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REVELACIÓN A LOS SENCILLOS.
VENGAN A MÍ LOS AFLIGIDOS
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
3 de julio de 2005 - Décimo cuarto domingo durante el año
Evangelio:
Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo,
tomando Jesús la palabra, dijo "Yo te bendigo Padre, Señor del cielo y de
la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se
las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido mi beneplácito.
Todo me ha sido entregado por mi Padre y nadie conoce al Hijo sino el
Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo
se lo quisiera revelar. Venid a mí todos los afligidos y sobrecargados, y
Yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de mí, que
soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es suave y mi carga ligera"
Catequesis
Mis queridos
hermanos y hermanas:
El Evangelio
de hoy es para los pequeños. No han sido y no son los sabios y los
prudentes, los científicos y los teólogos que entienden lo que Jesús
revela en estas palabras del Evangelio. A menos que tengan la actitud de
los pobres y sencillos que intuyen sin otras mediaciones el misterio de la
persona del Señor. En este texto se ha conservado uno de los pocos
momentos donde Jesús nos deja participar en su diálogo con el Padre. El se
llama aquí simplemente: el Hijo. Cuya identidad solamente el Padre conoce.
Como también la identidad del Padre la conoce solamente El Hijo, por ser
Hijo.
Esta afirmación
terminante ha quedado en la memoria de los discípulos que la escucharon de
la boca del Señor. Fueron los pequeños, como los mismos apóstoles que
Jesús había convocado de entre la gente sencilla del pueblo judío, y no
los escribas y dirigentes, a quienes Jesús se reveló y que reconocieron en
Jesús, al Mesías prometido que no solamente es el enviado de Dios, sino
su Hijo de manera única. Este texto en el contexto del Evangelio de Mateo,
como también en Lucas, llama tanto la atención que los exegetas habían
dudado si era original, y si no había sido influenciado por el pensamiento
de San Juan. Pero después observando con mayor minucidad. descubren que
sí, era autentico.
Los pequeños
considerados y despreciados como ignorantes, por los entendidos de la ley
mosaica sufrían bajo las normas que dictaban los escribas. El peso y el
yugo designa con frecuencia en el judaísmo el cumplimiento de la ley y los
escribas la habían sobrecargado con un número incalculable de
prescripciones que los simples y los ignorantes se esforzaban por
observar, sin saber distinguir lo necesario de lo accidental. A ellos que
por eso estaban afligidos y agobiados, los invita Jesús a cargar con su
yugo. San Pablo que en su etapa de Fariseo, había tratado de observar la
infinidad de preceptos, descubre con la revelación de Cristo que había
vivido como un esclavo, y que Cristo nos ha dado la libertad. Exhorta a
los cristianos de Galacia a mantenerse firmes para no caer de nuevo bajo
el yugo de la esclavitud.
Jesús no deroga la ley
pero simplifica su cumplimiento. Como cuando un rabino le pregunto ¿ cuál
era el mandamiento mas importante?, no nombró uno de ellos, sino les hacia
entender la motivación profunda de todos ellos, que es el amor. El alivio
que sentimos no se debe solamente a la comprensión de la ley según la
enseñanza de Jesús, sino sobre todo a que Jesús mismo se ha hecho pobre,
y en Él el hombre se comprende en su relación con el Padre. Cristo nos
deja participar en esta relación y nos descubre el rostro del Padre que
nos ama y nos anima a entregarnos con todo nuestro ser.
Desde nuestro Bautismo
la ley del amor esta escrita en nuestro corazón. y gracias a su impulso
somos capaces de responder al Padre con la confianza de hijos y de tratar
a los demás como hermanos. Hoy, en el horizonte del mundo entero Cristo
convoca nuevamente: "Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados
y Yo los aliviaré".
Así, invita a los que
no saben salir de los enredos de sus propias contradicciones y de los
conflictos de sus entornos. Nos propone cambiar la carga nuestra por el
yugo de Él. No nos seduce con promesas de bienestar físico y material y
menos impone su ley a los pueblos por las armas, en nombre de una
pretendida cultura cristiana. La persona y el mensaje de Jesucristo que
los cristianos debemos anunciar con claridad, y firmeza responde a su
llamada "Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón".
Jesús se dirige a cada
uno en particular, pero no reduce su invitación al ámbito intimo de la
persona. El Evangelio crea un estilo de vida compartida que comienza en
las comunidades cristianas pero que debe repercutir en los diversos
ambientes donde sus miembros se desenvuelven. La motivación mas fuerte,
para empeñarnos en la causa pública es para nosotros de orden religioso,
porque Cristo vino a establecer el Reino de Dios entre nosotros. Estamos
conscientes que este empeño va a ser siempre un comenzar como la siembra,
pero sabemos que la cosecha será el fruto de nuestra entrega humilde y
paciente.
Cristo viene ahora en
nuestra ayuda, en la eucaristía se hace uno con nosotros, para que con Él
carguemos con el yugo suave y la carga liviana que Él asumió por todos.
Quilmes, 3 de julio de
2005.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |