|
FIESTA DEL
TINKUNACO
Mensaje de Mons. Fabriciano Sigampa, obispo de La Rioja,
al finalizar la solemne procesión - 1 de enero de 2004
Queridos hermanos:
La Iglesia en la
Rioja se llena de gozo por la Fe recibida y da gracias a Dios por este
inmenso Don.
Concluimos el año
2.003 con la celebración del solemne Tinkunaco, que es Comunión, Paz y
Solidaridad.
Aquí y ahora,
nuestro Dios, nos convoca a empezar un año nuevo con un Encuentro
personal con El y entre nosotros.
Este Encuentro no
debe quedar reducido a la ceremonia litúrgica, como recuerdo o memoria
del pasado
Debe ser ante todo
Tarea y Compromiso de vivirlo en todo momento en todos los ámbitos de
nuestra vida personal, familiar y social. Debe ser expresión viva de
los que pertenecemos a este ciudad de todos los Santos de la Nueva
Rioja.
Es el Tinkunaco
instrumento eficaz para la transformación de nuestra ciudad y de
nuestra provincia.
Así el Tinkunaco es
fuente de nuevas responsabilidades.
El Tinkunaco es
COMUNIÓN, es encuentro con el Niño Dios Alcalde, Hijo del Dios vivo,
camino para la conversión, la comunión y la solidaridad.
Este encuentro es
punto de partida para una autentica conversión del corazón y para una
renovada comunión y participación.
El Tinkunaco hace
que nuestra Fe se consolide y se convierta en una fe madura, viva y
operante.
El Tinkunaco nos
lleva a la búsqueda de la Verdad; nos empuja a una autentica confianza
en el Señor; nos obliga a establecer una relación de amistad sincera
con El; nos invita a imitarlo en su vida y en su manera de proceder.
El Tinkunaco es el
proyecto magnifico de Dios Padre.
El Hijo de Dios, en
la imagen del Niño Dios Alcalde es el centro de la Comunión.
El Espíritu Santo
trabaja en nuestros corazones para crear esta comunión o para
restaurarla cuando se ha destruido.
Esta comunión tiene
su base sólida en el Bautismo que nos hace hijos de Dios, en la
Confirmación que hace firmes en la Fe y en la Eucaristía que nos
renueva continuamente.
Será así la
Eucaristía el lugar privilegiado del Encuentro con Cristo.
No podemos
prescindir de este inestimable Don, que hace a la Unidad y a la
Comunión con Dios y entre nosotros.
San Nicolás es
Patrono tanto de la Provincia como de la Diócesis.
Estamos aquí como
miembros, hijos de esta Provincia y a la vez como cristianos fieles de
esta Diócesis, que este año 2.004 cumple sus 70 años de vida y debemos
celebrar.
Es preciso que
hagamos de nuestra ciudad y provincia "casa y escuela de comunión"
como nos invita Juan Pablo II (NMI43).
Ayer en el solemne
Tinkunaco frente a la imagen del Niño Dios Alcalde y acompañados de
San Nicolás, reconocimos la autoridad de Dios por encima de toda otra
autoridad.
Ayer, en este mismo
lugar, expresábamos el don de la reconciliación, en el sacramento
recibido y el abrazo fraterno que nos permite estar en armonía con
Dios y entre nosotros.
Base fundamental
para superar toda división y empezar un año nuevo con vida nueva.
"Un reino donde hay
luchas internas no puede subsistir y una familia dividida tampoco
puede subsistir" (Mc. 3, 24)
Que oportuna es
esta advertencia que nos hace el Señor Jesús al iniciar el año 2004.
Debemos llegar a
ser capaces de descubrir al otro como "alguien que me pertenece, con
él quiero compartir sus alegrías y sus sufrimientos descubrir sus
deseos y anhelos, y atender sus necesidades, pero sobre todo ofrecerle
una verdadera y profunda amistad" (NMI43)
Solo así podremos
ver en el otro todo lo positivo que tiene, valorarlo como regalo de
Dios, porque es un Don para mi.
Debo darle espacio
y rechazar toda tentación de egoísmo que genera competitividad,
desconfianzas y envidias.
No nos hagamos
ilusiones; sin este autentico camino de espiritualidad de nada
servirán los medios externos de comunión. Ciertamente hay mucho por
hacer en este sentido, pero por este camino podremos responder con
celeridad y eficacia a los problemas que afligen.
El Tinkunaco es
PAZ: produce la paz, pues nos reconcilia con Dios.
Resuena aun en
nuestros oídos y en nuestro corazón el cántico de Nochebuena: "Gloria
a Dios en las Alturas y paz a los hombres que ama el Señor".
Nos ha nacido un
niño: es el Príncipe de la Paz.
Aquel que ha
derribado con su cuerpo el muro que separaba los pueblos, el egoísmo.
Nos ha nacido Aquel
que nos hizo pasar de la discordia a la concordia, de las tinieblas a
la Luz, del pecado a la Gracia, de los desencuentros al Encuentro.
Nos ha nacido Aquel
que ha unido dos razas enemistadas y ha hecho un solo pueblo.
Entonces la Paz es
posible. Es posible ayer, hoy y siempre, porque es un don de Dios para
el hombre.
Hoy la Iglesia nos
invita a vivir esta jornada mundial por la Paz. Debemos orar por la
Paz que se fundamenta en los valores de: la verdad, la justicia, el
amor y la libertad.
Como cristianos
sabemos que el amor es el motivo por el cual Dios entra en relación
con nosotros. Por tanto El espera una respuesta nuestra de amor,
porque "El amor lo vence todo".
Solo el amor de
Dios produce una paz autentica y duradera.
Sin esta paz es
imposible encontrar solución a los graves problemas que afligen a la
ciudad y a la provincia.
Dejemos que el
Señor purifique nuestros corazones de toda maldad para que seamos
artífices de la Paz.
El Señor nos dice
hoy: "bienaventurados los que trabajan por la paz porque serán
llamados hijos de Dios" (Mt. 5,9)
El mismo Señor nos
invita a educarnos para la paz.
El Tinkunaco es
SOLIDARIDAD:
“En esto conocerán
que son mis discípulos: si se tienen amor los unos a los otros" (Jn.
13,35).
Dios Padre es el
primero en ser solidario con el hombre. Lo hizo por medio de su Hijo-Emanuel-Dios
con nosotros.
El Hijo de Dios
vino a SERVIR, a dar su vida en rescate por todos.
La solidaridad es
fruto de la Comunión.
La solidaridad se
expresa en el amor del cristiano que busca el bien especialmente de
los más necesitados.
Se trata de
compartir los Dones Espirituales y los Bienes Materiales con que Dios
nos ha bendecido.
Por ello, debemos
incentivar la cultura de la solidaridad, aquí en La Rioja, donde
predomine siempre el bien común.
No hay democracia
verdadera y estable sin justicia social.
Como lograrla?
primero con la formación de una conciencia muy sensible a los
sufrimientos de nuestro pueblo y con la preparación adecuada de
dirigentes sociales que tengan muy presente la observancia de la
Constitución Nacional y los derechos de las personas.
Cristo, nuestro
Señor, al encarnarse asumió solidariamente nuestra naturaleza (menos
el pecado), promovió y defendió la dignidad de toda persona y murió
por la libertad de todos.
De la dignidad del
hombre - en cuanto Hijo de Dios - nacen los derechos humanos y las
obligaciones.
De aquí que todo
atropello a la dignidad del hombre es atropello al mismo Dios de quien
es imagen.
Así la solidaridad
se expresa en el respeto por la dignidad del otro y del cuidado
solicito para con él, que es mi hermano.
Entonces la
solidaridad se hace asistencia, es promoción, es liberación, es
aceptación fraterna.
Para hacer posible
esta solidaridad hace falta una mayor presencia de cristianos
cualificados que promueven la practica de valores tales como: la
verdad, la libertad, la justicia, el amor, la honradez, la
laboriosidad y el servicio al bien común.
Este año 2.004
nuestra solidaridad ha de estar orientada fuertemente hacia la
Familia.
El desempleo, la
creciente pobreza, la crisis económica y otras situaciones no menos
graves han disgregado el núcleo familiar, cuyas consecuencias tenemos
a la vista: hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos
con padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin
contención. Tanto la Iglesia como el Estado debemos atender a las
familias como prioridad absoluta.
Así volverá a la
familia, el amor que los esposos se deben, la ternura que los hijos
necesitan, se sentirán felices y compartirán sus alegrías, asumirán
juntos los sufrimientos y serán solidarios unos con otros. Todo esto y
mucho más podremos hacerlo desde la Eucaristía, signo evidente y
eficaz de la solidaridad de Dios con nosotros.
"Tanto nos amó el
Padre que nos dio a su Hijo". "Tanto nos amó su Hijo que se entregó en
la Cruz por amor a nosotros".
Al prepararnos a
celebrar el X° Congreso Eucarístico Nacional, tendremos la ocasión
propicia para unir solidariamente FAMILIA-EUCARISTIA.
Que San Nicolás nos
auxilie con gracia de Padre y Pastor para alcanzar estos objetivos.
Que la Virgen
Santísima en su día nos ayude a vivir en Comunión, en Paz y en
Solidaridad.
Que el Niño Dios
Alcalde nos ayude a defender y promover la familia para que sea
reflejo de su familia de Nazareth. Amén.
Mons. Fabriciano Sigampa, obispo de La Rioja |