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HOMILÍA EN EL LEPROSARIO

 

Homilía de monseñor Oscar Domingo Sarlinga, obispo auxiliar de Mercedes-Luján en el leprosario "Baldomero Sommer" de General Rodríguez
(octubre de 2004)



Queridos hermanos y hermanas en el Señor,
Gracia y Paz a todos ustedes.

 

Nos encontramos hoy, reunidos como Iglesia en esta hermosa capilla del Hospital Nacional Dr. Baldomero Sommer, ubicado en este partido de General Rodríguez, perteneciente a nuestra arquidiócesis de Mercedes-Luján. Estamos muy cerca, apenas a 17 km, de la Casa de la Virgen de Luján, Patrona de la Argentina y Madre de nuestro Pueblo. Jesús, el Buen Pastor, está presente hoy entre nosotros, Él, “(…) que pasó haciendo el bien”, nos preside y guía en el Amor, en nuestra historia personal y comunitaria.


I.
Breve historia del hospital

Han pasado muchos años ya desde que en 1930, por iniciativa de un grupo de damas católicas fuera creado el Patronato de Leprosos, institución que enviara al descollante leprólogo argentino, Dr. José M. Fernández, para estudiar cómo se organizaban las entonces llamadas “leproserías” en el mundo, con la finalidad de aplicar un proyecto para nuestro país. Fue el entonces presidente de la Nación, Agustín P. Justo, quien promulga el decreto que aprueba la adquisición del predio destinado a la instalación de un asilo colonia de dermatosos, el cual fue finalmente inaugurado en 1941, año en que empiezan a ingresar los enfermos. Hoy lleva el nombre del Dr. Baldomero Sommer (fundador de la Sociedad Dermatológica Argentina), quien nació en Buenos Aires el 21 de marzo de 1857, hijo de padre danés y madre alemana. Fue destacadísimo y dedicado luchador contra la enfermedad, científico eminente, y gran hombre que hizo mucho por los enfermos. Es bueno recordar, agradecer, estar atentos a una memoria histórica que nos ayude a encontrar las raíces de lo bueno de hoy, y a orientarnos a corregir lo que está menos bien.


II. L
a presencia del capellán, a imagen del Buen Pastor que acompaña y guía

Hoy la Iglesia le da a este Hospital y a sus habitantes, a través del nombramiento de parte del Sr. Arzobispo, Mons. Rubén Di Monte, un nuevo pastor propio, en la persona del Padre Pablo Rosales. Él viene enviado por el Sucesor de los Apóstoles para ser, como dije, pastor, padre, amigo, hermano de ustedes. Viene para acompañarlos y para guiarlos.

Para acompañarlos en la búsqueda de la salud, que es el bienestar del ser humano en su aspecto físico, psíquico y social. Y hablamos de la salud en un sentido integral, abarcativo. De tal modo, la salud es un aspecto de la salvación integral del ser humano, que nos trajo Jesús, nuestro Buen Pastor Resucitado, el cual ha venido a salvar al ser humano en su “(…) integridad y unidad de cuerpo y alma”, como nos lo dice el Concilio Vaticano II (GS 14). Para acompañarlos hace falta quererlos, amarlos como a hermanos muy queridos, en la perenne y amorosa solicitud de la Iglesia para con los enfermos. Juntamente, aquél que les es dado como pastor viene también a guiarlos, a pastorearlos en la Fe, la Esperanza y la Caridad, siguiendo las huellas de Jesús, que “(…) pasó haciendo el bien” (Hech. 10,38) y que “(…) cargó con nuestras enfermedades” (Mt. 8,17).

Seguir las huellas y el ejemplo de Jesús: este es el camino del Pastor: Jesús daba el perdón, la salud, el consuelo, la resurrección…  Los enfermos querían tocarlo para ser sanos (Mt. 14,36). Él los sanaba imponiendo sus manos humano-divinas (Lc. 44,40), ungiéndolos (Mc. 6,43) o simplemente orando sobre ellos. El sacerdote ha de seguir su ejemplo, comprometiendo su vida para llevar a todos el mensaje de Jesús, administrando los sacramentos, predicando la Palabra, procurando que todos vivan como Iglesia congregada en el amor, en la solidaridad, en la paz y en la alegría, que son frutos de la presencia del Espíritu.

Te encontrarás acompañado, padre Pablo, por las Hermanas Franciscanas, que desde tantos años, con fe inquebrantable, con caridad solícita, con amorosa esperanza, han trabajado por los enfermos, así, como son ellas, en silencio, casi sin hacerse notar, pero dando la vida.


III. E
l testimonio de quines nos precedieron

Todos los que aquí han trabajado apostólicamente son muy importantes, ejemplares personalidades de Iglesia. Creo, sin embargo, que no podemos dejar de mencionar dos figuras emblemáticas, Mons. Azpe , obispo boliviano, afectado por la enfermedad de la lepra y que fue interno y habitante de este Hospital. Como sucesor de los apóstoles, aceptó con humildad su cruz e hizo de ella un apostolado. Está enterrado en el cementerio de este lugar; rezamos por él y le pedimos su oración.

Un lugar destacado en nuestros corazones ocupa el Padre Teófilo Joaquín Prochazka de la Orden de los Franciscanos Misioneros, nacido en Bohemia, Doctor en Filosofía y Teología, que entregó su vida por sus hermanos que padecían la lepra, cuya meditación y reflexión de la palabra de Dios fue la luz que guió sus pasos hacia su entrega. En la década del treinta, fue enviado a la Argentina, como delegado oficial de la prensa católica de Praga al XLV Congreso Eucarístico internacional celebrado en Buenos Aires, y –habiendo podido seguir un destino con otros horizontes- aquí se quedó, para atender humildemente a los pobres más pobres, a los afectados por la grave enfermedad, a los más necesitados. En agosto de 1985 partió a la casa del Padre. Para quienes tuvimos la dicha de conocerlo, fue un ejemplo iluminador para nuestras vidas.

Y a todos, también al Padre Francisco García, franciscano, que dio tanto de su vida al servicio de los enfermos, a todos los que dedicaron sus energías en esta obra apostólica, vaya hoy también nuestro sentido agradecimiento.

Que aprendamos de todos ellos, en la comunión de la Iglesia, a seguir las huellas de Jesús. Quiera Él ayudarnos en este camino, en el que el Papa nos llama a construir la civilización del Amor. Dediquémonos con toda nuestra alma a construirla, allí donde la Iglesia nos llame a trabajar, según nuestra vocación y elección. La Virgen Madre, en su advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, patrona de la arquidiócesis, y de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, nos guíe como “Estrella de la Evangelización” en este caminar.

Amén.


Mons. Oscar Domingo Sarlinga, obispo auxiliar de Mercedes-Luján


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