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“EUCARISTÍA,
ENCARNACIÓN Y FAMILIA”
Subsidio Nº 1 de monseñor Adolfo Armando Uriona, FDP, obispo de
Añatuya
(Diciembre de 2004)
Adviento-Navidad:
“La Palabra se hace carne y viene ha habitar en
una familia”
Queridos hermanos:
El domingo 28 de
noviembre comenzaremos el Adviento, tiempo litúrgico “fuerte” que
nos prepara a celebrar uno de los misterios centrales de nuestra Fe:
“la Encarnación y el
Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo”.
Quisiera
entregarles este primer aporte de reflexión sencilla en el marco del
AÑO DE LA EUCARISTÍA.
I. “LA PALABRA SE HIZO CARNE”…(1)
Leamos lo que nos dice el Santo Padre en su hermosa Carta Encíclica
“Ecclesia de Eucaristia”:
“…María concibió
en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de
su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se
realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las
especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.”
(2)
La Encarnación de
la Palabra de Dios en María Virgen, es uno de los misterios
centrales de nuestra Fe.
En el mismo
contemplamos cómo el Hijo Eterno del Padre, que trasciende (está más
allá) de este mundo, es enviado por el Padre y, por la acción del
Espíritu Santo, toma nuestra naturaleza, haciéndose
“carne”
para salvar a la humanidad en el seno virginal de María Santísima.
La Virgen le da
sus entrañas al Dios Trino para que Él pueda hacer su obra de
salvación en este mundo caído bajo el poder del pecado.
¡La Encarnación
expresa la grandeza y maravilla del Amor Misericordioso de Dios!
Podemos
preguntarnos: ¿Qué
significa “hacerse carne”?
Significa muchas
cosas; veamos sólo algunos aspectos.
* Significa que el
Hijo de Dios, sin dejar de ser Dios se hace hombre y, por tanto,
asume todas las consecuencias de la condición humana, menos el
pecado.
* “Hacerse
carne”, significa que la
Palabra Eterna del Padre entra en la historia del hombre y, siendo
eterna, comienza a existir y a vivir en el tiempo, con todo lo que
esto implica de temporal y precario, llegando hasta el límite
extremo: la muerte.
* Cuando hablamos
de “carne”
enseguida viene a nuestra mente la condición de
“debilidad”
y de indigencia, propia de la naturaleza humana; esta condición se
pone de manifiesto de manera más que evidente en el nacimiento de
Jesús en la gruta de Belén.
* El Hijo que era
“Impasible” (o sea incapaz de “padecer”) una vez que se
“hizo carne”
comenzó a “padecer”: a sufrir hambre,
pasar frío, experimentar el, sueño, el cansancio y la enfermedad.
Todo esto es propio del hombre y no de Dios…, sin embargo
¡el Hijo de Dios quiso asumirlo!
Se “hizo cargo” de nuestra
naturaleza débil, pobre, enferma.
* Por otra parte,
el Hijo asume la “carne
virginal” de María
Santísima, por lo tanto introduce la “novedad” en el mundo; algo
nuevo ocurrió en nuestra historia de pecado. Es una carne que ha
sido formada de manera excepcional –por obra del Espíritu Santo y en
el seno virginal de María- para dar, de esta manera, “vida nueva” y
crear un “mundo nuevo”.
II. “…Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS”
(3)
“Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José y al
recién nacido acostado en el pesebre”
(4)
Como podemos leer
en este texto del Evangelio (y en otros también) Jesús nace y se
desarrolla en el seno de una familia, la Sagrada Familia de Nazaret.
Jesucristo no es
un “superhombre” como los de las películas...; nace, crece y vive
como todos nosotros o, digamos mejor,
como debiera ser normal entre los
seres humanos, en una
familia.
Dios Padre escogió
a una mujer y la preparó, desde toda la eternidad, de una manera
muy especial a fin de que fuera la Madre de su Hijo
(5)
y, cuando llegó el tiempo establecido de antemano, la fecundó por
obra del Espíritu Santo. De esta manera, en el seno virginal de
María se iría gestando Jesucristo, verdadero Dios y verdadero
Hombre, el único Salvador del mundo.
A su vez, el Padre
en su amor infinito, escogió a un hombre
–SAN
JOSÉ–
y lo fue formando a fin de que se convirtiera en el
“padre adoptivo”
de Jesús (puesto que el único padre de Jesús es Dios Padre). De esta
forma, el Hijo de Dios tuvo una familia donde nació se crió y educó.
Por eso cuando los pastores, después del anuncio del Ángel, fueron
corriendo a la gruta de Belén se encontraron con una familia
sencilla, pobre, normal, nada del otro mundo, pero donde se dejaba
entrever la presencia sublime de Dios.
Sabemos que a José
no le fue fácil asumir esta familia. En el Evangelio de San Mateo
podemos captar sus dudas y angustias hasta que el Ángel del Señor se
le apareció en sueños y le reveló su misión
(6).
Desde ese momento, como padre responsable
se hizo
cargo de María
Santísima y del Niño Jesús..,
¡nada más y nada menos!!!.
Él fue el hombre
fiel, trabajador y silencioso (en el Evangelio no tenemos ninguna
palabra dicha por José) que tuvo la misión de ser el papá de Jesús
en la tierra. Él asumió el compromiso de criarlo y educarlo y…
¡qué bien le salió!!!
En estos tiempos
de grave crisis en la familia es absolutamente necesario mirar los
ejemplos de la Sagrada Familia como actitudes a imitar en nuestras
familias. La maternidad y paternidad llevadas con amor, cariño y
mucha responsabilidad. El diálogo respetuoso entre padres e hijos,
la colaboración en la armonía y el trabajo común, etc.
III. ENCARNACIÓN, FAMILIA Y EUCARISTÍA
“…En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico
se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María,
se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del
pan y del vino”
(2)
Ese mismo
Jesucristo que se hizo carne en el seno de María y habitó en una
familia es el que quiere quedarse con nosotros bajo las especies del
pan y el vino en la “EUCARISTÍA”.
Como Jesús exigió
a los que escuchaban su discurso del Pan de vida(8),
debemos creer firmemente que en el pan y el vino está presente la
misma
“carne”
del Señor y que necesitamos comerlo para tener Vida (con mayúscula)
en nosotros “porque el pan de Dios es que desciende del cielo y da
Vida al mundo”
(9)
Diciendo:
“Esto es mi carne”
parece que Jesús quiere expresar la implicación de toda su persona,
el don que hace de sí mismo dando su carne en alimento. Toda su
persona se nos da plenamente en la Eucaristía.
Para alimentar la
vida de familia, tan atacada por todas partes, necesitamos
alimentarnos con el Cuerpo del Señor, don que viene de lo alto y que
esclarece y fortalece los valores familiares.
En Nazaret, la
sencillez, la armonía y la paz que reinaba, era un don sobrenatural
dado por la presencia de Hijo de Dios hecho hombre, de la misma
manera, solamente si nos alimentamos del Cuerpo y la Sangre del
Señor podremos tener paz, armonía, aceptación de la existencia y sus
problemas, superación de la enfermedad y del pecado, sentido de la
vida y búsqueda de Dios en nosotros y en nuestro ambiente familiar.
La Eucaristía,
Cuerpo y Sangre del Señor, alimento que da la vida nueva, fortalezca
nuestros vínculos familiares y produzca el milagro de la unidad en
el amor.
Cuestionario:
1. ¿Tomo
conciencia del Amor de Dios manifestado en el Misterio de Navidad?;
¿de qué manera?; ¿cómo puedo profundizarlo?
2. ¿Cómo valoro
esta realidad del Amor de Dios que se hace “carne” y se me entrega
como alimento en la Eucaristía ya sea en mi vida personal como
familiar?
3. ¿Qué
antivalores atacan hoy a nuestra vida de familia y qué medios
sobrenaturales tengo para combatirlos?
Mons. Adolfo Armando Uriona, FDP,
obispo de Añatuya
Diciembre
de 2004
Notas:
(1) Jn 1,14
(2) Ecclesia de
Eucharistia, 55
(3)
Jn 1,14
(4)
Lc 2,16
(5)
Gal 4,4
(6)
Mt 1, 18-25
(7)
Ecclesia de Eucharistia, 55
(8)
Cfr. Jn 6
(9) Jn 6,33
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