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LA NAVIDAD Y LA ESPERANZA EN CRISTO QUE
ESTÁ POR VENIR
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
27 de noviembre de 2005 -
Primer domingo de Adviento
Evangelio (Marcos 13, 33-37):
Estén preparados y vigilando ya que no saben cual será el momento.
Cuando un hombre sale al extranjero dejando su casa al cuidado de sus
sirvientes, cada cual con su oficio, al portero le manda estar
despierto. Lo mismo ustedes: estén despiertos ya que no saben cuando
regresará el dueño de casa. Puede ser al atardecer o a la medianoche,
o al canto del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de repente y
los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes se los digo a todos:
estén despiertos.
Catequesis
Mis
Queridos hermanos y hermanas:
Comenzamos el año de la Iglesia. El adviento, tiempo de preparación
para la Navidad.
Repetimos la historia de Jesucristo desde su nacimiento hasta la
fiesta de Cristo Rey que celebraremos dentro de un año. Sin embargo no
será igual al año que acabamos, porque la celebración litúrgica no es
un simple recuerdo sino memoria de los hechos salvíficos que se
actualizan en el presente. El año litúrgico es como la rueda de un
automóvil que no cambia en sí al dar vueltas pero sí lleva a los
viajeros a descubrir nuevos paisajes a medida que adelanta en el
camino.
¿Qué
esperamos del adviento?. El tiempo antes de Cristo y después de Cristo
parecería que no marca ninguna diferencia. El anhelo de la paz
mesiánica prometida en el Antiguo Testamento no se ha cumplido
todavía. Cristo anuncia el Reino y sin embargo la violencia y las
discordias entre los pueblos no han desaparecido. No podemos ver
grandes diferencias entre países de tradición cristiana y otras
culturas. Las injusticias las observamos en todas partes incluso
debemos admitir que los genocidios monstruosos del siglo pasado se
dieron justamente en países que alguna vez habían sido evangelizados,
y los cristianos no han podido impedirlo. Los hechos nos enseñan que
la oración del profeta Isaías que hemos escuchado en la primera
lectura expresa hoy como en aquel entonces nuestra realidad.
"Tú
estás irritado y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes
contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura y toda nuestra
justicia es como un trapo sucio".
¿Que
significa entonces celebrar el adviento? Los textos que vamos a leer
en estos domingos preparan a la vez para la venida definitiva de
Cristo y a su primera venida en Belén. Hablan de la manifestación de
su gloria, de su epifanía en la debilidad. Hay que entenderlo como
una afirmación que la Fe en el Niño del pesebre es la fuente de
esperanza del Cristo que está por venir sobre las nubes. La grandeza
del Señor del Universo se prepara con la humildad del que vino a
servir y no a ser servido. Jesús nos lo advirtió "Seremos juzgados por
haberlo atendido en los pequeños, en los que tienen hambre y sed, en
los presos y en los enfermos, en los sin techo y sin ropa". Nos puso
sobre aviso y nos dice que perseveremos en vela, para que la rendición
de cuentas no nos tome de sorpresa.
La
Biblia nos exhorta a no dejarnos engañar por falsos profetas que se
presentan con signos llamativos y prometen en nombre de Cristo la
solución de los problemas económicos y condicionan el éxito en los
negocios como una prueba que uno no es un elegido de Dios. El adviento
nos enseña como en aquel entonces a los pastores y magos en Belén a
descubrir que la presencia de Cristo está en las pequeñas. Como el
portero de la casa debemos estar en vigilante espera y darnos cuenta
del Dios escondido que llama a nuestra puerta. En este sentido es
importante la asamblea dominical donde la palabra de Dios
permanentemente nos despierta del sueño de la comodidad y de la
conformidad con el mundo que ignora a Cristo.
Es
esencial que la celebración eucarística y especialmente la liturgia de
la palabra sean el terreno de una iniciación permanente de la
vigilancia en la Fe. Es aquí donde este Dios del universo se
manifiesta siempre de nuevo bajo los signos humildes del pan. No se
impone sino que nos invita. La aclamación después de la consagración
será así sincera y fuerte, cuando lo invocamos a Cristo con el grito
de la Iglesia primitiva: MARANATHA . Ven Señor Jesús.
Quilmes,
27 de noviembre de 2005
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |