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PENTECOSTÉS
Homilía de
monseñor Luis Stöckler, obispo de Quilmes
15 de mayo de 2005 - Solemnidad de Pentecostés
Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Vieron aparecer unas
lenguas, como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de
ellos. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo. El Apóstol Pedro ese
mismo día cuando la multitud se asombró por los efectos de ese Espíritu
que habían recibido los discípulos de Jesús, les explico diciendo que fue
exaltado por Dios y que Jesús había recibido el Espíritu Santo y derramado
como ustedes pueden ver y oír. Jesús recibió el Espíritu Santo primero en
el seno de su madre, cuando fue engendrado por obra y gracia del Espíritu
Santo. Y lo recibió nuevamente cuando se bautizo en el Jordán al iniciar
su misión publica, y lo recibe por tercera vez cuando fue exaltado al
cielo y lo derrama sobre los discípulos.
Es el don del Espíritu
que Jesús da a aquellos que creen en el Él. El Espíritu Santo es don y lo
había sido siempre porque en el Espíritu se dona el Padre al Hijo, y el
Hijo se dona al Padre en el Espíritu. Los Padres de la Iglesia llaman al
Espíritu Santo ósculo, lo que significa beso. Es la entrega mutua entre el
Padre y el Hijo. Es la tercera persona en Dios. Y este don Dios lo derramó
sobre aquellos que creían en Jerusalén, y hoy lo sigue dando a aquellos
que creen en Él y se bautizan.
El Espíritu es el don
por excelencia. Cuando el Obispo confirma en la parte central de la
celebración dice "Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo". Es el
Espíritu que renueva permanentemente. Por eso la Iglesia siempre es Joven.
El Papa Benedicto XVI lo dijo: "La Iglesia está viva porque Cristo está
vivo". En los últimos acontecimientos de Roma nosotros palpábamos que el
Espíritu de Dios tiene mucha Fuerza. Este don nos transforma a cada uno de
nosotros en don para los demás. En cada uno decía San Pablo -el Espíritu
se manifiesta para el bien común-. Hay diversidad de actividades pero es
el mismo Dios el que realiza todo en todos. Juan Pablo II decía "Cada uno
de nosotros es un don para los demás. Tu eres un don para mi". Y así
debemos mirarnos, apreciarnos, porque el otro ha sido elegido por Dios y
ha recibido el don del Espíritu. Y ha recibido algo que yo no he recibido
de la misma manera, y entre todos formamos el cuerpo de Cristo donde se
manifiesta la variedad de los dones que el Señor ha desparramado sobre
nosotros en su iglesia. Por eso el Espíritu nos une: "Yo soy un don para
ti, y tu eres un don para mi". Es esta la fundamentación del amor. El amor
no es en primer término una apelación a nuestra voluntad sino que es un
don que el Señor nos ha dado. Al apreciarnos mutuamente vivimos el amor.
Dios es amor y Dios es don. Y lo que hemos recibido no lo podemos guardar
para nosotros y como decía Jesús: "Como el Padre me envió a mi, Yo también
los envío a Ustedes". Por eso Pentecostés es la Fiesta misionera por
excelencia. A partir de la llegada del Espíritu, enseguida la Iglesia se
expandió. Desde Pentecostés enseguida, los discípulos de Jesús pusieron en
práctica el mandato del Señor. "Ahora vayan a todo el mundo". Juan Pablo
decía: "Después de 2000 años de la Iglesia, recién estamos viviendo la
primavera misionera. Estamos en los comienzos". Nosotros ahora tenemos que
pensar en Asia. En el primer milenio Europa fue destinataria de la
Evangelización , en el segundo milenio América y Africa, y en el tercer
milenio es Asia el gran desafío. Allí vive más de la mitad de la población
mundial y los cristianos son apenas el uno por ciento. Cristo todavía no
es conocido en Asia. Y los que vivimos en América donde viven más de la
mitad de los católicos, tenemos la obligación de brindar los misioneros
para que el mensaje de Jesucristo sea llevado a los pueblos que lo
desconocen. Nosotros hemos recibido durante siglos los misioneros de
Europa. Ahora nos toca a nosotros. America ha llegado tu hora. Debemos
rezar con insistencia para que el Espíritu despierte en nosotros esta
mentalidad misionera. Que surjan hombres y mujeres, muchachos y chicas que
quieran llevar este mensaje a Asia. Sobre todo a China. Un sacerdote de
nuestra Diócesis esta bien en el corazón de Asia en Kasastán. Esto indica
que nuestra Iglesia esta viva, porque dando se recibe. Pidamos al Señor
que despierte en todos nosotros esta generosidad.
Queremos ser don, como
el Señor se ha hecho don para nosotros.
Cuando celebramos la
Eucaristía, en la plegaria eucarística se invoca al Espíritu dos veces.
Una cuando el sacerdote extiende las manos sobre el pan y el vino antes de
la consagración, para que el Espíritu transforme el pan y el vino en el
cuerpo y sangre de Cristo; y después siempre se invoca al Espíritu sobre
la misma asamblea. Para que nosotros junto con Cristo seamos una entrega
verdadera, seamos dóciles instrumentos del Espíritu.
Quilmes, 15 de mayo de
2005.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |