Nos encontramos hoy, reunidos como Iglesia en esta hermosa capilla del
Hospital Nacional Dr. Baldomero Sommer, ubicado en este partido de
General Rodríguez, perteneciente a nuestra arquidiócesis de
Mercedes-Luján. Estamos muy cerca, apenas a 17 km, de la Casa de la
Virgen de Luján, Patrona de la Argentina y Madre de nuestro Pueblo.
Jesús, el Buen Pastor, está presente hoy entre nosotros, Él, “(…) que
pasó haciendo el bien”, nos preside y guía en el Amor, en nuestra
historia personal y comunitaria.
I. Breve
historia del hospital
Han pasado muchos años ya desde
que en 1930, por iniciativa de un grupo de damas católicas fuera
creado el Patronato de Leprosos, institución que enviara al
descollante leprólogo argentino, Dr. José M. Fernández, para estudiar
cómo se organizaban las entonces llamadas “leproserías” en el mundo,
con la finalidad de aplicar un proyecto para nuestro país. Fue el
entonces presidente de la Nación, Agustín P. Justo, quien promulga el
decreto que aprueba la adquisición del predio destinado a la
instalación de un asilo colonia de dermatosos, el cual fue finalmente
inaugurado en 1941, año en que empiezan a ingresar los enfermos. Hoy
lleva el nombre del Dr. Baldomero Sommer (fundador de la Sociedad
Dermatológica Argentina), quien nació en Buenos Aires el 21 de marzo
de 1857, hijo de padre danés y madre alemana. Fue destacadísimo y
dedicado luchador contra la enfermedad, científico eminente, y gran
hombre que hizo mucho por los enfermos. Es bueno recordar, agradecer,
estar atentos a una memoria histórica que nos ayude a encontrar las
raíces de lo bueno de hoy, y a orientarnos a corregir lo que está
menos bien.
II. La
presencia del capellán, a imagen del Buen Pastor que acompaña y guía
Hoy la Iglesia le da a este
Hospital y a sus habitantes, a través del nombramiento de parte del
Sr. Arzobispo, Mons. Rubén Di Monte, un nuevo pastor propio, en la
persona del Padre Pablo Rosales. Él viene enviado por el Sucesor de
los Apóstoles para ser, como dije, pastor, padre, amigo, hermano de
ustedes. Viene para acompañarlos y para guiarlos.
Para acompañarlos en la
búsqueda de la salud, que es el bienestar del ser humano en su aspecto
físico, psíquico y social. Y hablamos de la salud en un sentido
integral, abarcativo. De tal modo, la salud es un aspecto de la
salvación integral del ser humano, que nos trajo Jesús, nuestro Buen
Pastor Resucitado, el cual ha venido a salvar al ser humano en su “(…)
integridad y unidad de cuerpo y alma”, como nos lo dice el Concilio
Vaticano II (GS 14). Para acompañarlos hace falta quererlos, amarlos
como a hermanos muy queridos, en la perenne y amorosa solicitud de la
Iglesia para con los enfermos. Juntamente, aquél que les es dado como
pastor viene también a guiarlos, a pastorearlos en la Fe, la Esperanza
y la Caridad, siguiendo las huellas de Jesús, que “(…) pasó haciendo
el bien” (Hech. 10,38) y que “(…) cargó con nuestras enfermedades” (Mt.
8,17).
Seguir las huellas y el ejemplo
de Jesús: este es el camino del Pastor: Jesús daba el perdón, la
salud, el consuelo, la resurrección… Los enfermos querían tocarlo
para ser sanos (Mt. 14,36). Él los sanaba imponiendo sus manos
humano-divinas (Lc. 44,40), ungiéndolos (Mc. 6,43) o simplemente
orando sobre ellos. El sacerdote ha de seguir su ejemplo,
comprometiendo su vida para llevar a todos el mensaje de Jesús,
administrando los sacramentos, predicando la Palabra, procurando que
todos vivan como Iglesia congregada en el amor, en la solidaridad, en
la paz y en la alegría, que son frutos de la presencia del Espíritu.
Te encontrarás acompañado,
padre Pablo, por las Hermanas Franciscanas, que desde tantos años, con
fe inquebrantable, con caridad solícita, con amorosa esperanza, han
trabajado por los enfermos, así, como son ellas, en silencio, casi sin
hacerse notar, pero dando la vida.
III. El
testimonio de quines nos precedieron
Todos los que aquí han
trabajado apostólicamente son muy importantes, ejemplares
personalidades de Iglesia. Creo, sin embargo, que no podemos dejar de
mencionar dos figuras emblemáticas, Mons. Azpe , obispo boliviano,
afectado por la enfermedad de la lepra y que fue interno y habitante
de este Hospital. Como sucesor de los apóstoles, aceptó con humildad
su cruz e hizo de ella un apostolado. Está enterrado en el cementerio
de este lugar; rezamos por él y le pedimos su oración.
Un lugar destacado en nuestros
corazones ocupa el Padre Teófilo Joaquín Prochazka de la Orden de los
Franciscanos Misioneros, nacido en Bohemia, Doctor en Filosofía y
Teología, que entregó su vida por sus hermanos que padecían la lepra,
cuya meditación y reflexión de la palabra de Dios fue la luz que guió
sus pasos hacia su entrega. En la década del treinta, fue enviado a la
Argentina, como delegado oficial de la prensa católica de Praga al XLV
Congreso Eucarístico internacional celebrado en Buenos Aires, y
–habiendo podido seguir un destino con otros horizontes- aquí se
quedó, para atender humildemente a los pobres más pobres, a los
afectados por la grave enfermedad, a los más necesitados. En agosto de
1985 partió a la casa del Padre. Para quienes tuvimos la dicha de
conocerlo, fue un ejemplo iluminador para nuestras vidas.
Y a todos, también al Padre
Francisco García, franciscano, que dio tanto de su vida al servicio de
los enfermos, a todos los que dedicaron sus energías en esta obra
apostólica, vaya hoy también nuestro sentido agradecimiento.
Que aprendamos de todos ellos,
en la comunión de la Iglesia, a seguir las huellas de Jesús. Quiera Él
ayudarnos en este camino, en el que el Papa nos llama a construir la
civilización del Amor. Dediquémonos con toda nuestra alma a
construirla, allí donde la Iglesia nos llame a trabajar, según nuestra
vocación y elección. La Virgen Madre, en su advocación de Nuestra
Señora de las Mercedes, patrona de la arquidiócesis, y de Nuestra
Señora de Luján, patrona de la Argentina, nos guíe como “Estrella de
la Evangelización” en este caminar.
Amén.