|
LA EUCARISTÍA
EN NUESTRO CAMINAR COMO DIÓCESIS
Carta pastoral de monseñor Luis Stöckler, obispo de Quilmes
para la Cuaresma 2005
Hermanos y
hermanas en Cristo:
Con esta carta pastoral
de la Cuaresma quisiera responder a la propuesta de Juan Pablo II, que
declaró "Año de la Eucaristía" el tiempo desde octubre de 2004 a octubre
de 2005. En la carta apostólica "Mane Nobiscum Domine" (MND) con la cual
convocó a esta iniciativa, dice el Papa: "No pretendo interrumpir el
camino pastoral que está siguiendo cada Iglesia, sino acentuar en él la
dimensión eucarística propia de toda la vida cristiana." Él confía
que el Pueblo de Dios acoja con diligente docilidad y fervoroso amor su
propuesta, y cuenta con la solicitud de nosotros los Pastores. Quisiera
trasmitir esta solicitud de manera especial a ustedes, mis queridos
sacerdotes, diáconos, catequistas y todos los agentes de evangelización.
Nuestro camino pastoral está marcado por los dos Sínodos Diocesanos.
Aplicar la sugerencia del Santo Padre a nuestra diócesis, significa por
eso ir a la fuente de la vida cristiana para vivir desde adentro nuestro
compromiso con los cinco ejes de evangelización que se han formulado en
estos Sínodos: los Pobres, los Derechos Humanos, el Ecumenismo, la
Misión, y la Familia.
1. La Eucaristía y los Pobres
"No podemos hacernos
ilusiones: por el amor mutuo y, en particular, por la atención a los
necesitados se nos reconocerá como verdaderos discípulos de Cristo. En
base a este criterio se comprobará la autenticidad de nuestras
celebraciones eucarísticas", dice el Papa y pregunta: "¿Por qué, pues, no
hacer de este Año de la Eucaristía un tiempo en que las comunidades
diocesanas y parroquiales se comprometan a afrontar con generosidad
fraterna alguna de las múltiples pobrezas de nuestro mundo?" (MND 28).
Y yo quisiera agregar
la pregunta: "¿A qué se debe que en muchas comunidades los más pobres no
participan en las misas y quedan así privados del don más grande que el
Señor nos ha dejado? ¿No será que no hemos atinado en el modo de compartir
nuestros bienes materiales y que por eso se sientan humillados? ¿No
deberíamos preguntar a ellos mismos qué es lo que quisieran proponer para
nuestras Eucaristías? "En cada Santa Misa nos sentimos interpelados por el
ideal de comunión que el libro de los Hechos de los Apóstoles presenta
como modelo para la Iglesia de todos los tiempos. La Iglesia congregada
alrededor de los Apóstoles, convocada por la Palabra de Dios, es capaz de
compartir no sólo lo que concierne a los bienes espirituales, sino también
a los bienes materiales" (MND 22). Por eso, hasta que los pobres no
participen en la asamblea principal de la comunidad, no podemos quedarnos
quietos.
2. La Eucaristía y los Derechos Humanos
Escuchemos lo que dice
el Papa en su carta apostólica: "En este Año de la Eucaristía los
cristianos se han de comprometer más decididamente a dar testimonio de la
presencia de Dios en el mundo. No tengamos miedo de hablar de Dios ni de
mostrar los signos de la fe con la frente muy alta. La "cultura de la
Eucaristía" promueve una cultura del diálogo, que en ella encuentra fuerza
y alimento. Se equivoca quien cree que la referencia a la fe puede
fomentar actitudes de intolerancia. Quien aprende a decir "gracias" como
lo hizo Cristo en la cruz, podrá ser un mártir, pero nunca será un
torturador" (MND 26). Con estas palabras contundentes el Santo Padre
aclara que los errores de intolerancia que se han cometido invocando a
Dios, no se deben a las raíces cristianas, sino, por lo contrario, a la
incoherencia de cristianos con sus propias raíces.
"Sin el Creador la
criatura se diluye", dice el Concilio (GS 36). Esto "nos obliga a un
continuo "dar gracias" justamente a una actitud eucarística- por todo lo
que tenemos y somos" (MND 26).
La desintegración de la
sociedad en nuestro país y en el ámbito del conurbano bonaerense en
particular; la violencia y el miedo que se han instalado entre nosotros,
ciertamente se debe en parte a la pérdida de esta referencia
trascendental. Nuestra condición de ser imagen y semejanza de Dios define
los derechos y deberes de cada uno, antes de que la sociedad o el estado
establezca un orden jurídico. Esto comienza por la propia casa.
La Campaña de
Fraternidad que Cáritas Diocesana anima durante la Cuaresma, apunta a la
situación de violencia en muchos hogares, y nos invita a responder con
decisión a las angustias de aquellos que sufren sometimiento y vejaciones.
Apoyemos esta campaña que se ha puesto bajo el lema: "Con las mujeres y
los niños, contra el abuso y el maltrato". Los cristianos debemos ser los
primeros protagonistas del reclamo por el reconocimiento de la dignidad
humana. Si permitimos a Cristo que nos transforme en la Eucaristía, los
lazos entre nosotros se fortalecen y nos animamos a servir con audacia en
los diversos ámbitos de la sociedad.
3. La Eucaristía y el Ecumenismo
Quizás ningún otro
aspecto de nuestro camino pastoral nos haga sentir tan dolorosamente las
ausencias en la Eucaristía como la relación con nuestros hermanos
separados, con los cuales compartimos el Bautismo, la Sagrada Escritura, y
la Fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Mantenemos en nuestra diócesis
una amistad sincera con las así llamadas Iglesias históricas, con las
cuales nos encontramos con cierta frecuencia para compartir la oración, la
reflexión, y la acción especialmente en el terreno de los derechos
humanos. Confiamos en que este diálogo de vida, ayudará para que "el
ardiente deseo de celebrar juntos la única Eucaristía del Señor" (Enc. Ut
unum sint), venga un día no tan lejano como un regalo del Espíritu Santo
que actúa en todos los hombres. Pido se dé a esta súplica un lugar
preferido en la Oración de los Fieles, tanto más por cuanto estos hermanos
sufren como nosotros por el surgimiento de los grupos religiosos nuevos,
que decididamente evitan el diálogo. La fidelidad a Jesús, que en la
Última Cena pidió al Padre que todos sean uno, nos obliga a insistir en
esta misma petición.
4. La Eucaristía y la Misión
El mandato misionero de
Jesús es otro motivo más para acoger el Año de la Eucaristía celosamente.
La exclamación del apóstol Pablo: "¡Ay de mí si no evangelizo", manifiesta
los sentimientos de alguien que se ha hecho uno con Cristo. "No podemos
callar lo que hemos visto y oído", decía Pedro delante de las autoridades
judías. "La Eucaristía no sólo proporciona la fuerza interior para dicha
misión, sino también, en cierto sentido, su proyecto", dice el Papa. "En
efecto, la Eucaristía es un modo de ser que pasa Jesús al cristiano y, por
su testimonio, tiende a irradiarse" (MND 25).
Cada misa nos indica la
finalidad del sacrificio de Cristo: "por vosotros y por todos los hombres
para el perdón de los pecados", y termina siempre con el envío misionero.
La participación en la Eucaristía es fundamental para que nuestras
actividades pastorales no se desvirtúen en activismo desalmado, sino sean
fruto del encuentro con el único que puede salvar."Sin mí nada pueden
hacer", dice el Señor. Los misioneros argentinos, entre ellos también
algunos de nuestra diócesis, necesitan de nuestro respaldo para que su
trabajo sea fecundo. Pido este apoyo especialmente a los hermanos que
reciben la eucaristía en su lecho de enfermo. Uniendo su dolor al
sacrificio de Cristo, el sufrimiento se transforma en una herramienta
poderosísima de evangelización.
5. La Eucaristía y la Familia
Finalmente queremos
poner, con énfasis, la Eucaristía en el marco de la pastoral familiar. La
catequesis pre-sacramental en nuestras comunidades exige esta atención.
Después de múltiples consultas hemos decidido que la preparación para el
sacramento de la Eucaristía, llamada tradicionalmente Primera Comunión, se
haga en adelante exclusivamente en las parroquias. La fecha límite de
celebrarla en los colegios, es el año 2007. La razón de esta decisión es
el fin fundamental de esta catequesis: insertar a los niños, jóvenes y
adultos en la comunidad eucarística. Esto requiere, en primer lugar a los
responsables de la catequesis, la toma de conciencia de la centralidad de
la Eucaristía dominical.
Para los sacerdotes y
los equipos litúrgicos significa esto un desafío permanente, para que los
niños participen gozosamente en la asamblea principal de la comunidad. Y
también los padres han de descubrir, en su rol como los primeros
educadores en la fe de sus hijos, la importancia de la Eucaristía para
toda la familia. Su modelo es la familia de Nazaret. "Como de costumbre",
dice el evangelio, Jesús iba el sábado a la sinagoga. Ciertamente había
aprendido esta costumbre con María y José.
El resultado de una
catequesis bien hecha no se nota solamente por el conocimiento de la
doctrina, sino sobre todo en la adquisición de hábitos que se incorporen a
nuestra vida para siempre. Los que hicieron este aprendizaje, no necesitan
que se les recuerde la gravedad de faltar a misa. Me hago eco de la
apreciación del Santo Padre, cuando dice en su carta: "Aunque el fruto de
este Año fuera solamente avivar en todas las comunidades cristianas la
celebración de la Misa dominical e incrementar la adoración eucarística
fuera de la Misa, este Año de gracia habría conseguido un resultado
significativo. No obstante, es bueno apuntar hacia arriba, sin conformarse
con medidas mediocres, porque sabemos que podemos contar siempre con la
ayuda de Dios" (MND 29).
Termino así mi carta.
Entiéndanla como una invitación a compartirla en los diversos grupos de la
parroquia. Sean creativos para encontrar el modo concreto de vivir el Año
de la Eucaristía, de modo de que, al llegar el mes de octubre, sintamos la
satisfacción de haber progresado como personas y comunidades en el camino
pastoral de nuestra diócesis de Quilmes.
Los bendigo con mi amor
de Padre y Amigo.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes
Quilmes, 11 de febrero de 2005
|