Documentos  
 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD


Homilía de monseñor Luis Stöckler, obispo de Quilmes
22 de mayo de 2005 -  La Santísima Trinidad



Evangelio (Juan 3, 16-18):

Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado, pero el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.


Catequesis

Mis Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Este día debemos hablar de Dios. Es el tema de esta fiesta de la Santísima Trinidad.

Si hay un solo Dios ¿Porque hay tantas religiones?

Así preguntan muchos. Y se escucha a veces: Ser Budista o Hindú, Musulmán o Judío, Animista o Cristiano, con tal que cada cual siga el dictamen de su conciencia. En cada una de estas religiones, y de otras no mencionadas, la respuesta a esta pregunta es diferente.

A diferencia de muchas de ellas, los Cristianos compartimos con los Judíos y los Musulmanes la convicción que realmente, hay un solo Dios. Además creemos que en todas las religiones se encuentran semillas de la verdad y que Jesucristo ha dado su vida por todos los hombres de todas las religiones y culturas. El Dios de los Cristianos no es el Dios para los Cristianos, sino es el Dios de todos los hombres. Es Dios, el único, para todos.

Pero hay una novedad en la comprensión de Dios, en el Cristianismo, que tiene consecuencias profundas en la comprensión del mismo hombre y su vida. Da una respuesta el Cristianismo a muchos de los interrogantes profundos. Con el documento del Concilio y la relación entre el Cristianismo, la Iglesia y las demás religiones hago estas preguntas:

¿Qué es el hombre?, ¿Cuál es el sentido y el fin de nuestra vida?, ¿Qué es el bien y qué el pecado?, ¿Cuál es el origen y el fin del dolor?, ¿Cuál es el camino para conseguir la verdadera felicidad?, ¿Qué es la muerte, el Juicio y la retribución después de la muerte?, ¿Cuál es aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos?. La respuesta de los Cristianos a estos interrogantes no es el resultado del razonamiento humano, sino viene de Jesucristo y su palabra. Él por ser de naturaleza divina y humana, nos ha revelado el misterio de Dios y del hombre. Dice el Concilio "Él que es imagen de Dios invisible, es también hombre perfecto".   

En Él la naturaleza humana asumida, no absorbida, ha sido elevada también en nosotros a dignidad sin igual. El Hijo de Dios con su encarnación, se ha unido en cierto modo con todo hombre, y esto vale no solamente para los Cristianos sino también para todos los hombres de buena voluntad en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió para todos y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola. Es decir la divina. Es esto propio del mensaje Cristiano. Jesús el Hijo eterno de Dios al asumir la naturaleza humana nos comunica la naturaleza divina que está dentro de su persona. Este es el gran misterio del hombre, que la Revelación Cristiana esclarece a los fieles. Esto no lo dice ninguna otra religión. El hombre es hombre y forma parte de esta creación o del universo.

Hay religiones que no hablan de un creador, sino dicen solamente que existen las cosas sin escudriñar en el origen. Por Cristo y en Cristo, se ilumina también el enigma del dolor y de la muerte, que fuera del Evangelio nos envuelve en la absoluta oscuridad. Cristo resucitó, con su muerte destruyó la muerte, y nos dio la vida para que hijos en el Hijo, clamemos en el Espíritu Abbá, Padre. En el Cristianismo Dios involucra al hombre en su propia vida. Dios se involucra en la historia del hombre. No hay separación sino una relación intimísima. No solamente Dios fue el creador y sostiene lo que ha creado, sino que en la resurrección de Jesucristo además, Dios afirma que el mismo pertenecerá para siempre a esta creación. Nosotros estamos llamados a participar en la transformación  que primero se ha dado en Jesús. Es el Dios de la Historia, no solamente el Dios del más allá. Así entendemos con Cristo el destino de cada hombre, y a la vez por conocer por Jesucristo la vida íntima en Dios, entre el  Padre, el Hijo y el  Espíritu Santo, y  comprendemos también la índole social del ser humano. Dice el Concilio "El Señor cuando ruega al Padre, que todos sean uno como nosotros también somos uno, sugiere una cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los Hijos de Dios, en la verdad y en la caridad".

Esta semejanza demuestra que el hombre, única criatura terrestre, a la que Dios ha amado por sí misma, no pueda encontrar su propia plenitud si nos es por su entrega sincera de sí mismo a los demás. En Dios el Padre engendra al Hijo, y al decir Padre, dice que el Padre tiene un Hijo, y cuando nosotros decimos Hijo decimos que hay una paternidad. Lo que nosotros llamamos en Dios personas, no son tres individuos separados. Por la revelación de Jesucristo, se define como persona a una relación que es absoluta. El padre se entrega al Hijo. El Hijo se entrega al Padre. Y por entregarse son personas. Así comprendemos lo que significa que Dios creara al hombre a su propia imagen y semejanza y que la Biblia diga: "Los creó varón y mujer". No creó a uno solo, creó varón y mujer, porque solamente nosotros al relacionarnos, somos de verdad personas. Llegamos así a la plenitud y a la felicidad. Del Cristianismo se deriva la promoción del bien común, el respeto por la persona humana, el respeto y amor a los adversarios, la igualdad esencial entre los hombres y la justicia social, la responsabilidad, la participación y la solidaridad.

No es casual que estos valores, hayan sido descubiertos y promovidos en la cultura Cristiana. Predicar el Evangelio a todos los hombres y bautizarlos, en nombre de la Santísima Trinidad tiene implicancias muy concretas para la vida de cada uno y para la convivencia entre todos. Cuando uno compara esta cultura que se ha gestado, a partir del Evangelio con raíces por supuesto en el Judaísmo, con otras culturas, se descubre las diferencias.

Uno comprende que este Evangelio de Jesucristo debe ser anunciado a todos los hombres. Al celebrar la Eucaristía el Padre nos invita a participar en el banquete de su Hijo, que nos entrega su Cuerpo y su Sangre, y con ellos nos entrega el don del Espíritu. Nos abre los ojos para descubrir su presencia en los hermanos y nos invita a vivir entre nosotros la comunión que hay en Dios. Celebrar la Eucaristía, en profundidad, es un anticipo del Cielo, y de esa entrega total y definitiva cuando Dios es todo en todos. Tratemos de vivir la Eucaristía así.


Quilmes, 22 de mayo de 2005.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.