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SAN CAYETANO


Homilía de monseñor Joaquín Marinos Sucunza, obispo auxiliar de Buenos Aires durante la misa en San Cayetano de Belgrano, el 7 de agosto de 2004


Hoy estamos espiritualmente unidos a todos los que, en tantos lugares de nuestra patria, están haciendo lo mismo que nosotros: rezándole a San Cayetano, en su casa o en los templos. Estamos en una gran oración única presentándole la gratitud por el trabajo que se tiene, el pedido por el trabajo que no se tiene y rezando por todos aquellos que carecen de él.

La conciencia y la responsabilidad para que cada uno haga su trabajo, aquello que Dios le ha encomendado con mucha generosidad, con mucha entrega, no es simplemente cumplir, porque la ley del cumplir es la del mínimo y el amor no se guía por la ley del mínimo  porque no estaríamos haciendo del trabajo un acto de amor sino, simplemente, un acto de mezquindad.

Por eso le pedimos por lo que nos toca hacer, en cualquier orden de la vida, aquello a través de lo cual Dios nos encarga realizar algo para los demás y para gloria suya.

Estas son las intenciones comunes que tenemos, pero este año hay un acento particular. Las fiestas de los Santos también se tiñen de las prioridades que la Iglesia nos va poniendo y, en este momento, hay una palabra que resuena en nuestra patria y en el mundo, es la palabra Eucaristía. Redescubrir la Eucaristía. Las fiestas de los Santos y los distintos acontecimientos del ciclo litúrgico anual los “pegamos”, inseparablemente, a esto. La Navidad, la Pascua y la peregrinación a Luján, las miramos desde este ángulo, con el color de este anteojo.

El Papa nos lo subraya fuertemente: la esperanza y el futuro, para nosotros los creyentes, radica en descubrir que el centro, el punto clave de la vida, la fuente y el culmen, es alrededor de esto: la Eucaristía.

En menos de un mes estamos celebrando, en Corrientes, el Congreso Eucarístico Nacional, del 2 al 5 de septiembre, bajo el lema “Denles ustedes de comer”, la tarea misionera, que tenemos los cristianos, de cargarnos al hombro el mundo.

El lema está tomado de la multiplicación de los panes, en los momentos previos, cuando al atardecer; ante más de 5 mil hombres, sin contar las mujeres y los niños, los apóstoles le dicen a Jesús: “Despidamos a la gente para que vayan a sus casa y a comprar algo para comer”, y Jesús les dice: “Ustedes mismos denles de comer”. Los apóstoles le dijeron: “¿Qué les vamos a dar si tenemos 5 panes y 3 pescados? ¿Qué es eso para ésta cantidad de gente?”

Todos los cristianos vivimos nuestra fe, no simplemente como un movimiento hacia adentro, como aquello que nos constituye en el interior más hondo de cada uno, sino que descubrimos que eso rebota dentro nuestro y es la colaboración para que, unos a otros, nos ayudemos a fortalecer el sentido de la vida, la lucha y la fuerza.

Dentro de un mes estaremos unidos espiritualmente. Muy poquitos de los que estamos aquí, estaremos físicamente en Corrientes, pero espiritualmente, todos. En cada comunidad, todos.

Allí se celebrará el Congreso Eucarístico Nacional y ustedes verán que cada día tiene una consigna. El jueves 2: La Eucaristía nos convoca. Siempre la Eucaristía nos convoca. Hoy nos ha convocado porque es la que hace a la Iglesia que vive y se alimenta de ella.

El viernes 3: La Eucaristía nos reconcilia. Cuando nos convocamos nos damos cuenta de que hay distancias interiores, que con haber superado las exteriores no era suficiente, por eso la Iglesia siempre predica la reconciliación, por que juntarnos no es lo mismo que unirnos.

El tema del tercer día será la Eucaristía nos solidariza. No solo hace caer las divisiones, reconciliándonos, sino que profundiza esa relación en la solidaridad.

En la despedida, el domingo 5 de septiembre, el lema será La Eucaristía nos envía, como cuando el sacerdote, al final de la misa, dice: “vayan en paz”, es decir, vayan y lleven la paz.

Estamos iniciando el camino inmediato al Congreso Eucarístico Nacional.

El Papa anunció que quiere un Año de la Eucaristía, como hace poco tuvimos el Año del Rosario, que va a comenzar en octubre, a nivel mundial, para terminar en octubre del año que viene con el sínodo, la reunión de los obispos del mundo, que el Papa ha querido que tenga como tema “La Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana”.

Al tiempo del sínodo, el Santo Padre, uniendo todas las conclusiones, nos escribe un documento. Es decir, más allá de octubre del año que viene seguiremos “masticando” el documento sobre todo lo conversado. Tenemos, por lo menos, un camino de 3 o 4 años donde obsesivamente, nos vamos a concentrar, gracias a Dios, en la Eucaristía y así descubrir lo que Jesús significa para nosotros. Los valores hondos del corazón los queremos forjar allí, junto a Jesús en la Eucaristía.

No es simplemente ir a adquirir algo, como pasa con los alimentos. Cuando se come un trozo de pan, éste se hace persona. En cambio, cuando nosotros recibimos a Jesús no lo hacemos nosotros, sino que nosotros nos hacemos Él, porque lo grande asume a lo pequeño.

Esto es lo que buscamos, cuando comulgamos sacramentalmente o cuando la adoramos: llevarnos un proceso de afirmación de valores, un estilo de vida.

San Cayetano, en una carta, recomendaba a sus religiosos discípulos: “Cuando comulguen no utilicen a Jesús para sus criterios, comulgar es entregarse a Él para que nos marque el camino de la vida. Que aquel que forme nuestros valores, nuestra forma de amar a los demás, de entregarnos, de mirar los acontecimientos de la vida, sea Jesús”.

Por eso, para nosotros es clave la Eucaristía, es el centro de todo.

Vamos a pedirle a San Cayetano, que celebraba misa todos los días y por eso tenía esa sensibilidad y esa entrega que lo llevó a hacer todo lo que hizo, que nos de a cada uno de nosotros, ese amor a Jesús en la Eucaristía y el darnos cuenta de que es allí donde encontraremos la fuerza, la alegría y el consuelo, para nuestra vida y para contagiársela a los demás.


Mons. Joaquín Mariano Sucunza,
obispo auxiliar de Buenos Aires



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