|
CARTA PASTORAL PARA EL
ADVIENTO 2005
“Y la PALABRA se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14)
INTRODUCCIÓN
Hace poco más de un
mes que hemos concluido el AÑO DE LA EUCARISTÍA.
El 7 de octubre del
2004, mediante una Carta Pastoral, los había convocado a celebrar
ese año (de octubre del 2004 a octubre del 2005) siguiendo el deseo
de Juan Pablo II. Entendía esta propuesta del Papa, iluminada
magníficamente mediante su Carta Apostólica “Mane Vobiscum Domine”
(“Quédate con nosotros Señor”), casi como un testamento.
Estoy convencido que
el Año de la Eucaristía con todo lo que comportó, particularmente su
conclusión externa a través del ENCUENTRO EUCARÍSTICO DIOCESANO, fue
un tiempo de gracia para toda la diócesis; gracia que no terminó con
la clausura del Año sino que ha de continuar y seguir fructificando
en la vida de cada día, ya sea de manera personal como comunitaria.
Ahora, luego de
haber reflexionado con el Consejo presbiteral y a través de esta
CARTA PASTORAL DEL ADVIENTO, quisiera que, durante el 2006, nos
abocáramos a tratar dos grandes temas:
1º. A prepararnos,
particularmente con la oración, a un gran acontecimiento que
viviremos en América Latina y el Caribe en el mes de mayo del 2007:
LA Vª. CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL
CARIBE
2º. Comenzar un
conocimiento y una lectura orante, personal y comunitaria de la
SAGRADA ESCRITURA.
LA
Vª. CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO Y DEL CARIBE
• ¿Qué es esto?
La Vª. Conferencia
será la reunión de representantes de todos los Obispos de América
Latina y el Caribe y se realizará, por decisión del Papa Benedicto
XVI, durante el mes de mayo de 2007, en el Santuario de Nuestra
Señora de la Aparecida (Brasil).
Las otras
Conferencias Generales fueron:
1ª. Río de Janeiro
(Brasil) 1955
2ª. Medellín
(Colombia) 1968
3ª. Puebla (México)
1979
4ª. Santo Domingo
(República Dominicana) 1992
La Vª. Conferencia
General es un don que viene del Espíritu Santo y como tal pide ser
acogido en la fe.
La fe es la clave
principal e ineludible para comprender este evento como un
acontecimiento eclesial.
• ¿Cuál es el
Objetivo de esta Vª. Conferencia General?
El objetivo es orar
y reflexionar a fin de discernir lo que el Espíritu Santo está
queriendo para nuestras Iglesias particulares que caminan en
Latinoamérica y el Caribe; con el deseo de que esta Conferencia sea
un acontecimiento eclesial, que renueve y fortalezca profundamente
la identidad del discípulo de Jesucristo vivo y lo entusiasme en un
nuevo ardor misionero ante los desafíos de estos tiempos
“posmodernos” y “globalizados”, que agitan a América Latina y al
mundo al inicio del Tercer Milenio.
El cambio de época
que estamos viviendo nos exige ser “casa y escuela de comunión” , y
animarnos a caminar hacia la santidad, evangelizando como discípulos
de Jesucristo, viviendo el verdadero testimonio-martirio como un don
del Espíritu Santo.
Los Obispos sienten
la necesidad de acoger, profundizar y aplicar en nuestras Iglesias
particulares, con mayor cercanía a la cultura, a las condiciones de
vida, los sufrimientos, la sed religiosa y las carencias éticas de
nuestros pueblos, y en consonancia con la realidad de nuestras
iglesias particulares, las grandes orientaciones que hemos recibido
del Santo Padre, sobre todo en la exhortación apostólica Ecclesia in
America y en la carta apostólica Novo Millennio Ineunte.
• ¿Cuál es el tema?
El tema que ha
decidido el Santo Padre para la Vª. Conferencia General es:
“Discípulos y
misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan
vida –Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida-” Jn 14, 6.”
LA
SAGRADA ESCRITURA
Fundamentalmente
quisiera que en la diócesis se comenzara (o en algunos casos se
retome con vigor) un contacto más asiduo, cotidiano y familiar con
la Palabra de Dios.
Ante todo me motiva
hacerles esta propuesta pastoral las siguientes razones:
• Las exhortaciones
tan insistentes de los últimos papas (Pablo VI, Juan Pablo I, Juan
Pablo II, Benedicto XVI) para que se estudie, reflexione y se ponga
en práctica el Concilio Vaticano II, aún no bien conocido ni actuado
en la Iglesia.
• La celebración de
los 40 años de la promulgación de la Constitución sobre la Divina
Revelación: “DEI VERBUM” (el 18 de noviembre de 1965), que marcó un
nuevo rumbo, no sólo en los estudios, sino también en la relación de
los fieles católicos con la Biblia.
• La reiterada
exigencia de formación, a todos los niveles, que siempre aparece en
los encuentros pastorales ya sea diocesanos como zonales. Dentro de
esta formación, exigida por nuestros laicos, considero central un
mayor conocimiento, intelectual y afectivo, de las fuentes de
nuestra Fe.
• La necesidad
imperiosa, a mi modo de ver, de promover para todos los bautizados
una espiritualidad sólidamente fundada en la Palabra de Dios y de
orientar, real y efectivamente, toda la pastoral desde la misma.
Conversando en el
Consejo presbiteral vimos la conveniencia de introducirnos cada vez
más en la Palabra de Dios como fuente de toda vida espiritual y de
todo accionar pastoral.
Los pasos que
daríamos serían los siguientes:
1º. Estaría a mi
cargo elaborar una Carta Pastoral de Cuaresma (la misma comienza con
el miércoles de ceniza el 1º de marzo), la cual se entregaría a
mediados de febrero, a fin de motivarlos a iniciar este camino de
conocimiento y/o profundización de la Biblia.
2º. Mientras tanto,
la Junta Diocesana de Catequesis iría recopilando y elaborando
material (fichas, subsidios, etc.; ¡el material bíblico del que se
dispone es enorme!!!), que nos ayuden a iniciarnos en el
conocimiento de la Biblia y a acercarnos a los textos bíblicos para
sacar de ellos el mayor provecho espiritual y pastoral posible.
3º. En la primera
semana de marzo, los encargados de zona, convocarían para un
encuentro zonal a fin de reflexionar la pastoral de cuaresma y
lanzar este proyecto de acercamiento a la Sagrada Escritura para
todos los fieles de nuestra diócesis.
CONCLUSIÓN
“Cuando se
presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo
y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre,
Señor, Dios de los ejércitos” (Jer 15,16)
La exhortación del
Concilio, en el documento sobre la Divina Revelación Dei Verbum,
según la cual “toda la predicación de la Iglesia, como la misma
religión cristiana, se debe alimentar de la Sagrada Escritura y
regirse por ella” fue una palabra profética, que ha despertado el
“hambre de la Palabra de Dios” (Am 8,11) en muchos fieles.
Sin embargo, hay
mucho todavía por hacer. El reto de devolver a la Biblia el lugar
que le corresponde, nos plantea hoy la necesidad de seguir motivando
a todos los fieles el conocimiento de los textos bíblicos y de
iniciarlos en una lectura creyente de la Sagrada Escritura.
Por eso, motivo a
todos los agentes pastorales desde ya a fin de prepararse ellos y
ayudar a sus hermanos a iniciarse en la lectura de la Palabra de
Dios.
Mons.
Adolfo Armando Uriona, obispo de Añatuya
|