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INAUGURACIÓN DE LA IMPRESIÓN DE L’OSSERVATORE ROMANO EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MERCEDES-LUJÁN


Homilía de monseñor Oscar Domingo Sarlinga, Obispo titular de Uzalis y auxiliar de Mercedes-Luján, con motivo de la inauguración de la impresión de L’Osservatore Romano en la arquidiócesis de Mercedes-Luján
(Basílica de Luján, 8 de agosto de 2005)



Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, S.E. Mons. Adriano Bernardini
Señor Arzobispo, S.E. Mons. Rubén Di Monte

Señor Consejero de la Nunciatura Apostólica, Mons. Nicola Girasoli
Monseñor Bruno, vicario general, Mons. Armando Rosido, vicario episcopal de Junín y director del diario «La Verdad», Sr. Delegado episcopal de los medios de comunicación,
Autoridades civiles, militares y del Poder Judicial, sacerdotes, religiosas, hermanos y hermanas en el Señor



I HOMENAJE AL PAPA Y PRESENTACIÓN DEL SERVICIO ECLESIAL


Estamos congregados aquí, en la Basílica de Nuestra Señora de Luján, bajo cuya advocación la Virgen Santísima es patrona de la Nación Argentina, para poner a los pies de Ella, y así inaugurar, un servicio al Pueblo de Dios que ha asumido este Arzobispado de Mercedes-Luján, a través del Diario «La Verdad», a saber, la impresión y publicación, en sus talleres, de L’Osservatore Romano, Edición semanal en Lengua española, con el fin de hacer más rápida, y hacedera la llegada a la Argentina de la palabra del Santo Padre, facilitando la oportunidad de que accedan a ello muchos más fieles, asiduos lectores o simplemente interesados en dicha palabra, iluminadora para la sociedad humana actual.

Agradecemos a L’Osservatore Romano, de la Ciudad del Vaticano, por este acto de conjunto, mediante convenio celebrado con nuestro Arzobispado. Es digno de destacar, también, que ya desde hace meses, el diario «La Verdad» está distribuyendo, en la ciudad de Junín y ciudades aledañas, cinco mil ejemplares semanales.

A través de estas humildes palabras, presentamos nuestro homenaje y afectuoso saludo de devoción, así como nuestra adhesión de corazón al Vicario de Cristo, el Papa Benedicto XVI, el primer Papa elegido en el tercer Milenio, en cuyo pontificado inauguramos este servicio eclesial, luego del maravilloso ejemplo y la fuerza evangelizadora que nos legara el gran Papa Juan Pablo II.

Es éste nuestro humilde homenaje a aquél que es depositario de la promesa hecha por Jesús a Pedro, y en éste, a sus legítimos sucesores. Con este mismo tenor nos lo exclamaba el mismo Benedicto XVI en su primera homilía: “¡Tú eres Cristo! ¡Tú eres Pedro! Me parece revivir la misma escena evangélica; yo, sucesor de Pedro, repito con trepidación las palabras trepidantes del pescador de Galilea y vuelvo a escuchar con emoción íntima la consoladora promesa del divino Maestro. Si es enorme el peso de la responsabilidad que cae sobre mis pobres hombros, es ciertamente desmesurada la potencia divina sobre la que puedo contar: "Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (1).



II LA EVANGELIZACIÓN EN LA COMUNIÓN DE LA IGLESIA


En efecto, este servicio constituirá, sin duda, un apoyo, un «poner el hombro», en la comunión de la Iglesia, a la obra de la evangelización, cuyo gran protagonista es el Espíritu Santo, el cual, apenas descendido sobre los Apóstoles, el día de Pentecostés, hizo que éstos se pusieran «a hablar en otras lenguas según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2, 4), pudiéndose decir, por tanto que la Iglesia, en el momento mismo en que nace, recibe como don del Espíritu la capacidad de anunciar «las maravillas de Dios» (Hch 2, 11): es el don de evangelizar.

En la difusión de la palabra del Papa, sustentados en la comunión de los testigos de la encarnación del Verbo de Dios, actualizada permanentemente por la acción del Espíritu y la sucesión apostólica, queremos estar atentos a las voces del tiempo, buscando en ellas los signos de la presencia de Aquél que «va delante», que  la antecede como «camino, verdad y vida» en la realización del sentido de la existencia que es, simultáneamente, realización del sentido de la historia. Todo lo que se haga para extender a más y más fieles la voz del Santo Padre es una contribución a ser testigos de Cristo en esta época nuestra, tan necesitada del mensaje de salvación.

La voz del Papa da testimonio de la confianza raigal de la Iglesia en la capacidad racional del ser humano para buscar y seguir la verdad, para comprender al mundo y a sí mismo, para conocer a Dios y descubrir las huellas de su presencia en los acontecimientos de la historia personal y comunitaria, como también, para comprender que el ser humano encuentra, en el triunfo de Jesucristo sobre el mal y sobre la muerte, el sentido tan ansiado de la vida, así como la fuente de su esperanza y de su dignidad.



III LA VIRGEN, RECORDADA EN EL MISTERIO DE LA ANUNCIACIÓN, NOS GUÍA Y ALIENTA


Hemos escuchado en el Evangelio de esta celebración, el acontecimiento de la Anunciación, mensaje supremo del Altísimo, transmitido por el ángel, que constituye la manifestación del misterio de la Encarnación del Verbo al comienzo mismo de su cumplimiento en la tierra, la donación de salvación que Dios hace de sí mismo y de su Vida. Ha sido el supremo Mensaje para la humanidad. Por ello, no podemos dejar de honrar especialmente en este día a María, la «llena de gracia». Y lo hacemos con palabras de Juan Pablo II: “(…) porque la Encarnación del Verbo (…) se realiza y cumple precisamente en Ella.  Como afirma el Concilio, María es « Madre de Dios Hijo y, por tanto, la hija predilecta del Padre y el sagrario del Espíritu Santo; con un don de gracia tan eximia, antecede con mucho a todas las criaturas celestiales y terrenas»(2).

Pidamos a Ella que nos guíe y acompañe en nuestro caminar, un caminar lleno de dificultades y desafíos, pero también, y fundamentalmente, lleno de esperanza y de maravillosas posibilidades de obrar el Amor evangélico.


Notas:

(1) Benedicto XVI, Primera homilía en la celebración eucarística en la Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano, 20 de abril de 2005.

(2) Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Matris, n. 9.


Mons. Oscar Domingo Sarlinga
, obispo auxiliar de Mercedes-Luján


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