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“EUCARISTÍA, BANQUETE
ESPIRITUAL”
Subsidio Nº 3 de monseñor Adolfo Armando Uriona, FDP, obispo de
Añatuya
(Febrero de 2005)
Cuaresma:
“El que no come mi carne no tendrá la Vida”
INTRODUCCIÓN:
UNO DE LOS ASPECTOS
ESENCIALES DE LA EUCARISTÍA
Escuchemos lo que nos dice el Papa en los dos siguientes textos:
“No hay duda de
que el aspecto más evidente de la Eucaristía es el de banquete. La
Eucaristía nació la noche del Jueves Santo en el contexto de la cena
pascual. Por tanto, conlleva en su estructura el sentido del
convite: «Tomad, comed... Tomó luego una copa y... se la dio
diciendo: Bebed de ella todos...» (Mt 26,26.27). Este aspecto
expresa muy bien la relación de comunión que Dios quiere establecer
con nosotros y que nosotros mismos debemos desarrollar
recíprocamente…”
(1)
“La Eucaristía
es verdadero banquete, en
el cual Cristo se ofrece como alimento. Cuando Jesús anuncia por
primera vez esta comida, los oyentes se quedan asombrados y
confusos, obligando al Maestro a recalcar la verdad objetiva de sus
palabras: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del
Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en
vosotros» (Jn
6, 53). No se trata de un alimento
metafórico: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera
bebida» (Jn
6, 55)”
(2)
Es evidente que la
Eucaristía nos fue dada como alimento y fue instituida en el
contexto de una comida en la que se celebraba el Banquete pascual.
Durante la Última
Cena, la intención fundamental de Jesús fue la de dar a los
discípulos una comida que continuara nutriéndoles siempre en la
Iglesia. Deseaba dar su Cuerpo y su sangre que serían sacrificados
en el Calvario, pero quería dejarlos como alimento y bebida, una
comida de valor único.
Ahora nos podemos
preguntar:
I. ¿POR QUÉ UNA COMIDA?
Al Señor no le pareció suficiente la repetición del sacrificio, sino
que además quiso, a través de la comida, que el fruto del sacrificio
penetrara la vida humana para transformarla.
a. Comunidad y encuentro:
no podemos extrañarnos de esta intención de Cristo, porque la comida
es por excelencia un acto de la vida social, en el que se expresa la
solidaridad y el acercamiento de las personas en la vida de cada
día. Queriendo Jesús fundar una comunidad animada por la fe y el
amor, se comprende por qué dio a la comida un papel importante en la
formación y desarrollo de esta comunidad.
Los relatos
evangélicos nos muestran que, en la vida pública, las comidas eran
los momentos en los que Jesús no sólo se entretenía amigablemente
con los discípulos, sino que buscaba también enseñarles; estaba
también en la intención de de quienes lo invitaban a su mesa, pues
eran momentos en los que formulaba su doctrina o ponía en claro la
verdad de su mensaje.
Come y bebe para
compartir la vida de todos cuantos lo rodean; las comidas forman
parte de sus numerosas manifestaciones de amor por la humanidad,
esenciales para el misterio de la Encarnación.
b. Acceso a la intimidad divina:
la Eucaristía es una comida sagrada, ella tiene el gran mérito de
abrirnos a la intimidad con Dios.
Por esta razón, en
el Antiguo Testamento la comida debía ser consumida en la morada
divina, en el lugar expresamente elegido por Dios.
Si la comida tiene
como característica fortificar los lazos comunitarios, las que son
consumidas en la morada de Dios instauran una mayor y profunda
comunidad de vida con Dios.
c. Invitación a la alegría:
todos participan de la alegría de la comida, alegría vista como una
bendición divina.
Las fiestas se
celebran con banquetes; las fiestas religiosas están marcadas por el
banquete en el que Dios se muestra el más generoso porque
proporciona la alegría más grande.
II. ENCARNACIÓN Y COMIDA
Una vez que “el Verbo se ha hecho Carne”, siguiendo ese misterioso y
maravilloso designio de amor, él quiere quedarse como alimento, aún
más, el mismo nos invita, imperiosamente, a “comerlo”.
Así lo dijo
clarísimamente en el Discurso del Pan de Vida (Jn 6): “Quien come mi
carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn 6,54).
Ahora bien,
naturalmente lo que es dado a comer y a beber no es alimento y
bebida ordinaria. Se trata
de comer la carne de Cristo en estado glorioso, ya llena del
Espíritu Santo; se trata de beber su sangre en el mismo estado. Pero
comer y beber son esenciales. “Porque mi carne es verdadera comida y
mi sangre verdadera bebida” (Jn 6,55)
Cuando Jesús dice:
“Yo soy el Pan de vida” (Jn 6,35), quiere decir que la persona
divina de Cristo es ella misma el alimento dado a la humanidad para
una vida nueva.
Jesús insiste en
esta implicación divina de Hijo en la comida eucarística, cuando
afirma: “Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al
mundo” (Jn 6,33). El don divino del pan coincide con el don de la
Encarnación. Descender del
cielo y dar vida al mundo
son dos frases características de la Encarnación: el término
pan
es el que hace reconocer la Eucaristía.
En la Eucaristía
Jesús no implica sólo a su cuerpo y su sangre, sino que se implica
él mismo entero. Por esto para él la comida eucarística consiste en
comunicar la propia vida a los hombres. Esto está contenido en la
afirmación: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”
(Jn 6,54).
El gesto de comer
y beber representa una penetración más profunda de la vida de Cristo
en lo íntimo de cada persona que lo come, transformándose en Él.
Plegaria
Señor Jesús,
nosotros creemos que la Eucaristía es verdadero banquete,
en el cual Tú te ofreces como alimento.
Y ahora recordamos
que cuando Tú anunciaste por primera vez esta comida,
tus oyentes quedaron asombrados y confusos
de tal manera, que te viste obligado
a recalcar la verdad objetiva de tus palabras:
“En verdad, en verdad les
digo:
si no comen la carne del Hijo del hombre,
y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes” (Jn 6,53)
No se trata de un alimento
metafórico:
“mi carne es verdadera
comida
y mi sangre verdadera bebida” (Jn 6,55)
Cuestionario:
1. ¿Qué
significa para nosotros comer su Cuerpo y beber su Sangre? ¿Tomo
conciencia de que debo prepararme para recibir al Señor?, ¿cómo lo
hago concretamente? ¿Qué valor doy al Sacramento de la
Reconciliación en relación con la Eucaristía?
2. ¿Qué
relación existe entre: comida-Vida diaria; alimento y vida; Banquete
y fiesta?
3. En la
participación en la Misa dominical, ¿qué signos me invitan a crecer
en la intimidad con Dios y en la construcción de la comunidad?
Mons. Adolfo Armando Uriona, FDP,
obispo de Añatuya
Febrero de
2005
Notas:
(1)
Mane
vobiscum Domine, 15
(2)
Ecclesia de Eucharistia, 16
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