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25 DE MAYO


Homilía de monseñor Armando José María Rossi, obispo de Concepción
en el Tedéum del 25 de Mayo de 2005


Como siempre que escuchamos en el evangelio la palabra de Jesús, tenemos que reconocer –y también en esta oportunidad–, que hermosa enseñanza que nos deja el señor. Enseñanza dirigida a todos sus discípulos, a todos nosotros, especialmente a los que estamos constituyendo una autoridad. Dice que "el que quiere ser el primero, que se haga el último, el que quiere ser jefe que se haga servidor. Entre ustedes no tienen que ser así, el dominio de unos sobre otros. Sino por el contrario el servicio de unos a otros". Este es el desafío que Jesús nos deja.

Dicho en otras palabras por otra persona, un político argentino haciendo un análisis de la historia de libertad en la vida de los pueblos decía "la historia nos muestra que siempre en todas las circunstancias de la historia política de la humanidad han habido esclavos y señores y  nosotros lo que pretendemos es que los que mandamos seamos esclavos  para servir a la comunidad".

Creo que podemos tomar las palabras de Jesús traducidas a la terminología sociológica política para encontrar un desafió que nos invita a transformar nuestra vida social, comunitaria y política.

Falta poco para que nuestra patria cumpla 200 años.

A 5 años de la celebración del bicentenario nos convoca a tener una mirada muy especial de nuestra patria. Que estos 200 años nos encuentren trabajando para construir la argentina que nuestros padres y nuestros mayores decidieron como soñaron hace 195 años. Construir una argentina heredera de aquellos hombres que dieron comienzo a nuestra historia.

Y si miramos la argentina de hoy nos encontramos con muchos desafíos que debemos enfrentar.

Yo quisiera hacer referencia a uno de ellos: la corrupción. Que se va presentando en tantos niveles y de tantas maneras.

Al comienzo, cuando comenzamos a hablar de esto, hace años, se veía como una cosa lejana que tenía que ver con 4  o  5 personas allá lejos.

Hoy nos encontramos con que esta muy cerca nuestro. Que esta quizá dentro de nuestro corazón, aunque no nos hayamos dado cuenta (se refirió a las noticias de documentos falsos). Que se suman a tantos hechos de corrupción que corroen el ser y la querida patria.

El desafió de construir algo que sea capaz de purificar el organismo de nuestra patria de una manera muy clara y muy eficaz, para que estas cosas desaparezcan de entre nosotros, para que estas cosas no vuelvan a repetirse.

Ahora, al menos están apareciendo, al menos nos damos cuenta, al menos podemos hacer un diagnostico poco a poco de esta enfermedad que corroe el organismo de la comunidad.

El desafió es pensar, como es posible prevenir estas cosas, como es posible controlar nuestra propia vida, la vida de nuestra comunidad. Como es posible crear instituciones que sean capaces de ejercer un control verdadero, efectivo, muy claro, acerca de que es lo que sucede entre nosotros.

Hay instituciones que han perdido su fuerza, la capacidad de ejercer su control, el control social. Control que por supuesto en primer lugar esta en manos del estado, pero que también esta en manos de toda la comunidad.

Todas las instituciones sociales tienen el derecho y el deber de colaborar, de purificar el corazón de nuestra patria.

Es una tarea larga, difícil. Es una tarea que nos va a obligar a remar contra la corriente, porque la corriente de los últimos años en nuestra patria, ha sido el esfuerzo por desmantelar y desarticular las instituciones de control social. Así hemos llegado también a que no solo las instituciones políticas y las grandes instituciones sociales, sino en las pequeñas instituciones.

Y aquí es más difícil tener criterios sociales que nos permitan diferenciar el bien del mal. Y cuando esta dificultad para diferenciar lo que nos hace bien de los que nos hace mal, llega a nuestra familia, entonces tenemos que comenzar a preocuparnos seriamente.

El desconcierto social que alcanza a todas las instituciones, es un desafió que nos obliga a ponernos de pie como comunidad, nos obliga a volver a buscar consensos sociales profundos que nos permitan tener claridad acerca de lo bueno y lo malo de nuestra vida comunitaria.

Creo que si pensamos el bicentenario de mayo dentro de 5 años, nos desafía a llegar trabajando por construir de nuevo mecanismos de purificación y control de nuestra vida social.

Esto es posible hacerlo especialmente en estos pequeños espacios de vida social y política que tenemos al alcance de la mano.

Nuestra casa, comunidad eclesial -porque no-, nuestra escuela, nuestro municipio, las instituciones que tal vez nosotros mismos hayamos creado en nuestra ciudad, tienen que ser los laboratorios donde nosotros generemos estas nuevas instituciones que nos permitan volver a ser dueños de nuestro destino.

Que nos permitan poder decidir hacia donde queremos caminar, como queremos caminar, que queremos construir, que es lo que nos hace bien y que es lo que nos hace mal.

La patria espera de nosotros este compromiso, construido aquí, en esta casa. Este compromiso construido primero aquí en nuestro corazón, que es el hogar, el fuego que alimenta nuestra casa.

Y cuando nos encontremos con desafíos más profundos de nuestra vida social y comunitaria, que a veces pensamos que es muy difícil caminar en esta dirección, a veces pensamos que no lo vamos a lograr.

Sin embargo, el señor Jesús nos invita a descubrir hoy que su presencia, su fuerza, su sabiduría, están con nosotros.

En señor nos invita a descubrir que con la gracia de dios todo es posible. El señor nos invita a tener esperanza, a comprometernos. Nos invita a comprometer nuestra mente y nuestro corazón en una tarea que nos permita encontrarnos unos con otros en la misma lucha.

Para construir esta argentina grande, sabia, hermosa que todos queremos.

Que el señor nos conceda esta gracia.


Mons. José María Rossi, obispo de Concepción



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