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Trabajar en la evangelización sin
condicionamientos ajenos
Homilía de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
4 de diciembre de 2005 -
Segundo domingo de Adviento
Catequesis
Mis
Queridos hermanos:
Prestamos hoy atención a la lectura de la carta de San Pedro. Nos
habla de la espera escatológica. Es decir el fin de los tiempos.
Cuando esta carta fue redactada ya habían pasado varias décadas
después de la muerte y resurrección de Cristo. La convicción de los
cristianos sobre que el Señor volvería pronto para el juicio final,
empezaba a flaquear. Había muchos cristianos que no lo habían conocido
a Cristo cuando estaba en la tierra, y sólo sabían de Él como nosotros
hoy, por el testimonio de los apóstoles. Al no sentir la urgencia de
la llegada del Señor la conducta de los miembros de las comunidades
cambiaba, y con el agravante que las autoridades del Estado no los
veían con buenos ojos a los cristianos, y se avecinaban ya las
persecuciones en las cuales el mismo Pedro muere violentamente.
Debía
haber buenas razones para seguir fieles a la enseñanza exigente de
Cristo, y para estar dispuesto a dar la vida por Él. En esta situación
la carta reafirma la Fe que el Señor cumplirá lo que había prometido.
Su tardanza es un signo de su paciencia. Porque no quiere que nadie
perezca y si que todos se conviertan. San Pablo explica esta tardanza
con el endurecimiento de una parte de Israel que durará como dice:
"hasta que hubiese entrado la totalidad de los regalos y entonces sí
Israel será salvado".
Si
aplicamos este criterio hoy debemos decir con Juan Pablo II que
estamos recién en la primavera de la evangelización y que tres
cuartas partes de la humanidad todavía no ha recibido el mensaje de
Cristo. El Papa no dijo esto para que nos quedáramos tranquilos sino
todo lo contrario, para que tomemos conciencia de la necesidad de la
misión. Si bien los paganos podrán salvarse por caminos que solo
Dios conoce como dice el Concilio, sin embargo quedaría la pregunta
si nosotros nos podremos salvar, y si por negligencia, por miedo, por
vergüenza o por ideas falsas omitimos anunciar el Evangelio. Esto lo
dijo Pablo VI.
Pedro
nos advierte con las palabras del mismo Jesús que el día del Señor
llegará como un ladrón, y ese día los cielos desaparecerán
estrepitosamente, los elementos serán desintegrados por el fuego y la
tierra con todo lo que hay en ella será consumida. Pero nosotros
esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la
justicia.
El
hombre en el cual en cierto modo se encuentra resumida la creación
entera en sus diversas manifestaciones, lo inerte, lo vital, lo
sensitivo, lo emocional, lo intelectual; no está solo en la espera de
su perfección. En efecto San Pablo dice "Toda la creación espera
ansiosamente esta revelación porque también la creación será liberada
de la esclavitud, de la corrupción, para participar en la gloriosa
libertad de los hijos de Dios". No sabemos como va a ser esta
transformación final, como tampoco ningún científico puede explicar lo
que ha sido el comienzo del Cosmos.
El
cumplimiento de ese anhelo de un mundo nuevo dice San Pedro deberíamos
entenderlo como una exhortación propia del tiempo del Adviento. Ya que
todas las cosas se desintegrarán de esa manera, que santa y piadosa
debe ser la conducta de ustedes esperando y acelerando la venida del
Señor y agrega: "mientras esperen esto, procuren vivir de tal manera
que Él los encuentre en paz". Es esto lo que Juan el Bautista llama:
preparar los caminos del Señor y allanar sus senderos.
Cada
uno debería preguntarse si con su conciencia está en paz, y si vive en
paz con los demás. Preparar el camino del Señor significa hacer todo
lo que está a nuestro alcance para que la paz reine en este mundo tan
conflictuado. El mundo nuevo comenzó con el hombre nuevo que era
Jesús. El mundo nuevo se hace presente en la Eucaristía en la cual un
pequeño pedazo de la creación obedece ciegamente a la palabra del
consagrante. El mundo nuevo se extiende a medida que nosotros
permitimos que Jesús en la Eucaristía nos pueda transformar y ser
signos de su presencia ahora y durante la semana, en los ambientes en
los que se desarrolla nuestra vida.
Mis
hermanos para terminar quisiera hacer alusión a una carta que se ha
repartido y que ustedes pueden llevar y leer. La Carta dirigida a
ustedes por los Obispos de la Argentina. Una carta que habla del
sostenimiento de la Iglesia y sobre todo, que respondan con
generosidad, para aprender a identificarnos con esta Iglesia, con
todo lo que somos y con todo lo que tenemos. Si nosotros pretendemos
que la Iglesia pueda vivir con autonomía debemos entender que nosotros
somos la Iglesia y solamente con el aporte de todos sus integrantes
será posible que la Iglesia tenga siempre esta libertad para trabajar
en la Evangelización sin condicionamientos ajenos.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes
Quilmes, 4 de diciembre de 2005. |