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VIGILIA PASCUAL


Homilía de Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán en la
Vigilia Pascual -
19 de abril de 2003


Queridos hermanos:


1. Pascua es una certeza

“Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto”, son las palabras que el Ángel les dirigió a las mujeres que fueron de madrugada al sepulcro donde había sido depositado el cuerpo del Señor.

Los discípulos esa misma tarde dirán a una sola voz: “Es verdad, el Señor ha resucitado y se apareció a Simón” (Lc. 24, 34).

Desde entonces hasta ahora, este anuncio no ha dejado de resonar en el mundo: Cristo ha muerto y ha resucitado.

La Iglesia anuncia siempre y de nuevo la resurrección de Cristo.

La Iglesia anuncia que está vivo Aquel que murió en la cruz.

Esta noche la liturgia trata de expresarlo de mil maneras distintas con la Palabra y con la riqueza de imágenes y símbolos extraordinarios.

La Iglesia lo anuncia con la Palabra de Dios. San Pablo en la lectura nos dice: “Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más”. Y en el Evangelio escuchamos: “Ha resucitado no está aquí”.

Pero la Iglesia nos anuncia la resurrección de Cristo también con la riqueza de los símbolos litúrgicos: el cirio que se enciende en medio del templo a oscuras, el canto del pregón pascual, el aleluya.

Así la Iglesia expresa la alegría por la resurrección de Cristo.

¿Victoria sobre la muerte? ¿Será posible? Sí, ese es nuestro anuncio pascual. Cristo ha resucitado de la muerte y ha inaugurado  una nueva vida.

La resurrección de Cristo está en el centro de la fe de la Iglesia.

Pascua es un llamado más fuerte a la fe.

Debemos rezar para que en esta Pascua se abran nuestros ojos de la fe, para recibir de un modo nuevo la luz de la resurrección, para poder decir a nuestros hermanos: “El Señor ha resucitado verdaderamente”.

En estos tiempos en que se escuchan tantos mensajes, que vienen de todas partes, y que pretenden captar la adhesión d3e los hombres, nosotros cristianos debemos renovar nuestro acto de fe, firme, irrevocable, repitiendo con María Magdalena: “Cristo, mi esperanza, ha resucitado”.


2. Pascua es un don

Pascua no es solamente el recuerdo de un hecho del pasado. Pascua es un don, que se nos ofrece a cada uno de nosotros.


Pascua es don de perdón

Poco antes de morir; Jesús pidió perdón por lo que lo crucificaban: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23, 34). Y la misma noche de la resurrección Jesús dio a sus discípulos el poder de perdonar los pecados: “Sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” (Jn. 20, 22-23).

San Pedro nos asegura que “Los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre” (Hech. 10, 43).

Por ello también nosotros estamos invitados, especialmente, en la Pascua, a reconocer y confesar nuestros pecados, a pedir el perdón en el sacramento de la Confesión, con la sincera voluntad de convertirnos.


Pascua es don de consuelo y alivio

En la tristeza, en la enfermedad, en el luto, en el abandono tiene el hombre necesidad de consolación.

Jesús nos trae el mensaje de la consolación y nos da ánimo: “Vengan a mí todos los que están agobiados, y yo los aliviaré” (Mt. 11, 28).

Jesús ha proclamado: “Felices los afligidos, porque serán consolados” (Mt. 5, 4).

Jesús resucitado nos envía el Espíritu santo que es fuente de consolación para los creyentes: “Las Iglesias gozaban de paz...y estaban llenas de la consolación del Espíritu Santo” (Hech. 9, 31).


Pascua es don de vida nueva

El cristiano incorporado a Cristo por el bautismo es un hombre nuevo. Escuchamos al Apóstol Pablo que nos dice: “Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos bautizados en su muerte. Por el Bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Rom. 6, 3-6).

Los cristianos tenemos que llevar una vida nueva. San Pablo nos habla de vida nueva, de mentalidad nueva, de espíritu nuevo. Ser cristiano es una manera nueva de vivir.

¡Qué necesidad tenemos en nuestra Patria y en nuestra Provincia de hombres verdaderamente nuevos!

Hombres nuevos que promuevan todo lo que es honesto, justo y verdadero.

Hombres nuevos que respeten la dignidad de la persona humana.

Hombres nuevos que defiendan la vida desde su concepción en el seno materno hasta su muerte natural.

Hombres nuevos que generen puestos de trabajo. Dar trabajo y no dádivas es una expresión de amor al prójimo, a la vez, que la falta de trabajo se convierte en la mayor pobreza del hombre y de la familia.

Hombres nuevos que defiendan y promuevan a las familias.

Hombres nuevos que se preocupen seriamente por la educación de los niños y de los jóvenes.

Hombres nuevos que se ocupen de los jubilados y de los ancianos.

Hombres nuevos que no hagan falsas promesas, sino que digan la verdad.

Hombres nuevos que trabajen por el bien común y no por sus propios intereses.

A esta vida nueva nos llama la pascua

Los cristianos, portadores de la Vida Nueva, que nos trae Cristo, no pueden ser meros espectadores, sino protagonistas, constructores de la sociedad impregnándola con los valores del Evangelio.

Nuestra sociedad, nuestro país tiene necesidad de cristianos operantes que vivan su fe y su bautismo en la vida.

Nuestra sociedad se renovará cuando se renueven los hombres con la novedad de vida que nos trae Cristo.


3. Pascua es un ejemplo

“Jesús pasó haciendo el bien” nos dice el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

También nosotros pasamos por este mundo. ¿Pero qué buscamos, qué hacemos, en este pasar? ¿Buscamos solamente ganar dinero? ¿El placer? ¿El éxito? ¿Nos contentamos con el bienestar de la vida? Si buscamos solamente esas cosas nuestra existencia sería malgastada.

¿Qué cosa significa para Cristo hacer el bien? Lo encontramos en cada página del Evangelio: sanar enfermos, secar lágrimas, perdonar y animar al pecador, dar de comer al que tiene hambre, dar esperanza a los desalentados. Jesús ha hecho el bien combatiendo y venciendo al demonio, sanando a los que estaban bajo su poder.

"Pasó haciendo el bien”. Este es el programa digno del cristiano.

A ustedes, queridos hermanos, les anuncio esta noche una gran alegría: “Cristo es

la Resurrección y la Vida”

Sean realmente en el mundo testigos de la resurrección de Cristo, con una fe sólida y con el compromiso de vivir auténticamente el cristianismo.

Les deseo que anuncien, a donde quiera que vayan, que “El señor verdaderamente ha resucitado”.

¡Felices pascuas de Resurrección!


Mons. Luis Héctor Villalba,
arzobispo de Tucumán



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