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La moneda del César
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
16 de octubre de 2005 - Vigésimo
noveno domingo durante el año
Evangelio (Mateo 22 15-21):
Los
Fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus
afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con uno herodianos,
para decirle: Maestro, sabemos que eres sincero y que
enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la
condición de las personas, porque Tú no te fijas en la categoría de
nadie. Dinos que te parece: ¿Está
permitido pagar el impuesto al César o no?. Pero Jesús conociendo su
malicia les dijo: Hipócritas. ¿Por qué me tienden una trampa?
Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto.
Ellos
le presentaron un denario. Y Él les preguntó, ¿De quién es esta figura
y esta inscripción? Le respondieron: Del César. Jesús les dijo: Den al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Catequesis:
Mis queridos hermanos:
La
respuesta de Jesús a la pregunta tramposa de los fariseos y de los
herodianos, dejó perplejos a sus contrincantes. Pero a la vez orienta
a los que preguntan seriamente sobre la relación entre el poder
espiritual y el poder temporal. En todas las culturas se ha tenido que
definir esta relación para garantizar el gobierno de la comunidad. En
el pasado en la mayoría de los pueblos los gobernantes, se han
revestido de la aureola divina para reclamar el sometimiento total a
su autoridad absoluta.
En
Israel desde Moisés no hubo reyes, sino solamente jueces que aplicaban
la ley de Dios, único soberano del Pueblo. Cuando a instancias de la
gente el profeta Samuel unge a Saúl como primer rey, comenzó una
historia conflictiva en la que los profetas continuamente tenían que
intervenir para que los reyes no imitaran a los poderosos de los otros
pueblos, sino que confiaran exclusivamente en el poder de Dios. En
tiempos de Jesús el pueblo Judío estaba dividido en tres corrientes
políticas, los herodianos, ligados a los saduceos y que se habían
acomodado con los romanos, luego los fariseos que no reconocían la
autoridad del César pero pagaban el impuesto a Roma y los zelotas que
consideran un sacrilegio pagarlo por cuanto los Césares se dejaban
venerar como Dioses.
La
trampa que tendieron a Jesús con la pregunta si había que pagar o no
el impuesto, consistía en enfrentarlo o con Roma, o con el pueblo. No
es difícil encontrar hoy planteos similares, con respecto al conflicto
de poder. Nuestro pueblo es religioso y los que quieren ser sus
representantes, muchos por lo menos, suelen presentarse como gente de
la Iglesia. Por eso la respuesta de Jesús es importante y sigue
vigente. La cuestión es cómo hay que entender el poder temporal desde
la fe. La primera lectura nos sorprende con la apreciación que hace el
profeta Isaías, de Ciro, rey de Persia, quien había vencido sobre
Babilonia y liberado a los judíos que vivían allí exiliados y
esclavizados. El Señor lo llama a Ciro su Ungido, es decir, el Mesías,
sin que éste conociera a Yahvé. Con esto La Biblia dice que los que
están revestidos de autoridad participan del poder de Dios. No hay
otro que podría otorgarlo. "Yo soy el Señor y no hay otro, no hay
ningún Dios fuera de mí", decía el profeta. Jesús afirmo esta verdad
cuando estaba ante Pilatos y este le amenazó: "No sabes que tengo
autoridad para soltarte y también para crucificarte". Jesús le
respondió: "Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad si no la
hubieras recibido de lo alto". Lo alto quiere decir de Dios.
Esta
palabra de Cristo vale también hoy. El poder que el pueblo otorga en
la Democracia, a través del voto a los gobernantes sigue siendo el
poder de Dios, porque no hay otro. El único absoluto es Dios. El que
tiene clara esta ecuación no se deja confundir con planteos políticos
que se presentan como únicos y definitivos. La respuesta de Jesús:
"Den al César lo que es del César", no significa reconocer el poder
temporal como absoluto. En el caso presentado a Jesús se trataba de un
gobierno de facto al cual los adversarios habían reconocido por usar
las monedas con la efigie del César, y que eran acuñadas en Roma.
Pagar
el tributo no significaba revelarse contra Dios. La garantía de
nuestra libertad frente al poder de los hombres es la segunda parte:
"Den a Dios lo que es de Dios". En realidad esta es la divisa primera.
El que busca en todo y por sobre todo, hacer la voluntad de Dios, se
ubica correctamente frente al poder temporal y le da lo que le
corresponde. En vísperas de las elecciones del próximo Domingo, es
bueno y necesario fijarse en las actitudes de los candidatos. No se
fijen en las listas, no se fijen tanto en los partidos, sino fíjense
en las personas. Como cristianos no podemos dar nuestro apoyo a los
que quieren legitimar el atentado contra la vida, en sus comienzos y
en su final. Del mismo modo debe ser salvaguardada la tutela y la
promoción de la familia. La familia no puede ser jurídicamente
equiparada a otras formas de convivencia. Y no puede quedar afuera de
nuestra consideración el desarrollo de una economía que esté al
servicio de la persona y del bien común y especialmente de los pobres.
Pidamos al Señor, para nosotros, LUZ, para ver con claridad, y para
los que salgan elegidos, la voluntad sincera de querer SERVIR al
pueblo.
Quilmes,
16 de octubre de 2005
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |