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HE VENIDO A ESTE MUNDO A UN JUICIO
Homilía de monseñor Luis Stöckler, obispo de Quilmes
Cuarto domingo de Cuaresma - 6 de marzo de 2005
Cuando le preguntan a Jesús, si el ciego de nacimiento estaba así por
culpa propia o por los pecados de sus padres, contestó: "Ni él ni sus
padres han pecado; nació así, para que se manifiesten en él las obras de
Dios".
Esta manifestación
comenzó, cuando el Señor le puso barro sobre sus párpados y le mandó
lavarse en la piscina de Siloé. El ciego se lavó, veía. El evangelista
explica, que Siloé significa "Enviado", para decirnos que la curación se
debía al enviado de Dios, que es Jesús.
Este hecho milagroso
es el inicio de la manifestación de Dios en este hombre. Le abrió los
ojos para que pudiera ver. Pero no solamente para ver el mundo exterior
que antes conocía solamente a tientas. Sino le abrió la mirada interior
para descubrir quién era Jesús. Cuando los fariseos le preguntan: "¿Qué
dices del que te abrió los ojos?", el hombre respondió: "Es un profeta".
Cuando lo llamaron por
segunda vez, con la intención de echar de la sinagoga al que reconociera a
Jesús como Mesías, se confesa como su discípulo. Jesús se enteró que lo
habían echado, y al encontrarlo se manifiesta a él como el "Hijo del
hombre", la calificación máxima en el Antiguo Testamento para el enviado
de Dios. Se encuentra en el profeta Daniel: Es el Hijo del hombre sentado
a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo, que
Jesús asume para sí; por lo cual lo iban a condenar por blasfemo. Cuando
Jesús le preguntó al que había curado: "¿Crees en el Hijo del hombre?", él
exclamó: "Creo, Señor", y se postró ante Él. Las obras de Dios en el ciego
de nacimiento se manifestaron sobre todo en esta visión de fe, por la cual
descubrió a Jesús primero como profeta, después como Mesías y finalmente
como el Hijo de Dios.
Pero este proceso de la
fe en Jesús no era solamente una adhesión intelectual, a un Credo que se
puede rezar como una fórmula, sino significaba para el ahora vidente,
asumir las consecuencias que aguardan a los que se profesan discípulos de
Jesús. El temor a lo que digan o hagan aquellos que manipulan la opinión
pública, el temor a la exclusión de la comunidad dominada por los
poderosos, acobardó a los propios padres del que había nacido ciego y
contestaron, que no sabían quién le había abierto los ojos. Así el hijo
quedó aislado en su propia familia. Y después lo echaron de la sinagoga.
Es el demonio, como nos dice la carta a los Hebreos, quien quiere
esclavizarnos completamente por el temor de la muerte. Creer en Jesús
significa, poner la confianza totalmente en Él, aunque nos amenacen y nos
dejen solos. Es esto lo que el hombre expresó al postrarse ante el Señor.
Jesús dice que ha
venido al mundo para un juicio, para que vean los que no ven y queden
ciegos los que ven. En nuestro bautismo nos fueron abiertos los ojos y se
nos infundió el don de la fe. Debemos trabajar en las obras de Jesús,
mientras es de día, para que el mundo vea y crea.
Quilmes, 6 de marzo de 2005
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes
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