|
EL BUEN PASTOR
Homilía de
monseñor Luis Stöckler, obispo de Quilmes
17 de abril de 2005 - Cuarto domingo de Pascua
Juan 10, 1-10
Mis Queridos hermanos:
Jesús se llama a si
mismo El Buen Pastor, que da la vida por las ovejas. Esta expresión
metafórica, en realidad no se justificaría si la entendiéramos
textualmente. Porque el hombre no da la vida por animales. Si cuando se
trata del ser humano, entonces la metáfora se convierte en una exigencia
moral que deben asumir aquellos que han sido elegidos o se han presentado
para la responsabilidad en la conducción de una comunidad. El que está a
la cabeza de una comunidad lo debe tomar a Jesús como modelo.
En esto hemos conocido
el amor, dice San Juan. En que Él entregó su vida por nosotros, por eso
también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Nadie debe
vivir para sí mismo, sino siempre en relación al otro, y esto vale más
para aquellos que tienen que velar por el bien común. Sobre todo cuando se
trata del bien de la vida eterna, no hay nada que deba prevalecer sobre
ella. Un padre es responsable en su familia, y debería estar dispuesto a
dar la vida por ella, como una madre también. Un empresario es responsable
de sus empleados, y un medico con los que están junto a el en el servicio
con los enfermos. Es gravísimo cuando se hace una huelga en un hospital de
niños, no atendiendo ni los casos más urgentes. Una directora de escuela
junto a los docentes es responsable por los niños que les han confiado, y
es grave cuando en una provincia hace dos meses no dan clases. Un párroco
es responsable por la gente de su comunidad, un Obispo por la Iglesia de
su Diócesis, un Intendente por el municipio, un Presidente por el Pueblo
de la Nación. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus
amigos, dijo Jesús.
Estamos conscientes,
que en general estamos lejos de este ideal. El interés material y el
dominio sobre los demás, el placer efímero están instalados en la conducta
de nuestra sociedad. Hábitos mal adquiridos que algunos equivocadamente
llaman cultura. Pero a la vez sentimos que estas conductas no hacen
felices a nadie. En su mensaje para este Domingo dice el fallecido Papa
Juan Pablo II "Cada vez estoy mas convencido que, en el ánimo de la nuevas
generaciones es mayor la atracción hacia los valores del Espíritu, mayor
el ansia de Santidad. Los jóvenes necesitan de Cristo, pero saben también
que Cristo quiere contar con ellos". El Papa no era pesimista, porque
percibía que en el alma de los jóvenes, está el ansia de algo que supere
esta mediocridad.
De esta capacidad
innata de captar, el Señor quiere despertar los pastores que conduzcan su
pueblo. Pero el corazón de los niños y los jóvenes necesita de modelos que
respondan a su deseo de entrega, y a una causa noble. Aún si los mayores
muchas veces no sabemos como interpretar las conductas de los jóvenes hoy
dice el Papa, "cuando se hace visible el rostro de Cristo con la palabra y
el ejemplo, los jóvenes están dispuestos mas fácilmente a aceptar su
exigente mensaje marcado por el misterio de la cruz”.
Se dice: los jóvenes
buscan la vida light, pero dice el Papa "en el fondo los jóvenes están
buscando algo. Algo que valga la pena". Cuando rogamos en la oración al
Señor de los sembrados que envíe obreros a la mies, pidamos también por
nosotros los mayores, que seamos auténticos discípulos de Cristo. La
adhesión multitudinaria de la juventud a Juan Pablo II, es una prueba que
la diferencia de edad no es una barrera entre las generaciones, si estamos
verdaderamente identificados con aquel que es nuestro guardián, que nos
conoce a cada uno por nuestro nombre. Los jóvenes podrán así descubrir al
pastor y escuchar su voz que los llama uno por uno. Y Él les agudiza el
oído para discernir las voces de los ladrones y asaltantes que quieren
trepar por muchos lados su corral. Dice el Papa: "La orante unión con
Cristo nos ayuda a descubrir su presencia incluso en momentos de aparente
desilusión, como les sucedía a los apóstoles que después de haber faenado
toda la noche exclamaron: Maestro no hemos pescado nada. En momentos así
es cuando hay que abrir el corazón a la onda de la gracia y dejar que la
palabra del Redentor actúe con toda su fuerza. Navega mar adentro".
Con esta palabra de
orden de Jesús Juan Pablo nos anima a poner nuestra confianza en el Señor
y a echar las redes. Pidamos por eso con insistencia que envíe pastores
según su corazón a la multitud enorme de ovejas que necesita de signos
creíbles del Buen Pastor.
En este domingo, además
debemos pedir al Señor que asista con su Espíritu a los cardenales y que
ellos elijan a aquel que el Señor mismo ya ha elegido para pastorear la
Iglesia. Nos hemos dado cuenta con Juan Pablo II qué importante es esta
figura del Pastor Universal de la Iglesia no solamente para los católicos.
Juan Pablo II fue y sigue siendo un signo para la humanidad. Porque en
verdad, el sucesor de Pedro es el Vicario de Jesucristo y Jesucristo es el
Señor de todos los hombres.
Pidamos al Espíritu de
Dios, que Él asista a nuestros hermanos Cardenales.
Quilmes, 17 de abril de 2005.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |