Es
el Sacramento de la Unidad.
A la Eucaristía la
llamamos también COMUNIÓN. Esta palabra siempre nos llena de alegría.
Es una palabra con
mucho sentido. Sabemos qué es la unión y qué es la desunión.
Sabemos cuánto gozo hay
en en la unión y cuánta tristeza en la desunión.
Lo sabemos a nivel
familiar y a nivel vecinal por ejemplo. A veces nos peleamos con el vecino
por una simple bolsa de residuos que dejamos en la vereda. Y permanecemos
peleados durante años.
La desunión no nos deja
encontrar la felicidad. Podemos decir que la unidad y la felicidad son
casi sinónimos.
En la ciudad, en la
provincia, en el país en el mundo vemos que las historias de desuniones
nos llenan de tristeza.
En cambio la amistad,
la bondad compartida, la solidaridad nos llenan el corazón de felicidad.
La historia de la
humanidad es también la historia de los enfrentamientos.
Es
tan importante para nosotros la unidad que Jesús no podía estar ausente y
en el Sacramento de la comunión está presente.
En la Biblia, San Pablo
nos habla del Sacramento Grande cuando dice que hay un solo pan, nosotros
aunque seamos muchos formamos un solo cuerpo.
La Biblia nos enseña
que somos un solo cuerpo porque comemos de un solo pan.
San Pablo dice
particularmente de este único pan, que nos hace un solo cuerpo unido en el
mismo ser que es la Iglesia del Pueblo de Dios.
Así este pueblo se
convierte en signo de unidad para todo el mundo.
Nosotros somos
convocados para ser testimonios vivos de la unidad para el mundo. Por eso
necesitamos sanar el corazón y construir esa unidad.
Tenemos que reconciliar nuestro corazón con el corazón del hermano.
Es difícil sanar las
heridas, Romper se rompe en un instante, pero sanar cuesta.
Nos confiamos en la
Fuerza y en el Poder de Jesús testimoniando que deseamos la unidad.
Queremos estar unidos
como Iglesia.
Paseamos la Eucaristía por las calles de la ciudad para que seamos
testimonio de unidad humana.
Así como salimos a la calle con Jesús, El quiere que nuestra familia,
nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra provincia, nuestro país, esté
unido.
Es posible vivir
unidos. No es un designio el desencuentro. Por el contrario Dios que está
en medio de nosotros, su poder nos hace ser un solo cuerpo.
Hoy pidamos al Señor
que su presencia nos convierta y sane las heridas de nuestro corazón.
El Papa Juan Pablo II,
en los últimos 5 años habló permanentemente de unión. Nuestra casa,
nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país tienen que
ser CASA Y ESCUELA
DE COMUNIÓN.
QUE EL SEÑOR nos haga este gran regalo.