El gran Obispo de Mercedes, llamado apóstol infatigable de la Virgen
de Luján, Mons. Anunciado Serafini, promovió con todas sus fuerzas el
culto a la Madre de Dios, venerada en este Santuario, que es ?alma del
pueblo argentino. Y fue él quien, ya desde los primeros años de su
episcopado en Mercedes, más concretamente en el año 1944 (aunque fue
Obispo de esta sede desde 1939) tuvo la iniciativa de fundar la
peregrinación de los gauchos a Luján, dándole incluso un capellán
estable de entre los sacerdotes de esta diócesis. Les traigo a todos
los afectuosos saludos del Arzobispo Mons. Rubén Di Monte, quien hoy
no ha podido hacerse presente entre nosotros, pero saben ustedes
cuánto los quiere y aprecia.
Esta es
la sexagésima peregrinación gaucha. Hace pues sesenta años que los
gauchos de todos los rincones de nuestro país vienen a venerar a la
Madre de la Argentina, a hacerle sus peticiones, a darle gracias, y a
través de su intercesión, de presentar la oración confiada a Jesús,
verdadero Dios y verdadero Hombre, el Hijo de María. Ya desde ayer,
sábado, los hombres, mujeres y niños de a caballo estuvieron llegando
a las inmediaciones del Santuario, y según las autoridades competentes
son cerca de cinco mil los que han venido a visitar a la Virgen. Me
impresiona gratamente verlos montados sobre sus caballos, haciendo
como una guardia de honor en torno de este altar de campaña, en la
avenida de Nuestra Señora de Luján. Desde aquí, terminada la misa,
saldrán en desfile al Santuario de la Virgen de Luján.
Ustedes,
queridos hermanos gauchos, junto con la Fe que los moviliza, traen un
patrimonio muy importante: los valores de la familia, la amistad, la
solidaridad. Me gustaría hacer referencia concreta, por lo menos de
ésta última, porque me parece fundamental para la construcción de la
sociedad, a la que todos estamos llamados.
En primer
lugar, digamos que la solidaridad indica una ?sintonía?. Sintonía
quiere decir ponerse a tono, sintonizar, estar en relación
comprometida, responsable y fraterna. La solidaridad es una sintonía
comprometida respecto a la realidad de los demás hermanos, de la
sociedad como conjunto organizado de seres humanos, y significa
también sintonía respecto de los otros pueblos de la tierra, sin
exclusiones ni marginaciones. La solidaridad es una actitud del
corazón que parte de la misma naturaleza de la persona humana y de la
sociedad. Por eso tiene connotaciones y consecuencias morales,
sociales y políticas, tanto en el nivel local nacional como
internacional. Necesitamos la solidaridad, que procede de la justicia,
para vivir en buena convivencia, en común unión, en paz. Es como una
alianza o pacto de amo r que hacemos en nuestra sociedad. Si no existe
la solidaridad, la coexistencia se quebranta.
Porque,
queridos hermanos gauchos peregrinos, el ser humano, como persona y
miembro de la comunidad humana, ha sido creado ?a imagen de Dios?,
como lo dice la Biblia en el libro del Génesis (1,26). Y toda la
humanidad está marcada por esta imagen y por la Alianza o pacto de
amor. En el concepto cristiano, que es el nuestro, el contenido de la
solidaridad tiene que ver con valores que ustedes ya traen como
connaturalmente: la comunión y la familia. Comunión significa una
común unión y una común misión. Esa misión es vivir el mandato del
amor, el cual, aunque no seamos directamente conscientes de ello, es
la expresión de la vida trinitaria, es decir, de la Trinidad de Dios
Amor y que no puede quedarse en lo abstracto, sino que se traduce en
relaciones humanas de ayuda recíproca, de saber compartir, no sólo l
os bienes materiales (aunque también, es claro), sino asimismo los
bienes del afecto, los de la amistad.
Ordinariamente la solidaridad tiene como consecuencia y expresión el
hecho de compartir los bienes, como lo dice el libro de los Hechos de
los Apóstoles (2,42-44; 4,32). Esta comunión se fundamenta en el Amor
el mismo Dios (cf. 1 Jn 4). Ustedes tienen en sus costumbres el
compartir: se comparte una comida, se comparte el tradicional mate, se
comparte la amistad? Son signos valiosos de solidaridad. Compartimos
sobre todo en la familia. Y qué mejor expresión de ese amor que la
familia. Quiera Dios hacernos a todos, en una común unión, familia
suya.
Desde
esta Luján de la Fe, los bendigo y pido que la Virgen lleve de su mano
todas las intenciones de ustedes, de sus familias, al Corazón de
Jesús, el Hijo amado del Padre. Así sea.
Mons.
Oscar Domingo Sarlinga,
obispo
auxiliar
de
Mercedes-Luján