleo? ¿Vemos el surgir de organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro que, en número creciente, desde distintos ángulos van cualificando nuestra convivencia social? ¿ Vemos el avance del diálogo serio en donde las diferencias se complementan en lugar de contraponerse? Cuántas miradas más podríamos dar que nos alientan y estimulan. Esto es, no cabe duda, parte de nuestra historia actual y, a fuer de sinceros, la esperanza de la Argentina que deseamos y necesitamos..

Pero al mismo tiempo ¿no son ceguera las ambiciones personales o sectoriales que pueden llegar hasta instrumentalizar el bien común en aras de ventajas particulares? ¿Vemos con claridad y prospectiva el peligroso auge de una violencia que, evidentemente, exige una respuesta conjunta, pero organizada de toda la sociedad? ¿llegamos a advertir la grave distorsión que implica el hacer de reales necesidades de muchos, instrumento de extorsión arbitraria y sistemática, con clara pretensión de Poder? ¿Podemos quedar tranquilos cuando la edad de auténticos delincuentes ha ido descendiendo en forma tan alarmante? La drogadicción, una plaga tan peligrosa para el futuro de nuestra sociedad, ¿podría avanzar tanto sin la complicidad directa o indirecta de muchos? ¿Advertimos el peligroso deslizamiento cultural de ir acostumbrando a sustituir con gratuitas retribuciones momentáneas la alegría y dignidad de ganarse el pan con el esfuerzo del trabajo? ¿Vemos a la madrugada de sábados y domingos, la salida de los locales bailables, de tantos jóvenes e incluso adolescentes a quienes se les ha tronchado la ilusión por ideales auténticos y la misma dignidad humana, para convertirlos en peones de un diabólico ajedrez comercial? El creciente número de hijos huérfanos con padres vivos ¿nos sacude ante el previsible futuro social de frustrados que no supieron lo que es un afecto auténtico? ¿llegamos a percibir lo traumático de ver a nuestro País en tan baja posición mundial en la tabla de los Países confiables?

Si no nos dejamos curar por el Señor, de estas auténticas cegueras, no podremos llegar a saltar de alegría, como el ciego de Jericó curado por Jesús como hemos proclamado hace poco. Necesitamos una iluminación especial para poder llegar a ser la Argentina que deseamos y necesitamos. Caminamos una historia que nos lleva, pero en la cual debemos comportarnos como personas libres y responsables. (hoy, precisamente, recordamos 188 años de independencia). Debemos preguntarnos no sólo qué es lo que realmente está sucediendo, sino, sobre todo, por qué nos está sucediendo. La Iglesia no cesa de repetirnos que nuestra crisis (dentro de la del mundo contemporáneo) es, en el fondo, una crisis de valores auténticos. El autor de la canción ciudadana, (lamentablemente tan profética), lo sintetizó en forma apodíctica: “todo es igual”. Lo que vale y lo que no vale, están en el mismo nivel: no hay bien ni mal, todo, sencillamente, sucede.

Hemos comenzado esta celebración pidiendo a Dios perdón por nuestras faltas. Dios siempre perdona, pero al mismo tiempo nos pide que asumamos el compromiso de enderezar nuestro rumbo. Por eso, en nombre de todos los que nos gloriamos de sentirnos amparados por los pliegues de la celeste y blanca, me permito dirigirme a Dios, Fuente de toda razón y justicia, para expresarle sinceramente: (los invito a acompañarme en esta plegaria poniéndonos de pie).

Señor Dios, Padre Bueno: tu Ley es una extraordinaria muestra de tu amor. Siguiéndola seremos felices. Hoy, al agradecer todos tus beneficios, especialmente los concedidos a nuestra Patria Argentina en estos 188 años, queremos agradecerte los consoladores ejemplos de nuestra comunidad que ponen de manifiesto lo hermoso que es una sociedad que hace de tu Ley el Norte de sus pasos; pero no podemos dejar de reconocer, al mismo tiempo, que muchas veces nos hemos apartado de esa Ley. También para nosotros, entonces, es válida tu amarga reprensión transmitida por el profeta Jeremías :”Mi pueblo ha cometido dos maldades: me abandonaron a Mí la fuente de agua viva, para cavarse cisternas, cisternas agrietadas, que no retienen agua” (Jeremías 2,13). Este desea ser hoy nuestro compromiso comunitario. Que el cumplimiento de tu Ley, sea cada vez más, como personas y como sociedad, el Norte de nuestros pasos. Por lo demás nos estimula el recordar que grandes próceres de nuestra Patria, fueron también ejemplo en esto: en honrarte y servirte en la vivencia de los más altos valores, desechando deleznables halagos pasajeros. El nuestro, es, entonces, un doble desafío: ser dignos hijos tuyos y, al mismo tiempo, dignos continuadores de prohombres que nos dieron una Patria grande y digna. Hoy queremos reafirmar contigo una auténtica alianza: por lo que siempre fuiste para los que corresponden a tu amor; por lo que somos, pero sobre todo por lo que deseamos ser, Señor, queremos aceptarte y seguirte: sólo en Ti podremos gozar de felicidad verdadera. Hacemos explícita la opción de nuestros constituyentes nacional: Tú y sólo Tú eres la fuente de toda razón y justicia.

Que así sea.


Mons. Pedro Ronchino
SDB, obispo de Comodoro Rivadavia



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