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ES UN DEBER TRANSMITIR EL MENSAJE DE jESÚS


Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
9 de octubre de 2005 -  Vigésimo octavo domingo durante el año


 

Evangelio: Mateo  22, 1-14

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los fariseos diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero éstos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto. Vengan a las bodas. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron uno a su campo, otro a su negocio y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: El banquete nupcial está preparado pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren.  Los servidores, salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos; la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. Amigo , le dijo, ¿Cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta? El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: Atenlo de pies y manos y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. Porque muchos son llamados pero pocos son los elegidos.


Catequesis:

Mis queridos hermanos y hermanas en Cristo:

La coincidencia de este Evangelio del banquete nupcial, con el domingo de las misiones que celebramos hoy en la Argentina, es una buena llave para comprender el texto. La lectura continuada del Evangelio según San Mateo, nos trajo en los últimos domingos una serie de parábolas que Jesús dirigió a los sumos sacerdotes y a los ancianos de su pueblo. Igual que hoy todas las parábolas, terminan con la advertencia que se les quitará al pueblo Judío el Reino y que en adelante todas las naciones tienen acceso  a él. Los servidores que el Rey en esta parábola envía, eran los apóstoles. Jesús los envió cuando estaban con Él, y después de su resurrección para que salieran a los cruces de los caminos, e inviten a todos los que encontraban. Históricamente ha sido la ciudad de Antioquia en Siria en donde se formó una comunidad de judíos y paganos que por primera vez fueron llamados cristianos, y ha sido esa comunidad que comprendió que no hacía falta hacerse judío primero por la circuncisión, para ser discípulo de Jesús, y partícipe del Reino.

Fue una decisión trascendente que fue confirmada por los 12 en Jerusalén en el año 49. Y el Evangelio que acabamos de escuchar señala como consecuencia de este cambio, la destrucción de Jerusalén en el año 70 por parte de las tropas romanas, que destruyeron el templo e incendiaron la ciudad. A diferencia del proselitismo Judío que permitía la integración a su pueblo a los paganos cuando se circuncidaban y se sometían a la ley de Moisés, los cristianos no obligaban a nadie a cambiar de nacionalidad. Por el contrario entendían como San Pablo, que Cristo había derribado los muros que existían entre razas , culturas, clases sociales y sexos. El Hijo de Dios que había asumido nuestra naturaleza humana unió en si a todos los hombres. Es esta la base de la misión cristiana . Todos los hombres tienen acceso a Dios a través de Jesucristo. Esta buena nueva hay que anunciarla a todos los pueblos. Todos los hombres tienen el derecho a enterarse de esta noticia. Y para aquellos que ya forman parte del pueblo de Dios, es un deber transmitirla.

Se ha dado un cambio sustancial cuando Pablo sobre todo defendió la libertad de aquellos que querían ser cristianos y que tuvieran que someterse a la ley de Moisés y sus prescripciones, como los fariseos la entendían. "Cristo nos ha liberado" dice Pablo. Y gracias a esa decisión el cristianismo no ha quedado solamente como un grupito dentro del pueblo judío sino se ha transformado en el pueblo de Dios que abarca todas las naciones. En la fiesta de la Catedral de San Pedro, Juan Pablo II nos envió su último mensaje para la jornada de hoy. En el marco del año de la Eucaristía nos señala la dimensión misional de este sacramento y quiero leerles de este mensaje algunos párrafos:

"La comunidad eclesial cuando celebra la Eucaristía de manera especial el domingo, día del Señor, experimenta  a la luz de la fe, el valor del encuentro con Cristo resucitado y adquiere cada vez más conciencia que el sacrificio Eucarístico es para todos. Si uno se alimenta del cuerpo y de la sangre del Señor crucificado y resucitado no puede tener solo para sí mismo este don, al contrario es necesario difundirlo. EL amor apasionado por Cristo conduce al anuncio valiente de Cristo. Anuncio que con el martirio se convierte en ofrenda suprema de amor a Dios y a los hermanos. La Eucaristía apremia a una generosa acción evangelizadora, y a un compromiso activo en la edificación de una sociedad más equitativa y fraterna. De todo corazón deseo que el año de la Eucaristía motive a todas las comunidades cristianas a caminar con generosidad fraterna al encuentro de alguna de las múltiples pobrezas de nuestro mundo. Esto  porque por amor mutuo y en particular por la atención a los necesitados se nos reconocerá como verdaderos discípulos de Cristo". "En base a este criterio se comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones eucarísticas. La jornada misionera mundial constituye una oportuna circunstancia para tomar conciencia de la urgente necesidad de participar en la misión evangelizadora, en las que se encuentran comprometidas las comunidades locales y tantos organismos eclesiales y de modo particular las obras misionales pontificias y los institutos misioneros". "Además de la oración y el sacrificio espera esta misión también un apoyo material concreto. Una vez más aprovecho la ocasión para subrayar el precioso servicio que realizan las obras misionales pontificias, e invito a todos a apoyarlas con una generosa colaboración espiritual y material".  Que la Virgen madre de Dios los ayude a revivir la experiencia del cenáculo, para que nuestras comunidades eclesiales sean auténticamente católicas es decir comunidades donde la espiritualidad misionera que es comunión íntima con Cristo, se sitúa en íntima relación con la espiritualidad eucarística, que tiene como modelo a María, mujer eucarística. Comunidades que permanecen abiertas a la voz del espíritu y a las necesidades de la humanidad. Comunidades donde los creyentes y especialmente los misioneros, no dudan en hacerse pan partido, para la vida del mundo. A todos mi bendición".

Esta bendición nos la da hoy Juan Pablo II desde el Cielo. Yo quiero bendecir a todos aquellos que por su oración por el ofrecimiento de su sufrimiento, y también por sus aportes materiales quieren apoyar eficazmente la obra misionera de la iglesia. Queremos rezar especialmente por los misioneros argentinos que están en el exterior tanto, sacerdotes, religiosos, religiosas, y también unos cuantos laicos que están en el frente misionero y entre ellos Juan José, de nuestra diócesis,  que esta en Kazajstán, a quien le escribí en nombre de toda la comunidad para este domingo.

Seamos generosos porque el mensaje de Jesús hay que difundirlo.

Los pueblos tienen  derecho de enterarse de esta noticia.


Quilmes, 9 de octubre de 2005
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes


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