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“CUANDO
YO SEA LEVANTADO EN ALTO SOBRE LA TIERRA, ATRAERÉ A TODOS HACIA MI”
Mensaje de Mons. Pedro Ronchino, obispo de Comodoro Rivadavia
para la Pascua
2004
Queridos sacerdotes, consagrados y fieles laicos:
Sabemos
que la Pascua, como toda la liturgia, no es sólo un recuerdo del pasado,
sino vivencia actual del misterio que se celebra. Por lo tanto, la
resurrección de Jesús es mucho más que historia. Jesús, hoy, nos hace
partícipes, si lo sabemos recibir, de la vida nueva que nos conquistó a
tan caro precio: su muerte.
Por lo
tanto, la noche del 10 de abril y el domingo 11, podremos llegar a ser,
con Jesús, hombres nuevos. Y no por un esfuerzo nuestro, sino gracias a su
sacrificio. ¡Es realmente hermoso! Nuestra historia no es una monótona
repetición de los mismos pecados: hay una fuerza que periódicamente nos
puede elevar a un nivel de vida mejor.
Y
permítanme que destaque uno de los aspectos de esa vida mejor que nos
conquistó Jesús. El mismo lo anticipó en la frase que pronunció antes de
su sacrificio y que encabeza este mensaje: levantado en alto, en la cruz,
El iba a ser capaz de atraernos, es decir de reunirnos, de superar los
odios, los enfrentamientos, las proscripciones, los egoísmos.
El mismo
evangelista San Juan que refiere ese anuncio de Jesús, es el que
interpretó, en un sentido propio, una frase de Caifás: “profetizó, como
Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación y no solamente por la
nación sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que
estaban dispersos” (Juan 11, 51-52).
Mis
queridos hermanos: vivir como resucitados es vivir un esfuerzo constante
por unirnos, por complementarnos, por evitar las distancias y la
disgregación. Nuestra diócesis está firmemente empeñada, en este año, en
ir preparando la “Semana de la fraternidad”, que ayudará a conformar
grupos familiares que se reunirán fraternalmente para dejarse renovar en
la escuela de la Palabra de Dios. Los invito a todos a responder con
entusiasmo, a esta convocatoria tan actual.
En
efecto: el mundo y en él nuestra Patria, corren el riesgo de ser víctimas
de enfrentamientos que no son sino una forma de odio. Cada uno, impulsado
por la fe, en la verdad y en la caridad, -como nos pide San Pablo (Efesios
4,15)-, sea en su familia, en su barrio, en su escuela, en su profesión,
en su trabajo, en su responsabilidad profesional, en su compromiso de
gobierno, constructor de solidaridad y de comprensión...No necesariamente
(¡por fortuna!) somos todos iguales, pero, como recuerda San Pablo, cada
uno, desde su peculiaridad, debe ayudar a formar un cuerpo social rico y
armónico.
Lo vemos
en los Apóstoles: antes de la resurrección estaban divididos por celos y
ambición de poder: después de la resurrección, en cambio, como hombres
nuevos, estaban siempre unidos, bajo la autoridad de Pedro, obrando en
armonía: cuando se hizo presente el Espíritu Santo “estaban íntimamente
unidos...en compañía de María la Madre de Jesús”(Hechos 1,14).
Esto nos
es fácil: pero es la única manera de vivir un cristianismo auténtico. De
corazón se lo deseo a cada uno, a cada familia, a cada comunidad, a todos,
sin distinción.
¡FELICES
PASCUAS, UNIDOS COMO HERMANOS, POR JESÚS RESUCITADO!
Créanme
siempre afmo. Padre, Hermano y Amigo de cada uno de Ustedes
Mons. Pedro Ronchino,
obispo
de Comodoro Rivadavia |