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QUISIERA SER UN PROFETA PARA CONTAR LAS MARAVILLAS DE DIOS


Mensaje pastoral de monseñor Adolfo Armando Uriona, pronunciado el sábado 29 de mayo de 2004, en la catedral de Añatuya, con motivo de la toma de posesión e inicio de su ministerio pastoral como obispo de Añatuya



Señor Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini

Queridos hermanos en el Episcopado, sacerdotes, consagrados y Pueblo fiel todo.

La primera lectura nos narra el discurso de Pedro en la casa de un pagano que renovará lo ocurrido el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo se derramó abundantemente sobre la Virgen María y los Apóstoles reunidos en el Cenáculo.

En aquella oportunidad, como el día de Pentecostés, el Espíritu viene sobre un grupo de personas y éstos comienzan a hablar las “maravillas de Dios”. En una palabra, todos se convierten en”profetas”, ellos que eran paganos y no conocían al verdadero Dios, ahora se convierten en sus portavoces gracias a la acción del Espíritu.

Hace tres semanas, en mi ordenación episcopal, también fui “ungido” por el Espíritu Santo a fin de convertirme para ustedes en “Profeta” y, ¿qué quiere decir eso?, ¿quién es el profeta?

El profeta es el hombre débil que es enviado a anunciar “las maravillas de Dios”.

También yo, como el profeta Jeremías, le digo a Dios: “mira que soy demasiado joven, que no sé hablar” y Dios, a través de la Iglesia, me dice: “No digas: ‘soy demasiado joven’., porque tú irás adonde yo te envíe y dirás todo lo que yo te ordene”.(1)

Realmente quisiera ser entre ustedes un “profeta” que les anuncie a través de mis palabras, pero más, mediante mi vida:

La verdad sobre Jesucristo, el cual está vivo y camina en medio de nosotros y continúa, a través del ministerio de su Iglesia, anunciándonos la Buena Noticia del Reino.

Él es el Hijo de Dios hecho hombre, que nació, vivió entre nosotros, padeció, murió y resucitó para nuestra salvación.

¡Qué mejor anuncio que éste! ¡Qué maravilla más grande puede haber, queridos hermanos!


Él vino a revelarnos:

Que Dios es Padre de Misericordia y que nos ama plenamente. Nuestra esperanza ha de centrarse en él, en su Providencia, la cual se ocupa cada día de nosotros.

Que el Espíritu Santo es el principio de Vida y Amor y que anima a la Iglesia, misterio de Comunión, “porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo”…(2)

Que el hombre es el destinatario de este amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Este hombre, “herido” por el pecado pero llamado a una vocación divina, que es la “configuración” con Cristo.

Fui enviado como “pastor”, en nombre de Cristo, para cuidar esta “porción del Pueblo de Dios” que es la Iglesia de Añatuya, por ello quisiera, con todo mi ser:

Ser auténticamente “Padre” de todos. Como decía Ignacio de Antioquía: “El Obispo visible es representante genuino del Obispo invisible, que es el Padre de Jesucristo, el obispo de todos”.

Quisiera transparentar a Cristo y serle fiel en todo momento, particularmente cuando me hace probar su cruz.

Ser siempre fiel a la Verdad, porque “sólo la verdad nos hará libres” (3), pero quiero hacer la Verdad en la Caridad, porque estoy convencido de que no hay otra forma.

Ser un “hombre de comunión” porque quiero ser un “hombre de Iglesia” y la Iglesia es comunión: deseo vehementemente construir la comunión con los sacerdotes, los religiosos y religiosas, con los laicos.

Finalmente quisiera ser un “hombre portador de Paz y Esperanza” en estos tiempos difíciles. La Paz y la esperanza son un “don” pero que se han de conquistar a la vez y que se van construyendo en los pequeños momentos de la vida cotidiana.

Agradezco la presencia del Sr. Nuncio y de Mons. Antonio, segundo Obispo de esta diócesis.

Un gracias muy especial al padre Hernán que le tocó llevar adelante esta diócesis por casi 19 meses, con espíritu de fe, en tiempo donde las dificultades son “el pan nuestro de cada día”.

Pido a la Virgen del Valle que nos siga amparando con su amor maternal como Ella bien sabe hacerlo.

 
Notas

(1) cfr. Jer. 1,6-7

(2) 1 Cor. 12,13

(3) Jn 8,32


Mons. Adolfo Armando Uriona,
obispo de Añatuya



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