Como siempre que
escuchamos en el evangelio la palabra de Jesús, tenemos que reconocer –y
también en esta oportunidad–, que hermosa enseñanza que nos deja el señor.
Enseñanza dirigida a todos sus discípulos, a todos nosotros, especialmente
a los que estamos constituyendo una autoridad. Dice que "el que quiere ser
el primero, que se haga el último, el que quiere ser jefe que se haga
servidor. Entre ustedes no tienen que ser así, el dominio de unos sobre
otros. Sino por el contrario el servicio de unos a otros". Este es el
desafío que Jesús nos deja.
Dicho en otras palabras
por otra persona, un político argentino haciendo un análisis de la
historia de libertad en la vida de los pueblos decía "la historia nos
muestra que siempre en todas las circunstancias de la historia política de
la humanidad han habido esclavos y señores y nosotros lo que pretendemos
es que los que mandamos seamos esclavos para servir a la comunidad".
Creo que podemos tomar
las palabras de Jesús traducidas a la terminología sociológica política
para encontrar un desafió que nos invita a transformar nuestra vida
social, comunitaria y política.
Falta poco para que
nuestra patria cumpla 200 años.
A 5 años de la
celebración del bicentenario nos convoca a tener una mirada muy especial
de nuestra patria. Que estos 200 años nos encuentren trabajando para
construir la argentina que nuestros padres y nuestros mayores decidieron
como soñaron hace 195 años. Construir una argentina heredera de aquellos
hombres que dieron comienzo a nuestra historia.
Y si miramos la
argentina de hoy nos encontramos con muchos desafíos que debemos
enfrentar.
Yo quisiera hacer
referencia a uno de ellos: la corrupción. Que se va presentando en tantos
niveles y de tantas maneras.
Al comienzo, cuando
comenzamos a hablar de esto, hace años, se veía como una cosa lejana que
tenía que ver con 4 o 5 personas allá lejos.
Hoy nos encontramos con
que esta muy cerca nuestro. Que esta quizá dentro de nuestro corazón,
aunque no nos hayamos dado cuenta (se refirió a las noticias de documentos
falsos). Que se suman a tantos hechos de corrupción que corroen el ser y
la querida patria.
El desafió de construir
algo que sea capaz de purificar el organismo de nuestra patria de una
manera muy clara y muy eficaz, para que estas cosas desaparezcan de entre
nosotros, para que estas cosas no vuelvan a repetirse.
Ahora, al menos están
apareciendo, al menos nos damos cuenta, al menos podemos hacer un
diagnostico poco a poco de esta enfermedad que corroe el organismo de la
comunidad.
El desafió es pensar,
como es posible prevenir estas cosas, como es posible controlar nuestra
propia vida, la vida de nuestra comunidad. Como es posible crear
instituciones que sean capaces de ejercer un control verdadero, efectivo,
muy claro, acerca de que es lo que sucede entre nosotros.
Hay instituciones que
han perdido su fuerza, la capacidad de ejercer su control, el control
social. Control que por supuesto en primer lugar esta en manos del estado,
pero que también esta en manos de toda la comunidad.
Todas las instituciones
sociales tienen el derecho y el deber de colaborar, de purificar el
corazón de nuestra patria.
Es una tarea larga,
difícil. Es una tarea que nos va a obligar a remar contra la corriente,
porque la corriente de los últimos años en nuestra patria, ha sido el
esfuerzo por desmantelar y desarticular las instituciones de control
social. Así hemos llegado también a que no solo las instituciones
políticas y las grandes instituciones sociales, sino en las pequeñas
instituciones.
Y aquí es más difícil
tener criterios sociales que nos permitan diferenciar el bien del mal. Y
cuando esta dificultad para diferenciar lo que nos hace bien de los que
nos hace mal, llega a nuestra familia, entonces tenemos que comenzar a
preocuparnos seriamente.
El desconcierto social
que alcanza a todas las instituciones, es un desafió que nos obliga a
ponernos de pie como comunidad, nos obliga a volver a buscar consensos
sociales profundos que nos permitan tener claridad acerca de lo bueno y lo
malo de nuestra vida comunitaria.
Creo que si pensamos el
bicentenario de mayo dentro de 5 años, nos desafía a llegar trabajando por
construir de nuevo mecanismos de purificación y control de nuestra vida
social.
Esto es posible hacerlo
especialmente en estos pequeños espacios de vida social y política que
tenemos al alcance de la mano.
Nuestra casa, comunidad
eclesial -porque no-, nuestra escuela, nuestro municipio, las
instituciones que tal vez nosotros mismos hayamos creado en nuestra
ciudad, tienen que ser los laboratorios donde nosotros generemos estas
nuevas instituciones que nos permitan volver a ser dueños de nuestro
destino.
Que nos permitan poder
decidir hacia donde queremos caminar, como queremos caminar, que queremos
construir, que es lo que nos hace bien y que es lo que nos hace mal.
La patria espera de
nosotros este compromiso, construido aquí, en esta casa. Este compromiso
construido primero aquí en nuestro corazón, que es el hogar, el fuego que
alimenta nuestra casa.
Y cuando nos
encontremos con desafíos más profundos de nuestra vida social y
comunitaria, que a veces pensamos que es muy difícil caminar en esta
dirección, a veces pensamos que no lo vamos a lograr.
Sin embargo, el señor
Jesús nos invita a descubrir hoy que su presencia, su fuerza, su
sabiduría, están con nosotros.
En señor nos invita a
descubrir que con la gracia de dios todo es posible. El señor nos invita a
tener esperanza, a comprometernos. Nos invita a comprometer nuestra mente
y nuestro corazón en una tarea que nos permita encontrarnos unos con otros
en la misma lucha.
Para construir esta
argentina grande, sabia, hermosa que todos queremos.
Que el señor nos
conceda esta gracia.