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CORRECCIÓN FRATERNA
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
4 de setiembre de 2005 - Vigésimo tercer domingo durante el año
Evangelio: (Mateo
15, 18-20)
Jesús dijo a sus
discípulos: Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te
escucha , habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos
personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o
tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si
tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o
publicano. Les aseguro que todo lo que ustedes aten a la tierra, quedará
atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el
cielo. También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para
pedir algo, mi Padre que está en el Cielo se los concederá. Porque donde
hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.
Catequesis
Mis queridos
hermanos
El tema de hoy es la
corrección fraterna. Cuando hablamos de la Evangelización, decimos que
esto implica tanto el anuncio como la denuncia. No es suficiente
transmitir la buena noticia de parte de Dios, sino que hay que apelar a la
vez a los hombres para que cambien de actitud y dejen los malos hábitos.
Para el predicador y
también para los oyentes la denuncia suele producir una situación de
incomodidad y de tensión, y no pocas veces un distanciamiento entre los
dos. Y tanto el uno como el otro están tentados. De callarse el primero y
de desoír, el otro.
Esto se da no solamente
en el ambiente público, como aquí en la Iglesia, sino también en lo
privado de las casas, las amistades, el lugar de trabajo, las asociaciones
y las diversas organizaciones civiles. Así para evitar conflictos se
quiere justificar la indiferencia expresada en el conocido -no te metas-.
Pero en realidad se
crea un ambiente de sospecha, de murmuración y de acusación descontrolada
que no respeta la buena fama de los otros. La palabra de Dios no deja
ninguna duda de que no nos podemos desentender de los demás y que todos
somos responsables. Y no solamente de la propia vida sino también de la
suerte del prójimo.
Dios nos ha creado para
vivir en comunidad, porque no es bueno que el hombre esté solo. El dicho
"mejor vivir solo que mal acompañado", refleja el resentimiento de una
mala experiencia pero no es un consejo para vivir feliz. La ley del
antiguo testamento y el evangelio están dirigidos al pueblo de Dios en su
conjunto, porque la plena vida a la que estamos llamados es un don
comunitario. Solamente un ateo, puede decir que el infierno es el otro. La
Biblia en cambio define al hombre como imagen y semejanza de Dios, y da
por lo tanto a la relación social una dimensión religiosa.
El patriarca Jacob le
dice a su hermano Esaú en el momento de su reconciliación: " Ver tu rostro
ha sido lo mismo que ver el rostro de Dios". Desde que Jesucristo nos ha
revelado el misterio de la Trinidad entendemos mejor lo que significa ser
imagen y semejanza de Dios. Dios mismo es comunidad y por eso, todo lo que
fue creado lleva su impronta, y especialmente el hombre.
La manifestación mas
clara de la doble dimensión del ser humano es Jesucristo, en el cual
descubrimos a la vez el rostro humano de Dios y el rostro divino del
hombre. Jesús vino para derribar los muros y unir judíos y griegos,
esclavos y libres, varones y mujeres, para que seamos el único pueblo de
Dios. El vino a restaurar el Reino de Dios que es la comunión plena con
Dios y entre nosotros. Por eso las denuncias de Jesús, se dirigían contra
todos los que se consideraban puros, y marginaban sin piedad a los que no
cumplían con la observancia de la ley. El mismo cargó con los pecados de
todos. De fariseos y publicanos, judíos y romanos, de todos los hombres,
para entregarse en nuestro lugar y para hacernos uno con Él.
El Evangelio de Mateo
nos da hoy instrucciones muy precisas sobre la corrección fraterna. "Si tu
hermano peca contra ti el primer paso es la exhortación en privado".
Siempre hay que defender la buena reputación del otro y darle la
oportunidad de corregir su conducta sin ponerlo en evidencia. Si te
escucha habrás ganado a tu hermano, dice Jesús, es decir no solamente
lograste el cambio de conducta en él sino que entre ustedes dos se ha
establecido una relación de profunda fraternidad. El segundo paso si el
hermano no te escucha es repetir la amonestación bajo uno o dos testigos,
y se da así al otro y de manera discreta la oportunidad de tomar
conciencia de que su conducta atenta contra la comunidad y que no es la
divergencia con una persona particular. Recién cuando ni siquiera así
puede enmendarse, se presenta el asunto a la autoridad de la comunidad.
A veces viene gente a
mí, como Obispo, a quejarse de otra persona. Yo siempre pregunto ¿Ya habló
con esta persona? ¿Han respetado las enseñanzas de Jesús por la corrección
fraterna? Y si no ha hablado con la otra persona yo no tomo ninguna
medida. Primero hay que dar este paso, y recién después en tercer lugar
uno se dirige a la comunidad y a la autoridad de la comunidad.
Debemos defender
siempre la buena reputación del otro. Y darle siempre la oportunidad de
enmendarse sin que se evidencie lo que es criticable de él.
En caso que tampoco
quiera aceptar entonces sí será apartado de la comunidad. Pero aún así
esto se hace con el fin de salvarlo.
San Pablo dio esta
orden en la comunidad de Corinto donde se había presentado un caso de
incesto, un hombre se había juntado con su madrastra. Les escribe a la
comunidad: "Es necesario que ustedes y yo, nos reunamos espiritualmente en
el nombre y con el poder de nuestro Señor Jesús para que este hombre sea
entregado a Satanás. Así se perderá su carne pero no se perderá su
Espíritu en el día del Señor".
El mismo apóstol dice
en la segunda carta a los Corintios que el culpable no sea agobiado por
una pena excesiva, siempre tiene que prevalecer el amor. Y hoy dice en la
carta a los Romanos "El amor no hace mal al prójimo", por tanto es la
plenitud de la ley. Lo que el Señor enseña aquí, vale para todos los
ambientes no solamente entre nosotros acá. Como cristianos debemos atender
las enseñanzas de Jesús, y el trato con el prójimo debe regirse por estas
indicaciones que vienen del Señor mismo.
En tu familia, en tu
trabajo, en cualquier lugar. Somos responsables del otro. No podemos
callarnos, cuando el otro de verdad peca gravemente. Pero debemos hacerlo
al modo de Jesús.
El Señor asegura que la
determinación de la comunidad aquí en la tierra queda confirmada también
en el cielo, es decir lo que nosotros practicamos aquí tiene su
repercusión ahora ya y también después porque el cielo y también lo otro
ya se esta gestando ahora en esta vida. No es que ahora estamos viviendo y
después viene otra cosa, cuando llega el momento solamente se saca el velo
y nosotros descubrimos donde estamos parados. No es que el Señor condena,
sino nosotros nos condenamos ahora, ya. O nos salvamos ahora, ya. Y nos
salvamos siempre juntos.
Con esto mis queridos
hermanos debemos tomar conciencia que esta es tarea de cada uno, y en esto
nadie se sustituye, si tu hermano peca y tu te diste cuenta, tú entonces
eres el responsable de él, no es el otro, tú lo eres.
El Señor dice: donde
hay dos o tres que se reúnen en su nombre y piden al Padre, el Padre les
concederá lo que piden. Hay vemos de vuelta la fuerza de la comunidad. No
te desentiendas de tu prójimo, busca al otro, reza con él, integra la
comunidad, porque si quieres salvarte desde ahora debes ensayar esta
relación de hermanos. Porque el cielo será esto.
¿O quieres
acostumbrarte a vivir solo para siempre?.
¿Te imaginas la vida
eterna con una eterna soledad?.
Así nos reunimos aquí,
y hablamos, y rezamos, y pedimos, en el nombre de Jesús, por todos los
demás.
Quilmes, 4 de setiembre de 2005
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |