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TERCER DOMINGO DE ADVIENTO


Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
11 de diciembre de 2005 -  Tercer domingo de Adviento
 

Juan 1, 6-8.19-28

Catequesis

Mis Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Estamos en el tiempo del Adviento y como en el tiempo de la Cuaresma, estos son tiempos fuertes en la preparación de Navidad uno y de Pascua el otro. Siempre incluyen un Domingo donde se resalta la alegría. Antiguamente cuando celebrábamos la misa en latín, se llamaba a este domingo "Gaudete", que significa "alégrense". En la Cuaresma se llama "Laetare" con la misma finalidad, alegrarse. Cuando la Iglesia celebra estos Domingos no lo hace solamente para anticipar la alegría de la fiesta sino para hacernos entender que este mismo tiempo de preparación, que a la vez es de penitencia, se puede vivir bien solamente con alegría. No es primero la tristeza y después la alegría sino que el tiempo de la preparación hay que vivirlo con el gozo. Hemos escuchado la lectura de Pablo "Estén siempre alegres" y también del profeta Isaías con el texto en que el mismo Jesús explico para que había venido, cuando dijo: "He sido ungido para llevar la buena noticia a los pobres". Y termina después este texto (si bien Jesús no lo citó en la sinagoga, si lo dice Isaías) de esta manera: "Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios". Es la expresión que usó también la Virgen.

¿Cuál es el motivo de la alegría?. Cuando Pablo nos dice que estemos siempre alegres, con esto no apela simplemente a nuestra voluntad. Porque la alegría no se puede hacer por voluntad sino que tiene que tener una motivación, nacer de los mas profundo de nuestra alma. ¿Y cual es la fuente de la alegría? No somos nosotros mismos, es el Espíritu de Dios que está dentro nuestro. La fuente de la alegría es nuestra participación en la vida del Dios trinitario. Como dice Pablo "En Cristo Jesús". Ciento sesenta veces usa Pablo esta expresión en sus cartas: "EN CRISTO".

Es esta nuestra convicción, que no estamos solos, sino que estamos en Cristo y Cristo está en nosotros. Y esta realidad de la presencia de Dios en nosotros y de la presencia nuestra en Dios, es la fuente de la alegría; la comunión de vida con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Entendemos también cuando Pablo dice: "Oren sin cesar". Pablo no quiere decir que hagamos rezos permanentes, sino que estemos permanentemente en comunión con Dios. "Oren sin cesar". Un peregrino ruso quería saber como se hace esto. ¿Cómo se puede orar sin cesar? Entonces le pregunta a un campesino muy sencillo, después de haber preguntado primero a otra gente que parecía mas destacada. Este hombre sencillo le decía al comienzo: "Reza diez mil veces por día: Señor Jesús ten piedad de mi, pecador". Y él obediente lo hacía y después de un tiempo, vuelve para consultar a este sabio campesino que le dice: "En adelante reza mil veces "Señor Jesucristo ten piedad de mí, pecador". Después de un tiempo vuelve a preguntar ¿Cómo debo seguir?, pero ya se daba cuenta lo que se estaba produciendo en él. Y el campesino finalmente se lo dice: "no hace falta que lo repitas porque ya lo haces con tu corazón". Este hombre podía dedicarse a cualquier cosa y su corazón estaba rezando permanentemente "Señor Jesucristo ten piedad de mi, pecador", ya no como una fórmula sino como una actitud continua. Orar permanentemente sin cesar. Tomar conciencia que estamos viviendo en Dios permanentemente y que por eso también sin cesar podemos hablar con Él, por lo menos dejarnos mirar por Él, y mirarle los ojos a nuestro Señor. Den Gracias a Dios en toda ocasión, y en cuantas oportunidades tenemos. Desde que nos levantamos el Señor nos ha dado un nuevo día y es motivo para decir "¡Gracias!". Y a todas las cosas que recibimos durante el día, "¡decir Gracias!". Esto produce en nosotros una profunda paz, una felicidad, un gozo. Por eso el cristiano debe hacerse impermeable a la melancolía, la desconfianza y al desaliento. No hay nada tan anticristiano como la tristeza y no hay nada tan auténticamente cristiano como el gozo. Momentos negativos tenemos todos, pero cuando nos damos cuenta que esto se transforma en un estado triste de vida, entonces debemos ser cuidadosos porque esto nunca es de Dios y nos damos cuenta que el otro está metiendo la cola.

El otro sí, quiere hundirnos en la tristeza, nos seduce con tentaciones de placer pero siempre con la finalidad de hundirnos en la tristeza. Por eso: cuidado cuando le vienen a uno estados de ánimo de desaliento; esto hay que rechazarlo terminantemente, porque no es de Dios. Y después ya que vivimos en Cristo actuar con libertad, con espontaneidad, con arrojo, porque es el Señor que actúa en nosotros y permitir que Él pueda manifestarse a través de nuestra persona. Porque la ley nueva que es la ley del amor esta escrita en nuestro corazón. Ser cristiano no significa atender los diez mandamientos que viene de afuera, eso es como una consecuencia, sino es permitir que esta nueva ley, que esta escrita en nuestro corazón pueda actuar en nosotros, pues es el impulso del Espíritu. Y cuando el Espíritu actúa en nosotros hasta el yugo se hace suave y la carga liviana. Porque es cierto la vida no es un lecho de rozas, hay problemas y a veces problemas fuertes, pero cuando se tiene esta certeza de la presencia de Dios en nosotros se sobrelleva esas dificultades gracias a esa fortaleza que nos da el Espíritu, y uno no pierde el gozo.

Estamos ahora en el tiempo del Adviento y hay una motivación mas fuerte todavía, por eso la Iglesia nos propone este Domingo de alegría dentro del tiempo de preparación. Estamos a la espera del Señor, el que ya está en nosotros pero que se va a manifestar fehacientemente no solamente a nosotros sino al mundo entero y esta espera también es una motivación fuerte para no dramatizar los problemas que aparezcan. Uno se desprende así del mundo y entiende así el sufrimiento como bienaventuranza que prepara y anticipa el gozo del cielo. Es este el gran testimonio de los santos. Todos han tenido que pasar por pruebas muy fuertes, pero servía para su purificación, y también para poder participar ya con anticipación en lo que le mismo Señor había vivido. Los cristianos que asumen el sufrimiento que el Señor permite o les envía son el testimonio mas claro de lo que significa la transformación que a comenzado en nosotros ya a partir del bautismo. Como el padre Alberto Hurtado canonizado este año, el con su cáncer. Cuando le preguntaban ¿Padre como está?, él siempre contestaba " Contento Señor, contento". Es esto lo que la Iglesia nos quiere decir hoy.

La participación en la eucaristía debe significar para nosotros siempre un fortalecimiento de esta vida en Cristo. Porque Cristo viene a nosotros y se queda en nosotros. Estamos en Cristo por eso somos capaces de vivir con alegría. Mis queridos hermanos, que tengamos en nuestro rostro el reflejo de esta realidad. Que los otros puedan descubrir la presencia del Señor en nosotros por el gozo que vivimos. Que así sea.


Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes
Quilmes, 11 de diciembre de 2005.

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