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ESTE
AÑO EL MENSAJE PASCUAL ES DE FRATERNIDAD
Mensaje de Mons. Luis H. Villalba Arzobispo de Tucumán
para la Pascua de 2003
El corazón de todos nosotros está lleno de tristeza, angustia y de
trepidación por la guerra en Irak. ¿Cuántos civiles, cuántos niños,
cuántas mujeres, cuántos ancianos son víctimas inocentes de esta
catástrofe? Se ha elegido la agresión y la violación al derecho
internacional. La guerra es una derrota de la comunidad internacional,
cuando en todo el mundo se ha levantado, en vano, la voz de los pueblos
pidiendo por la paz.
Pero en medio de tanto dolor resuena la
Buena Noticia:
¡Cristo ha resucitado!
Jesús, que nació en Belén de María Virgen,
que fue anunciado por los profetas y fue maestro en medio del pueblo en
Israel, que fue reconocido y amado por algunos, rechazado por otros y,
después, condenado, crucificado, muerto y sepultado, ha resucitado,
resucitó verdaderamente en la mañana del tercer día; ha recobrado una vida
verdadera, nueva, sobrenatural, venciendo para siempre a la muerte.
¡Cristo ha resucitado!: ésta es la Nueva
Buena.
Este año el mensaje pascual es de
fraternidad.
Cristo murió y resucitó para reunir a los
hombres que estaban dispersos por el pecado.
Cristo “ha unido a los dos pueblos en
uno solo, derribando el muro de la enemistad que los separaba” (Ef.
2, 14).
Cristo murió y resucitó para que los
hombres sean hermanos.
El Señor nos dice: “Todos ustedes son
hermanos” (Mt. 23, 8), es decir, iguales, solidarios, obligados
a reconocer en cada hombre la imagen de Dios y a promover la plenitud
humana y la filiación divina, por medio de la gracia, en esta vida y la
felicidad eterna en la vida futura.
Hoy la fraternidad se impone: la amistad
debe ser el principio de toda sociedad. En vez de ver en nuestro semejante
al extraño, al rival, al enemigo, debemos acostumbrarnos a ver al hombre,
es decir, a alguien digno de respeto, de estima y de amor.
Es necesario que caigan las barreras del
egoísmo y que la afirmación de los legítimos derechos particulares, no se
convierta nunca en ofensa para los demás ni en negación del bien común.
¡Aleluya!
Renovemos la esperanza.
¡Con Cristo nuestra Pascua todo es
posible!
En su nombre los saludo y los bendigo a
todos.
17 de abril de 2003
Mons. Luis H. Villalba, arzobispo
de Tucumán |