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SAN
ALBERTO
HURTADO
Y
EL
AMOR
AL
PRÓJIMO
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
23 de octubre de 2005 -
Trigésimo domingo durante el año
Evangelio (Mateo 22,34-40):
Cuando
los fariseos se enteraron que Jesús había hecho callar a los saduceos,
se reunieron con Él y uno de ellos que era doctor de la ley le
preguntó para ponerlo a prueba "Maestro, ¿Cuál es el mandamiento más
grande de la Ley?". Jesús le respondió. "Amarás al Señor, tu Dios, con
todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el
más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al
primero. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos dependen toda la ley y los Profetas".
Catequesis
Mis
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
El
mandato del doble amor encuentra en la primera lectura que viene del
libro del Éxodo la llave para entenderlo. Amar no es un sentimiento
sino una acción concreta frente a los que están abandonados; como los
extranjeros, las viudas y los huérfanos. Dios escucha su clamor y los
defiende con la amenaza que quienes no los socorren morirán y sus
propias mujeres e hijos, sufrirán la suerte de aquellos a los que no
han acudido. Dios es compasivo para con los pobres que viven a nuestro
lado y no se les debe exigir a ellos ningún interés cuando piden un
préstamo. Cristo liga el amor a Dios con el amor para con el prójimo y
dice que debe ser tan exigente como el amor propio. El Apóstol San
Juan insiste en esta ligazón cuando dice: "El que dice que ama a Dios
y no ama a su hermano es un mentiroso. Como puede amar a Dios a quién
no ve, el que no ama a su hermano a quién ve".
En
este Domingo el Santo Padre canonizará a un sacerdote jesuita de
nuestro continente, el padre Alberto Hurtado de Chile. Testigo
apasionado del amor a Cristo, era un hombre que había vivido la
mística del prójimo. Él descubría a Dios en Cristo y a Cristo lo
descubría en el prójimo. En un retiro en Octubre de 1944 mientras
predicaba el Evangelio de la multiplicación de los panes, el Padre
Hurtado de improviso se demudó. Los asistentes reproducen sus palabras
"Tengo algo que decirles", ¿Cómo podemos seguir así. Anoche no he
dormido. Creo que a ustedes les hubiera pasado lo mismo al ver lo que
me tocó ver. Iba llegando a San Ignacio (un colegio), cuando me atajó
un hombre en mangas de camisa. a pesar que estaba lloviznando. Estaba
demacrado, tiritando de fiebre. Ahí mismo a la luz del farol vi como
tenía las amígdalas inflamadas. No tenía donde dormir y me pidió lo
necesario para pagarse una cama en una hospedería. Hay centenares de
hombres así en Santiago y son todos hermanos nuestros. Son hermanos
nuestro realmente sin metáforas. Cada uno de estos hombres es Cristo.
¿Y que
hemos hecho por ellos?. ¿Que ha hecho la Iglesia por esos hijos que
andan por las calles bajo la lluvia y duermen en las noches de
invierno en los huecos de las puertas y suelen amanecer helados? Estas
cosas pasan en un país cristiano, donde un mendigo puede morir a la
puerta de la casa de cualquiera de ustedes. Qué vergüenza para todos
nosotros. "
Este
episodio que el Padre Hurtado sintió como la visitación de Dios,
provocó la decisión de consagrarse a los necesitados y servirles como
al mismo Cristo. Los niños de la calle y los sin techo eran sus
preferidos. Para ellos fundó el Hogar de Cristo. Pero no se conformaba
con la asistencia a los pobres sino motivó activamente la formación de
sindicatos de los obreros, e inspiró la fundación de un partido que se
orientara en los principios del Evangelio y la Doctrina Social de la
Iglesia. En esta línea rompe un concepto de vida espiritual que se
reduce al examen de conciencia, al cuidado de la pureza, al espacio
religioso, a la capilla y la piedad, a los sacramentos y a unas
cuantas prácticas devotas. La verdadera devoción (palabras de él), no
consiste solamente en buscar a Dios en el Cielo o a Cristo en la
Eucaristía sino también en verlo y servirlo en la persona de cada uno
de nuestros hermanos. ¿Cómo podríamos decir que uno ha comulgado
sacramentalmente con sinceridad el cuerpo eucarístico de Cristo si
después permanece duro, terco, cerrado frente al Cuerpo místico de
Jesús. ¿Cómo puede ser fiel a Jesús, a cuyo sacrificio eucarístico se
ha asistido en el templo, quien al salir del templo destroza la fama
de Cristo encarnado en sus hermanos? En conclusión Alberto Hurtado
exige avanzar simultáneamente en el cambio del corazón y el cambio de
las estructuras, ya que recíprocamente uno es condición del otro. La
construcción de este orden exige como condición la reforma espiritual
de acuerdo al modelo de Cristo. Pero por otra parte la misma
santificación no tendrá lugar a menos que se efectué una profunda
reforma social. El dirá "Esta reforma en la estructura es uno de los
problemas más importantes en nuestro tiempo y sin ella reformar la
conciencia es imposible". La vida ejemplar del Padre Hurtado terminó
en 1952 a los 51 años de edad , por un cáncer.
Quedó
en la memoria de los que lo visitaban la expresión suya: "Contento,
Señor, contento".
Este
es un Santo latinoamericano, Es un Santo de nuestro tiempo. La
Eucaristía nos pone en comunión con Él, ya que ahora fue declarado
Santo. La Eucaristía nos interpela para que escuchemos su mensaje.
Permitamos que la Eucaristía nos transforme, porque nos hace capaces
para vivir el don de Amar a Dios y al prójimo.
Quilmes,
23 de octubre de 2005
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |