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SALUDO
NAVIDEÑO
Saludo
de
monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
para la Navidad
(Diciembre de 2005)
Queridos
hermanos y hermanas en Cristo:
Con la
Fiesta de Navidad sentimos más que en otros tiempos el anhelo de estar
cerca de los familiares y amigos, y deseamos para todo el mundo la paz
y la concordia. Lo que aconteció en aquel entonces en la gruta de
Belén, despierta en nosotros la esperanza de que los hombres se
inspiren en el modo, cómo el Hijo de Dios ha asumido y compartido
nuestra vida. Este deseo se hace más fuerte frente a los sufrimientos,
causados por guerras irracionales, conflictos sociales y catástrofes
naturales, de los cuales moralmente no podemos desentendernos, aún
cuando nosotros mismos no estemos directamente afectados.
El
mensaje de paz de los ángeles en el nacimiento de Jesús es doble, como
la traducción de la palabra original, donde habla de los hombres. Paz
en la tierra a "los hombres que ama el Señor", dicen unos. Paz en la
tierra a "los hombres de buena voluntad", dicen los otros. La primera
versión nos hace entender que Dios toma la iniciativa y que la
salvación es obra de Él. La segunda traducción recalca la
responsabilidad nuestra y que el Señor no quiere ni puede hacer su
obra redentora sin nuestra humilde aceptación. Es consolador saber que
Cristo se hizo cargo de nosotros al asumir nuestra condición humana y
al entregar la vida en nuestro lugar. Y es dignificante que Él resida
en nosotros y nos haga partícipes en su vida divina que nos saca de
nuestras miserias y nos abre el horizonte de la vida en plenitud.
Vivir en gracia, llamamos esto. La gratuidad de nuestra existencia
cristiana nos preserva del voluntarismo frustrante que aflora, cuando
el hombre cree más en su propia sabiduría y atropella a los demás con
sus exigencias implacables. El Niño Dios no impone su mensaje, sino se
nos entrega sin defensas, apelando a nuestro corazón y buena voluntad.
Les
deseo, muy queridos en el Señor, que en esta Navidad hagan una
experiencia fuerte de la bondad misericordiosa de nuestro Dios, y que
en sus hogares sientan la serenidad y el amor, que percibían todos los
que se acercaban a María y José con el Niño en el pesebre.
En la
Noche Buena los tengo presente en mi oración. Con mi deseo de una
Feliz Navidad y un Buen Año Nuevo los bendigo con todo mi afecto.
Mons. Luis Teodorico Stöckler, obispo de Quilmes |