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COLECTA ANUAL DE CÁRITAS


Carta de monseñor Adolfo Armando Uriona, obispo de Añatuya, a los fieles de la diócesis



Añatuya, junio del 2004

A los agentes de pastoral
Y a todos los fieles de la
Diócesis de Añatuya


Queridos hermanos:

Esta es mi primera carta que les escribo a pocos días de iniciar mi ministerio pastoral en la querida diócesis de Añatuya.

El motivo de la misma es motivarlos a participar en la gran Colecta Anual que CÁRITAS organiza para este mes de junio.

El lema de esta colecta es:


“Hagamos entre todos un país sin excluidos”.


No es nuevo para ninguno de nosotros las graves dificultades económico-sociales por las que atraviesa nuestra patria.

Los argentinos hemos pasado una crisis tan profunda que los Obispos, en su momento, calificaron de “inédita” dada la envergadura de la misma.

Si bien, a nivel nacional pareciera notarse una leve mejoría en el aspecto económico, no podemos hacernos ilusiones puesto que, de una crisis semejante, no se sale de la noche a la mañana.

De acuerdo a los datos que me han proporcionado y lo poco que he podido conocer personalmente acerca de la realidad de pobreza en la que está inmersa nuestra diócesis, -pobreza que podríamos denominar “endémica”-, comprobamos que la misma se ha agravado por la crisis general del país sumándose los problemas propios de nuestra región.

Esto no nos debe paralizar, por el contrario, hemos de reactivar una “fuerte corriente de solidaridad” entre todos, de manera que los que tienen un poco más ayuden a los que menos tienen y todos nos sintamos corresponsables de todos y, como diría San Pablo cuando motivaba a los corintios a ser generosos en la colecta para los hermanos más pobres de Jerusalén: “esta no es una orden: solamente quiero que manifiesten la sinceridad de su amor, mediante la solicitud por los demás. Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza" (1).

Luchar contra la “exclusión” de tantos nos permitirá ir creando vínculos de solidaridad y así ir gestando una verdadera “patria de hermanos”, además de experimentar la alegría del “dar desde nuestra pobreza”. Dios, que no se deja vencer en generosidad, los recompensará.

Espero contar con la grandeza de alma de todos los habitantes de esta castigada zona que saben “ponerle el pecho” a las dificultades y que nunca abandonarán a los más necesitados.

¡La Virgen del Valle nos proteja!


Notas

(1) 2 Cor  8, 8-9


Mons. Adolfo Armando Uriona,
obispo de Añatuya



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