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SEXAGÉSIMA PEREGRINACIÓN GAUCHA
AL SANTUARIO DE LUJÁN

 

 Homilía de monseñor Oscar Domingo Sarlinga, obispo auxiliar de Mercedes-Luján en la sexagésima Peregrinación Gaucha
(26 de setiembre de 2004)


Queridos sacerdotes,

Queridos hermanos y hermanas de las distintas agrupaciones gauchescas, que han peregrinado a caballo, hasta la Casa de la Madre de Luján,

 

El gran Obispo de Mercedes, llamado apóstol infatigable de la Virgen de Luján, Mons. Anunciado Serafini, promovió con todas sus fuerzas el culto a la Madre de Dios, venerada en este Santuario, que es ?alma del pueblo argentino. Y fue él quien, ya desde los primeros años de su episcopado en Mercedes, más concretamente en el año 1944 (aunque fue Obispo de esta sede desde 1939) tuvo la iniciativa de fundar la peregrinación de los gauchos a Luján, dándole incluso un capellán estable de entre los sacerdotes de esta diócesis. Les traigo a todos los afectuosos saludos del Arzobispo Mons. Rubén Di Monte, quien hoy no ha podido hacerse presente entre nosotros, pero saben ustedes cuánto los quiere y aprecia.

Esta es la sexagésima peregrinación gaucha. Hace pues sesenta años que los gauchos de todos los rincones de nuestro país vienen a venerar a la Madre de la Argentina, a hacerle sus peticiones, a darle gracias, y a través de su intercesión, de presentar la oración confiada a Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, el Hijo de María. Ya desde ayer, sábado, los hombres, mujeres y niños de a caballo estuvieron llegando a las inmediaciones del Santuario, y según las autoridades competentes son cerca de cinco mil los que han venido a visitar a la Virgen. Me impresiona gratamente verlos montados sobre sus caballos, haciendo como una guardia de honor en torno de este altar de campaña, en la avenida de Nuestra Señora de Luján. Desde aquí, terminada la misa, saldrán en desfile al Santuario de la Virgen de Luján.

Ustedes, queridos hermanos gauchos, junto con la Fe que los moviliza, traen un patrimonio muy importante: los valores de la familia, la amistad, la solidaridad.  Me gustaría hacer referencia concreta, por lo menos de ésta última, porque me parece fundamental para la construcción de la sociedad, a la que todos estamos llamados.

En primer lugar, digamos que la solidaridad indica una ?sintonía?. Sintonía quiere decir ponerse a tono, sintonizar, estar en relación comprometida, responsable y fraterna. La solidaridad es una sintonía comprometida respecto a la realidad de los demás hermanos, de la sociedad como conjunto organizado de seres humanos, y significa también sintonía respecto de los otros pueblos de la tierra, sin exclusiones ni marginaciones. La solidaridad es una actitud del corazón que parte de la misma naturaleza de la persona humana y de la sociedad. Por eso tiene connotaciones y consecuencias morales, sociales y políticas, tanto en el nivel local nacional como internacional. Necesitamos la solidaridad, que procede de la justicia, para vivir en buena convivencia, en común unión, en paz. Es como una alianza o pacto de amo r que hacemos en nuestra sociedad. Si no existe la solidaridad, la coexistencia se quebranta.

Porque, queridos hermanos gauchos peregrinos, el ser humano, como persona y miembro de la comunidad humana, ha sido creado ?a imagen de Dios?, como lo dice la Biblia en el libro del Génesis (1,26). Y toda la humanidad está marcada por esta imagen y por la Alianza o pacto de amor. En el concepto cristiano, que es el nuestro, el contenido de la solidaridad tiene que ver con valores que ustedes ya traen como connaturalmente: la comunión y la familia. Comunión significa una común unión y una común misión. Esa misión es vivir el mandato del amor, el cual, aunque no seamos directamente conscientes de ello, es la expresión de la vida trinitaria, es decir, de la Trinidad de Dios Amor y que no puede quedarse en lo abstracto, sino que se traduce en relaciones humanas de ayuda recíproca, de saber compartir, no sólo l os bienes materiales (aunque también, es claro), sino asimismo los bienes del afecto, los de la amistad.

Ordinariamente la solidaridad tiene como consecuencia y expresión el hecho de compartir los bienes, como lo dice el libro de los Hechos de los Apóstoles (2,42-44;  4,32). Esta comunión se fundamenta en el Amor el mismo Dios (cf. 1 Jn 4). Ustedes tienen en sus costumbres el compartir: se comparte una comida, se comparte el tradicional mate, se comparte la amistad? Son signos valiosos de solidaridad. Compartimos sobre todo en la familia. Y qué mejor expresión de ese amor que la familia. Quiera Dios hacernos a todos, en una común unión, familia suya.

Desde esta Luján de la Fe, los bendigo y pido que la Virgen lleve de su mano todas las intenciones de ustedes, de sus familias, al Corazón de Jesús, el Hijo amado del Padre. Así sea. 


Mons. Oscar Domingo Sarlinga, obispo auxiliar de Mercedes-Luján


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