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LA ESPERA DEL ENCUENTRO
CON CRISTO
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
6 de noviembre de 2005 -
Trigésimo segundo domingo durante el año
Mateo 25, 1-13
Evangelio:
Jesús dijo a sus
discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos será semejante a diez
jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de
ellas eran necias y cinco prudentes. Las necias tomaron sus lámparas,
pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus
lámparas y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se
hacía esperar les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a
medianoche se oyó un grito "Ya viene el esposo , salgan al encuentro".
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las
necias dijeron a las prudentes: "¿Podrían darnos un poco de aceite,
porque nuestras lámparas se apagan?. Pero éstas respondieron: "No va a
alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado".
Mientras tanto llegó el esposo. Las que estaban preparadas entraron
con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las
otras jóvenes y dijeron "Señor, Señor, ábrenos". Pero Él respondió:
"Les aseguro que no las conozco". Estén prevenidos, porque no saben el
día ni la hora.
Catequesis
Mis Queridos
hermanos:
Los últimos
Domingos del año litúrgico nos hablan del fin del mundo y del Juicio.
La parábola de las diez jóvenes que fueron con su lámpara al encuentro
del esposo ha sido interpretada por los cristianos de la iglesia
primitiva, como una alusión a la venida de Cristo. No es la única vez
que Jesús habla del Reino como un banquete nupcial y que los invitados
deben estar preparados para poder participar y que habrá quienes se
quedarán afuera. En el Credo decimos que Jesucristo está sentado a la
derecha del Padre y desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a
muertos. Los que estamos acostumbrados a repetir la profesión de Fe
todos los Domingos, no nos solemos exaltar por eso. Hace 2000 años que
la Iglesia lo repite y lo dice, y podemos tener la sensación que la
llegada no es inminente. Debemos estar alertas.
El Catecismo de la
Iglesia Católica resume lo que está por venir con estas pocas
palabras:
"Cristo el Señor
reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están sometidas todas las
cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar
sin un último asalto de las fuerzas del mal. El día del Juicio, al
fin del mundo, Cristo vendrá en la Gloria para llevar a cabo el
triunfo definitivo del bien sobre el mal, que como el trigo y la
cizaña habrán crecido juntos en el curso de la historia. Cristo
Glorioso al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos,
revelerá la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada
hombre según sus obras y también según su aceptación o su rechazo de
la gracia."
Mis hermanos, aún
cuando el Señor tarda para volver en su Gloria, la parábola siempre es
actual porque a todos y a cada uno nos tocará tarde o pronto el
momento en que escucharemos aquel grito: ¡Ya viene el esposo!
Entonces la lámpara debería estar encendida para salir a su encuentro.
Estén prevenidos nos advierte la parábola al final, porque no saben el
día ni la hora. No sabemos si todos los que estamos hoy en esta misa
también vamos a estar el próximo Domingo. Estar a la espera para que
esa hora no nos sorprenda como un ladrón en la noche, trae como
recompensa que ya ahora empezamos de cierto modo a anticipar lo que
estamos esperando. Por lo pronto nos motiva para buscar la comunión
con el Señor en la oración y sumergirnos en Él, que viene a
transformarnos y a hacernos gozar, ya ahora, del cielo. La unión con
Él, nos libera de lo transitorio y nos empuja para adelante. Vivir el
éxodo y el encaminarnos a la tierra prometida, nos preserva de
quedarnos petrificados en el camino como la mujer de Lot que no
resistió a la tentación de mirar atrás, hacia los lugares de la
perdición.
Estar a la espera
relativiza las pérdidas y los daños que uno puede sufrir ya que
estamos concientes que de todos modos debemos desprendernos de todo
aquello que no nos podemos llevar. La espera nos da
una gran libertad para prescindir de las cosas y a la vez para
disfrutar de las mismas sin identificarnos con ellas. La esperanza nos
quita la nostalgia del pasado, y los miedos al futuro y motiva a vivir
cada instante en plenitud. San Ignacio de Loyola recomienda a los que
deben tomar una decisión muy importante que considerasen como si
estuviesen ante la muerte, la forma y medida que entonces querrían
haber tenido en el modo de la presente elección. La certeza de nuestro
encuentro con Cristo cara a cara y el Juicio según nuestros actos,
ayuda a tomar conciencia de nuestra responsabilidad en todo lo que
emprendemos y omitimos. Nos mantiene despiertos para estar preparados
para cuando venga el Señor.
La celebración de
la Eucaristía anticipa este encuentro sacramental.
"Ven Señor Jesús"
exclamamos después de la consagración y nos disponemos así a invocar
al Señor a apurar su vuelta para que los acontecimientos del mundo no
nos confundan y las fuerzas del mal no nos quiten la Fe.
A Él esperamos,
para entrar con ÉL, en la fiesta de las bodas eternas.
Quilmes,
30 de octubre de 2005
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |