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ÉL
PASÓ HACIENDO EL BIEN
Reflexión de monseñor Adolfo Armando Uriona, FDP, al final de su
consagración episcopal (8 de mayo de 2004)
Eminentísimo Sr. Cardenal Jorge Bergoglio
S.E.R. Sr.
Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini
Queridos
hermanos en el Episcopado, sacerdotes, consagrados y pueblo fiel
todo
Al preparar este mensaje pensé en hablarles de los sentimientos
contrastantes que brotan de mi corazón: temor y confianza; angustia
y gozo, dolor por el desprendimiento de mi familia religiosa y
alegría por la adopción de una nueva familia, y así tantas cosas…
Sin embargo dejaré todo este cúmulo de cosas en manos de María
Santísima y muy dentro del corazón de Don Orione.
Más bien quisiera
hablarles de algunas “certezas de Fe”; la roca en la que hoy, más
que nunca, quiero apoyar mi débil existencia.
Por eso, voy a
compartir brevemente con ustedes el texto de la Palabra de Dios que
inspiró el lema de mi consagración episcopal:
“ÉL pasó haciendo el bien…”
Esta frase se encuentra en el centro del ver. 38 del cap. 10 de los
Hechos de los Apóstoles y, a su vez, está inserta en el discurso que
Pedro hace en casa de Cornelio, el primer pagano que recibirá el
anuncio del Cristo muerto y resucitado.
Este gesto de
Pedro de entrar en casa de un pagano, que después le costará sus
serios disgustos con la Iglesia de Jerusalén, es trascendental.
Significará que la Iglesia comienza a ser “católica”, universal,
trascendiendo las estrechas fronteras de Israel. Se comienza a
perfilar la Buena Noticia de que toda la humanidad está destina a
ser Pueblo de Dios.
En los versículos
37-38 leemos:
“Ustedes ya saben
qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del
bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con
el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y
curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque
Dios estaba con él”
Pedro apela a
hechos conocidos pero les da su auténtica interpretación que va más
allá del simple aparecer histórico…
a. “Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo llenándolo
de poder”: Pedro se
refiere al hecho singular del bautismo de Juan donde el Espíritu de
Dios desciende sobre Jesús en forma de paloma y el Padre revela que
Jesús es el Hijo muy querido, el predilecto. Desde allí comenzará su
misión con poder.
Quisiera afirmar
con vehemencia la realidad de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero
Hombre: Él es el “HIJO”, el “ungido”; el “Camino, la Verdad y la
Vida”, sólo ÉL es el que puede dar sentido pleno a todas las cosas.
b.
Más adelante el texto continua:
“ÉL pasó haciendo el bien y curando a todos…”:
experimento que este versículo
ilumina de lleno mi misión episcopal.
Ante todo
“Jesús
pasó”: Cristo, el
Verbo de Dios eterno, al hacerse carne, ha querido asumir un destino
humano y con él la precariedad de una historia humana; por lo tanto
su vida fue un pasar, un tránsito muy breve por la historia de la
humanidad.
Quisiera ser muy
lúcido y ver con claridad este aspecto de la vida de un hombre en
esta tierra: su
precariedad.
“El hombre es como la hierba que
hoy existe y mañana se seca…”
Así es hermanos,
frente a la propuesta de este mundo “posmoderno”, que en su necedad
quiere aferrarse al presente como si fuera un “absoluto”, yo le
quiero gritar nuestra condición de “peregrinos”… No tenemos aquí
morada permanente y la vida es un tránsito, o mejor un peregrinar
–lleno de esperanza– hacia
la casa del Padre.
Ahora bien, no nos
equivoquemos; esta condición de peregrinos nos invita como
cristianos, a no evadirnos en el mundo que vendrá, a no huir hacia
el futuro sino a “hacer el bien” “aquí y ahora”. ¡Qué magnífica
oportunidad el Señor me concede de gastar mi vida por el bien de los
hermanos, así “cómo ÉL pasó
haciendo el bien”!
¡Como quisiera
poder ser como el Buen Samaritano y así curar las heridas de mis
hermanos que sufren tanto en el Cuerpo y en el espíritu con el óleo
de la esperanza y el vino de la alegría!
¡Le pido con
vehemencia a Dios que me ayude a vencer mi gran egoísmo y pueda
aprovechar los años que me quedan de vida, a fin de quemarla por los
demás, en especial por los más pobres! ¡Estoy convencido que la
diócesis de Añatuya será mi gran oportunidad!
Esto me lo enseñó
Don Orione, con su palabra y ejemplo…
Finalmente
continúa el texto diciendo:
c. “porque Dios
estaba con ÉL”: ¡cuánto
consuelo nos trae estos textos bíblicos los cuales nos aseguran esa
presencia divina que apuntala nuestra debilidad innata!
“Yo estaré
contigo” le decía Yavé a
Moisés, a Jeremías. “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”
les aseguraba el Cristo resucitado a los apóstoles, antes de
enviarlos.
Hoy deseo que el
Resucitado me lo diga a mí, porque lo necesito mucho, muchísimo.
Como sucesor de los apóstoles comparto con ellos su misma debilidad
y su enorme perplejidad ante la dificultad de la misión.
Cuando en la
Nunciatura, con el corazón acongojado por la noticia que el Sr.
Nuncio acababa de darme, le escribía al Santo Padre para aceptar el
nombramiento de Obispo de Añatuya, diciéndole:
“todo me queda grande, el episcopado,
la diócesis…, pero también que era Hijo de Don Orione y que renovaba
mi Fe en el Padre Providente que gobierna la historia grande de la
humanidad y nuestra pequeña historia personal…”
Por supuesto, la
PROVIDENCIA siempre está…, esto también nos lo enseñaba con su
testimonio nuestro Padre Fundador, Don Orione.
Quiero ir
finalizando con una Acción de Gracias…
¡Cómo no agradecer!!!
·
Al Padre que me ungió, como a su Hijo con el Espíritu Santo…
·
A
la Madre Iglesia, en la persona del Papa Juan Pablo II, “el dulce
Cristo en la tierra” que me eligió para esta misión…
·
Al Card. Jorge Bergoglio que preside esta celebración, “auténtico
padre y guía”…
·
A
mis hermanos en el Episcopado con los que quiero estar en profunda
comunión…
·
A
mi familia aquí presente y a los que están ya gozando de la visión
de Dios y que se alegrarán conmigo en el Misterio de la comunión de
los santos…
·
A
mi querida pequeña-gran Familia Religiosa de Don Orione, a la que
siempre pertenecí, porque prácticamente nací dentro de ella. ¡Cómo
me han acompañado siempre, pero más aún en estos tiempos, mis
hermanos de Congregación!...
·
A
los sacerdotes, religiosos y fieles de la diócesis de Añatuya los
cuales, con gran sacrificio, han venido a estar junto con su futuro
Obispo…
·
Finalmente, a todos ustedes aquí reunidos de quienes siempre recibí
un afecto tan grande como inmerecido…
¡Gracias,
muchas gracias! |