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MONSEÑOR NOVAK, UN HOMBRE EUCARÍSTICO
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, con motivo de cumplirse el 9 de julio, el
4º aniversario del fallecimiento del primer obispo de Quilmes, Mons. Jorge
Novak
(Iglesia Catedral, 8 de julio de 2005)
El Año de la Eucaristía ha sido motivo para preparar este aniversario de
la muerte de nuestro primer obispo con una novena, que recuerda enseñanzas
de su abundante magisterio, que hablan de este sacramento central de
nuestra fe. Son enseñanzas que trasmiten fielmente el mensaje del dogma y
de la moral de la Iglesia, pero con la connotación permanente de
relacionar la doctrina tradicional con la vida concreta, de tal manera que
nos hace sentir la actualidad casi provocativa de este misterio.
Así el obispo veía en
la fracción del pan el cuerpo de Cristo, destrozado en la familia, en la
Iglesia misma y en la sociedad; y entendía la comunión frente a tanta
fragmentación como el compromiso de reconstituir la unidad. Cuando
habla de la pasión de Cristo que se actualiza en la Misa, la relaciona con
el dolor de las situaciones de extrema emergencia que están viviendo
tantos hermanos. Y el sagrario, con la presencia permanente y entrañable
del Señor, lo señala como el lugar para recabar su ayuda en nuestros
dolores y caídas. Y así, en todas sus múltiples facetas, la Eucaristía
motiva la caridad, reclama la solidaridad, busca con ansia la unidad entre
los cristianos, impulsa a la misión, e invita a dar la vida. La dimensión
religiosa y la dimensión social están siempre unidas. Pero lo que le da
tanta fuerza a esta enseñanza y la destaca, es sobre toda la coherencia de
vida, con la cual Mons. Novak practicaba lo que predicaba.
Celebrar ahora la misa
en sufragio por su eterno descanso, nos compromete por eso a más que al
rezo de un responso. Debemos sentir su presencia y renovar nuestra
disposición de querer seguir su ejemplo y permitir que el Señor, presente
en la Eucaristía, pueda tocar nuestro corazón como lo podía hacer con el
suyo. Aquí se concreta ahora lo que la carta a los Hebreos decía: "Ustedes
se han acercado a una fiesta solemne, a la asamblea de los primogénitos
cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es
el Juez del universo, y a los espíritus justos que ya han llegado a la
perfección" (Hebr. 12, 22-23). Aquí no se trata solamente del recuerdo de
algo pasado, o de mirar una foto del difunto. Aquí entramos por Cristo en
comunión con nuestros seres queridos, y en este aniversario especialmente
con nuestro primer obispo, quien con Cristo y en él nos sigue acompañando.
Esta cercanía es posible gracias a la Eucaristía, donde el cielo baja a la
tierra, y donde el Señor resucitado nos une entre nosotros, y donde se
franquean los límites que pone la muerte.
Con esta certeza de su
cercanía quisiera recordar algunas expresiones de Mons. Novak,
Una primera sobre la
presencia real de Cristo en la Eucaristía. En una Carta Pastoral sobre la
Eucaristía de 1994 decía: "En cada uno de nuestros sagrarios vuelve el
Verbo encarnado a plantar su tienda entre nosotros, para acompañarnos.
Hablamos de la presencia del Amigo. ¿Cómo no vamos a tener una confianza
ilimitada en el Señor presente en el sagrario, si es el buen pastor que
dio la vida por nosotros?". Aquí el obispo nos deja ver su corazón de
hombre de oración. "Tener una confianza ilimitada en el Señor", no es una
frase hecha en alguien que fue probado en situaciones de alto riesgo,
tanto en su salud física como cuando acompañaba las familias de los
desaparecidos. Acá vemos, de dónde sacaba tanta fuerza moral. Delante del
sagrario nos habla de las maternales entrañas de ternura repitiéndonos la
invitación de Cristo: "Vengan a mí todos los que están afligidos y
agobiados, y yo los aliviaré" (Mt 11, 28). ¿No sería coherente aprovechar
este Año de la Eucaristía, para recuperar o profundizar en nuestras
comunidades la oración delante del Señor en el Sagrario?
Una segunda expresión
del obispo Jorge, que viene de la misma Carta Pastoral sobre el Misterio
Eucarístico, interpreta la exhortación de Jesús: "Ve, y procede tú de la
misma manera", que concluye la parábola del Buen Samaritano. Mons. Novak
acota que esta frase "no es un consejo, sino un mandato; un mandato de
quien es nuestro Maestro y Señor". Con esta afirmación hace entender que
el amar no es algo facultativo que dependa de la inclinación de algunos
pocos que lo sientan como una vocación personal. No es una cuestión de los
sentimientos. El amar es un mandato que vale para todos y siempre. No es
fortuito que el obispo lo diga en esta carta sobre la Eucaristía. Porque
su celebración tampoco es un consejo, sino un mandato: "Hagan esto en
memoria mía". Y los dos mandatos están íntimamente unidos, como el Señor
lo demostró, cuando antes de celebrar la Ultima Cena lavó primero los pies
a sus discípulos, también con el mandato de brindarse este servicio
mutuamente. Amar como un mandato, y no como un consejo, exige reciedumbre
y abnegación, y la disponibilidad permanente de ayudar a los que
encontramos postrados en el camino. La autenticidad de nuestras
eucaristías se ve después de la celebración. Todos y siempre somos
Cáritas; dentro del templo y fuera del templo.
Y una tercera expresión
del Obispo Jorge quisiera recordar, que viene de su testamento espiritual,
y relacionarla con la palabra de Cristo: "No hay mayor amor que dar la
vida por los amigos". Me conmueve su testimonio donde dice con sencillez:
"En mi ministerio episcopal hice en varias ocasiones oblación pública de
mi vida: con ocasión de la amenaza de guerra con Chile; cuando la batalla
de las Malvinas; al iniciar las misas mensuales con las familias de los
desaparecidos...No eran gestos improvisados, sino seriamente ponderados en
la oración...Pienso que la grave enfermedad que me postró en cama por
largos meses fue un signo de que Dios aceptaba mi reiterado ofrecimiento
sacrificial para aliviar el sufrimiento de nuestro pueblo." Y en este
testamento dice también: "He vivido y muero en comunión con los hermanos
de las demás Comunidades cristianas no católicas, a las cuales el Señor me
llevó a conectarme en la oración y en la acción evangelizadora". El
obispo usa aquí el término sacrificio, el mismo que usa la Iglesia para
expresar lo más profundo de la entrega de Jesús en la cruz. Es en la
Eucaristía donde el Señor nos invita a entregarnos junto con él al Padre,
para poder vivir y morir por los demás. Y hoy y ahora también el obispo
Novak con su ejemplo heroico nos alienta para liberarnos de nuestras
mezquindades y ofrendar nuestra vida con generosidad y confianza en el
Señor.
Recibamos ahora al pan
de vida. Él nos transforma, para que nosotros también seamos pan para los
demás.
Quilmes, 8 de julio de
2005.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |