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NOCHEBUENA


Homilía de Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán,
en la misa de Nochebuena (24 de diciembre de 2003)


Queridos hermanos:


1.
Esta noche la Iglesia nos repite las palabras del Ángel a los pastores: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.

La buena noticia, la alegría que se nos comunica es que ha nacido nuestro Salvador. Jesús, que así se llama, significa Salvador, pues él salvará a su pueblo.

El texto de Lucas nos muestra al Niño Jesús, recién nacido,  envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Así Dios, al encarnarse, asume la sencillez, la pequeñez, la debilidad de todo niño.

El Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de una familia. Efectivamente, esta noche en que María Virgen, esposa de José, carpintero, trajo al mundo por obra del Espíritu Santo a Jesús, se manifestó esta Familia.

El Redentor del mundo quiso elegir la familia como lugar donde nacer, vivir y crecer, santificando así a la familia.


2. Por eso Navidad es la fiesta de la Familia.

El misterio de la Navidad nos revela y proclama el Evangelio de la familia.

Mediante esta Santa Familia de Belén, de la que ha venido a ser hijo el mismo Hijo de Dios, la Iglesia piensa en todas las familias, y ruega por ellas.

La familia de Belén debe ser modelo para toda familia. La Familia de Belén fue el lugar privilegiado del amor, el ambiente singular, donde reinaba el respeto mutuo por cada una de las personas y la primera escuela donde se vivió el mensaje cristiano.

En la familia de Belén admiramos la realización del proyecto divino de hacer de la familia una comunidad íntima de vida y amor; en ella aprendemos que cada hogar cristiano está llamado a ser una pequeña iglesia doméstica, donde resplandecen las virtudes evangélicas.

Recogimiento y oración, comprensión y respeto mutuos, disciplina personal y ascesis comunitaria, espíritu de sacrificio, trabajo y solidaridad, son rasgos que hacen de la familia de Belén un modelo para todos nuestros hogares.

La familia es tanto más humana cuanto más cristiana sea. Por eso cada familia, siguiendo a la familia de Belén, debe ser comunidad de amor y comunidad de servicio, pues está al servicio de la vida.

La familia donde los padres, mediante la palabra y el ejemplo, trasmiten los valores de la fe y las fundamentales reglas de convivencia entre los hombres, es una auténtica escuela de humanidad. 


3. No cabe duda que uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es la crisis de numerosas familias. Precisamente, el reciente documento del Episcopado Argentino, Navega Mar Adentro, señala que la crisis del matrimonio y de la familia es uno de los desafíos que debemos enfrentar con la Nueva Evangelización.

Sabemos que hoy se encuentra amenazado el ideal de la familia. En algunos casos, este ideal ya no se valora ni se busca. Se quieren imponer ideologías que relativizan el concepto del matrimonio y la familia, se difunde una mentalidad contraria al don de la vida, más aún, a veces favorable incluso a la eliminación de la vida con el aborto.

Pienso, también, en las amenazas que se ciernen sobre tantas familias: la miseria,  el desempleo, la falta de vivienda, la falta de pan y otras elementales necesidades materiales.

Muchas familias se encuentran destrozadas, con hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin contención.

Pero, a pesar de todo, la familia continúa siendo un valor apreciado por nuestro pueblo.

En nuestro Plan Diocesano de Pastoral la familia ocupa un lugar principal. Debemos evangelizar a las familias.

Es preciso suscitar una renovada conciencia de la importancia y del carácter sagrado de la familia, así como la alegría que acompaña el nacimiento y la educación de los hijos.

Debemos amar a la familia.

Amar a la familia significa sostenerla y promoverla.

Amar a la familia significa poner los medios para superar los males que la amenazan, para poder superarlos.

Amar a la familia significa crear un ambiente que favorezca su desarrollo y crecimiento.

Amar a la familia, muchas veces desalentada, angustiada y atravesando dificultades, es ayudarla a apoyarse en Dios y darle razones de confianza.


4. Pidamos por las familias, especialmente las que están agobiadas por problemas.

Niño Jesús,

bendice, fortalece, redime y purifica el amor de las familias.

San José, custodio del Niño Dios,

lleva a los niños sobre tus hombros, como hiciste con Jesús.


A la Santísima Virgen le encomendamos las familias de nuestra diócesis, especialmente las que más sufren y las que se encuentran en dificultades.

Que Jesús, María y José bendigan y protejan a todas las familias para que en ellas reine la serenidad y la alegría, la justicia y la paz que Cristo al nacer trajo como don a la humanidad.


Mons. Luis H. Villalba,
arzobispo de Tucumán



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