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NAVIDAD 2002


Mensaje de Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán,
para la Navidad de 2002


El pueblo que caminaba en las tinieblas
ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad
ha brillado una luz. Porque un niño nos ha nacido
(Libro del profeta Isaías 9,1.5).


1. ¡Cuántas tinieblas cuando nació Jesús!

La humanidad, derrotada y caída en Adán, estaba a oscuras y caminaba sin rumbo.

Cuando nace Jesús era la noche del rechazo y de la exclusión: María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue (Evangelio de San Lucas 2,7).


2. ¡Cuántas tinieblas cuando Jesús, hoy, quiere volver a nacer entre nosotros!

Las tinieblas que hieren la dignidad humana y golpean sobre los pobres. Las tinieblas de una sociedad que no logra dar trabajo a sus miembros, que no atiende a sus niños, ni cuida de sus ancianos. Las tinieblas del egoísmo desenfrenado que no busca sino el beneficio propio o de su grupo y no el bien común. Las tinieblas de la política que, desde hace tiempo, sólo ofrece la lucha por el poder. Las tinieblas del escándalo del hambre y la desnutrición. Las tinieblas de la injusticia

Verdaderamente, la oscuridad es grande.


3. Pero en medio de las tinieblas aparece la luz: “Un niño nos ha nacido”.

Este Niño es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre.

En este Niño, nacido de la Virgen, reconocemos al Salvador del mundo.

El nombre Jesús significa “Dios salva”. En Jesucristo, Dios nos sale al encuentro para arrancarnos del destino de muerte que grava sobre nosotros, como consecuencia del pecado. Viene a librarnos de los límites de nuestra precariedad, para introducirnos en la intimidad de la vida divina. Viene a dar un nuevo sentido y una nueva esperanza a toda nuestra realidad humana.

Con Jesús, nuestro Salvador, la noche se hace luminosa.

Para nosotros, que vivimos momentos de oscuridad y que atravesamos grandes dificultades, brilla esta luz: Jesucristo.

Él es Nuestro Salvador. Él es, como dice San Pablo, quien “nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. Él se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien” (Carta a Tito 2,13-14).

Les deseo que tengan una ¡Muy Feliz Navidad! Dios los bendiga.


Mons. Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán

San Miguel de Tucumán, diciembre de 2002.



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