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EMAÚS
Homilía de
monseñor Luis Stöckler, obispo de Quilmes
10 de abril de 2005 - Tercer domingo de Pascua
Mis Queridos
hermanos y hermanas:
La última carta
apostólica Juan Pablo II para el año de la Eucaristía, comienza con el
pedido de los discípulos de Emañus. "Quédate con nosotros Señor, porque ya
es tarde y el día se acaba". Hoy podríamos entender este pedido como un
pedido personal del mismo Papa, cuando la escribió en el mes de Octubre
del año pasado. Ya en los años anteriores repetidamente llamó nuestra
atención sobre la centralidad de la Eucaristía. En 1998, con la Carta
apostólica sobre el Día del Señor. En el 2000 invitó a la celebración del
Congreso Eucarístico Internacional en Roma. En el año 2001 en la carta
apostólica al comienzo del nuevo milenio vuelve sobre la Eucaristía. En
el año 2002 con la carta apostólica sobre el Rosario de la Virgen,
introdujo los misterios de la luz, y como quinto misterio la institución
de la Eucaristía. En 2003 escribe la carta Encíclica "La iglesia vive de
la Eucaristía". Ahora después de su muerte esta insistencia de Juan Pablo
II en la Eucaristía y la disposición de celebrar este como año de la
Eucaristía, toman características de un testamento, como su última
voluntad pastoral.
Por eso en vez de una
homilía quisiera leerles la conclusión de la última carta apostólica
"Quédate con nosotros Señor".
Quédate con nosotros Señor - Conclusión
Una conmoción que me
embarga continuamente. De ella surgió la Encíclica Ecclesia de Eucharisti.
Considero como una grande gracia del vigésimo séptimo año de ministerio
petrino que estoy a punto de iniciar, el poder invitar ahora a toda la
Iglesia a contemplar, alabar y adorar de manera especial este inefable
Sacramento. Que el Año de la Eucaristía sea para todos una excelente
ocasión para tomar conciencia del tesoro incomparable que Cristo ha
confiado a su Iglesia. Que sea estímulo para celebrar la Eucaristía con
mayor vitalidad y fervor, y que ello se traduzca en una vida cristiana
transformada por el amor.
En esta perspectiva se
podrán realizar muchas iniciativas, según el criterio de los Pastores de
las Iglesias particulares. A este respecto, la Congregación para el Culto
Divino y la Disciplina de los Sacramentos ofrecerá propuestas y
sugerencias útiles. Pero no pido que se hagan cosas extraordinarias, sino
que todas las iniciativas se orienten a una mayor interioridad. Aunque el
fruto de este Año fuera solamente avivar en todas las comunidades
cristianas la celebración de la Misa dominical e incrementar la adoración
eucarística fuera de la Misa, este Año de gracia habría conseguido un
resultado significativo.
No obstante, es bueno
apuntar hacia arriba, sin conformarse con medidas mediocres, porque
sabemos que podemos contar siempre con la ayuda Dios. A vosotros, queridos
Hermanos en el Episcopado, os confío este Año, con la seguridad de que
acogeréis mi invitación con todo vuestro ardor apostólico. Vosotros,
sacerdotes, que repetís cada día las palabras de la consagración y sois
testigos y anunciadores del gran milagro de amor que se realiza en
vuestras manos, dejaos interpelar por la gracia de este Año especial,
celebrando cada día la Santa Misa con la alegría y el fervor de la primera
vez, y haciendo oración frecuentemente ante el Sagrario.
Que sea un Año de
gracia para vosotros, diáconos, entregados al ministerio de la Palabra y
al servicio del Altar. También vosotros, lectores, acólitos, ministros
extraordinarios de la comunión, tomad conciencia viva del don recibido con
las funciones que se os han confiado para una celebración digna de la
Eucaristía. Me dirijo el particular a vosotros, futuros sacerdotes: en la
vida del Seminario tratad de experimentar la delicia, no sólo de
participar cada día en la Santa Misa, sino también de dialogar
reposadamente con Jesús Eucaristía. Vosotros, consagrados y consagradas,
llamados por vuestra propia consagración a una contemplación más
prolongada, recordad que Jesús en el Sagrario espera teneros a su lado
para rociar vuestros corazones con esa íntima experiencia de su amistad,
la única que puede dar sentido y plenitud a vuestra vida.
Todos vosotros, fieles,
descubrid nuevamente el don de la Eucaristía como luz y fuerza para
vuestra vida cotidiana en el mundo, en el ejercicio de la respectiva
profesión y en las más diversas situaciones. Descubridlo sobre todo para
vivir plenamente la belleza y la misión de la familia. En fin, espero
mucho de vosotros, jóvenes, y os renuevo la cita en Colonia para la
Jornada Mundial de la Juventud. El tema elegido
"Venimos
a adorarlo"
(Mt 2,2), es particularmente adecuado para sugeriros la actitud apropiada
para vivir este año eucarístico. Llevad al encuentro con Jesús oculto bajo
las especies eucarísticas todo el entusiasmo de vuestra edad, de vuestra
esperanza, de vuestra capacidad de amar. Tenemos ante nuestros ojos los
ejemplos de los Santos, que han encontrado en la Eucaristía el alimento
para su camino de perfección.
Cuántas veces han
derramado lágrimas de conmoción en la experiencia de tan gran misterio y
han vivido indecibles horas de gozo "nupcial" ante el Sacramento del
altar. Que nos ayude sobre todo la Santísima Virgen, que encarnó con toda
su existencia la lógica de la Eucaristía. "La Iglesia, tomando a María
como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo
Misterio". [26] El Pan eucarístico que recibimos es la carne inmaculada
del Hijo: "Ave verum corpus natum de Maria Virgine". Que en este
Año de gracia, con la ayuda de María, la Iglesia reciba un nuevo impulso
para su misión y reconozca cada vez más en la Eucaristía la fuente y la
cumbre de toda su vida.
Que llegue a todos,
como portadora de gracia y gozo, mi Bendición.
Esta bendición como
decía el Cardenal Ratzinger, el Papa ahora la da desde la ventana del
Cielo.
Hoy todos queremos
responder a esta invitación del Papa, también desde aquí, desde esta
Iglesia Catedral. Este año quisiéramos hacer la capilla del Santísimo y
así ustedes puedan acercarse a Él de una manera más profunda, y sería mi
deseo que el Señor sea adorado permanentemente.
Quilmes, 10 de abril de 2005.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |