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¡ARGENTINA! ¡CANTA Y CAMINA!
Homilía pronunciada por monseñor Luis Héctor Villalba, arzobispo de
Tucumán, en la solemne acción de gracias por el 188º aniversario de la
proclamación de la Independencia Nacional, celebrada el 9 de julio de
2004, en la catedral de Tucumán
1. La patria
obra de todos
Hoy conmemoramos el 188 aniversario de la Independencia Nacional.
Nos hemos reunido, según una antigua y cristiana tradición, para entonar
un himno de acción de gracias a Dios, pues Él es la fuente de todo bien y,
por tanto, de este gran beneficio que es, para el hombre, la patria. Nos
comprometemos a que esta obra sea fecunda en nuestras manos.
El Tedéum es la manifestación a Dios de la fe de nuestro pueblo. A ti
Señor, te alabamos, porque eres el autor de todo.
Las fiestas patrias nos permiten mirar con mayor detención a nuestro país,
poder reflexionar sobre él y sacar conclusiones que nos ayuden a asumir
nuestra responsabilidad en el desarrollo de nuestra propia nación.
Queremos mirar con la mirada de Cristo, con la mirada del pastor capaz de
penetrar en lo más hondo del corazón humano y dispuesto a asumir sus
anhelos para buscar en la Palabra del Señor, el camino que lo lleva a
procurar el bien de esta comunidad.
La independencia fue fruto del sacrificio llevado a cabo con heroísmo y
grandeza de espíritu por los hombres de aquel momento. Hoy, igualmente,
todo habitante de esta tierra, por medio de sus ideas y sus obras, con su
cultura y con su capacidad, debe colaborar con especial esfuerzo para
erradicar las situaciones de injusticia, las marginaciones irritantes y la
exclusión de una gran parte de la población, es decir, trabajar por una
sociedad más justa y más equitativa.
La Independencia no fue obra de un día. Tampoco lo será la instauración de
un justo orden social nacional que llegue a todos los rincones del país.
Pero esto no nos excusa para postergar una era de especiales esfuerzos y
de sacrificios, especialmente de las autoridades y de los que tienen más
responsabilidades.
2. El Norte
presente desde la patria naciente
Cuando el Papa, Juan Pablo II, estuvo en Tucumán en el año 1987, nos
recordó que aquí, en esta ciudad de San Miguel de Tucumán, Cuna de la
Independencia, comenzó nuestra historia como nación independiente. Y
agregó: “Desde entonces los habitantes del Norte argentino se sienten
especialmente vinculados a este lugar; y han cultivado un marcado amor a
la patria, sintiendo además la responsabilidad de custodiar la libertad y
la tradición cultural de la Argentina”.
La región del Tucumán, que abarcaba las provincias del noroeste argentino,
jugó un papel importante en la historia del país.
El Norte argentino tiene títulos para exhibir su presencia y aporte en los
momentos decisivos para la patria.
Desde los preliminares de la Nación, ofrendó generosamente sus varones y
mujeres para construir la patria.
En 1806, en Tucumán, se formaron cuatro compañías de voluntarios que
marcharon a Buenos Aires para contener la primera invasión inglesa.
Además, ante el pedido de Cornelio Saavedra solicitando donativos para
mantener la defensa que había formado, la provincia respondió sin
titubeos. Para ello realizó una colecta pública. Ésta es una de las tantas
veces que Tucumán contribuyó para apoyar a la patria naciente.
En cuanto llega a Tucumán la noticia de la Revolución de Mayo, las
provincias del NOA reconocen la autoridad de la Primera Junta y designan
sus diputados para el Congreso a realizarse en Buenos Aires.
El poder central de Buenos Aires comienza a demandar a Tucumán ayuda en
dinero, especie, víveres y hombres para todas las milicias.
Los tucumanos, por cierto, no sospechan que son las primeras exigencias de
una serie infinita, en la cual habrá de sacrificar no sólo dinero y
propiedades, sino también vidas y tranquilidad.
En momentos difíciles para la patria naciente, el Triunvirato, en febrero
de 1812, designó a Belgrano para hacerse cargo del Ejército del Norte pues
preocupaba el avance de las fuerzas realistas al mando del general Tristán.
En los primeros días de marzo de 1812, Belgrano partió para Jujuy para
asumir el mando del derrotado Ejército. En esas circunstancias, Belgrano
decidió que los jujeños abandonaran la ciudad sin dejar nada que pudiera
aprovechar el enemigo. Conmovedor es ver a Belgrano sostenido por el
pueblo de Jujuy, que ofrece el holocausto de sus propios bienes y abandona
su tierra. Hombres, mujeres y niños llevaron sus pertenencias,
protagonizando aquel memorable acontecimiento llamado el “Éxodo Jujeño”.
Belgrano con la victoria de Tucumán el 24 de septiembre de 1812, día de la
Virgen de la Merced, y de Salta el 20 de febrero del año siguiente,
conjuraba el peligro de la frontera norte del país. Tucumanos, salteños,
jujeños, santiagueños, catamarqueños entregan sus mejores hombres para
defender la patria. Güemes, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Ildefonso de las
Muñecas, José Manuel Chávez, y tantos héroes olvidados aseguran con sus
vidas la frontera norte del país.
Hoy recordamos al Congreso de Tucumán que declara nuestra independencia.
Entre las provincias que actualmente integran el territorio argentino,
estaban representadas en el Congreso, conformando la mayoría, todas las
del NOA. Allí estaban presentes los sacerdotes Manuel Antonio Acevedo y
José Eusebio Colombres por Catamarca; Teodoro Sánchez de Bustamante por
Jujuy; el insigne sacerdote Pedro Ignacio de Castro Barros por La Rioja;
José Mariano Boedo y José Ignacio Gorriti por Salta; los sacerdotes Pedro
León Gallo y Pedro francisco Uriarte por Santiago del Estero; también
Tucumán estaba representada por dos sacerdotes: Pedro Miguel Araoz y José
Ignacio Thames.
En 1821, en Tucumán, el obispo Colombres, que retoma la experiencia
interrumpida por la expulsión de los jesuitas, planta los primeros surcos
de caña de azúcar, que darán lugar al nacimiento de la primera industria
pesada nacional.
Los tiempos de la organización encontrarán su más claro inspirador en el
tucumano Juan Bautista Alberdi. Su texto Las Bases sirvieron de fundamento
para la Constitución de 1853.
Fray Mamerto Esquiú se destaca tanto por su santidad de vida, cuánto por
su carácter de prócer de nuestra historia nacional. Su intervención, con
la oración patriótica que pronunció el 9 de julio de 1853 en la Catedral
de Catamarca, fue decisiva para la aceptación de la Constitución y para
asegurar la Organización Nacional.
No faltaron, por cierto, en nuestra historia grandes ejemplos de heroísmo
y de hombres y mujeres preclaros del norte argentino.
Podemos decir que la Argentina nació en el noroeste.
3. El NOA
herido al costado del camino
En el Evangelio de San
Lucas que acabamos de escuchar, Jesús nos narra la parábola del buen
samaritano, para enseñarnos hasta donde debe llegar nuestro compromiso por
hacernos prójimos de todo hombre.
Jesús comienza diciendo que un hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó es
atacado por unos ladrones que lo despojan de todo, lo hieren y huyen
dejándolo tirado en el camino, medio muerto.
Hoy, el norte argentino está representado en aquel hombre de la parábola.
Está herido, lastimado, desnudo de todo, al costado del camino. Esta
situación afecta a millones de hermanos nuestros, con nombre y apellido.
La Argentina es un país con profundos desequilibrios y desigualdades entre
las regiones.
Existe una gran brecha que afecta a las regiones en la distribución del
ingreso, con una disparidad de 10 a 13 veces entre la jurisdicción más
pobre y la más rica.
Hay una gran asimetría regional, siendo las provincias del Norte las más
pobres.
Cinco jurisdicciones concentran el 85 % de la riqueza del país. No podemos
construir una nación ignorando la realidad de todo el país.
El mapa de la desigualdad muestra la distancia que separa a las provincias
del norte con respecto a las del resto del país.
El norte argentino, integrado por el NOA y el NEA, presenta el porcentaje
más alto de personas pobres y con Necesidades Básicas Insatisfechas; y la
mayor proporción de hogares que están bajo la línea de pobreza y de
indigencia.
De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano, toda la región del noroeste
se encuentra por debajo del promedio del país.
La tasa de empleo de todas las provincias de la región NOA es la más baja
de toda la Argentina.
La tasa de desempleo también es muy alta en la región, si se toma en
cuenta que los que tienen un plan de ayuda, en realidad no son ocupados.
La media del déficit habitacional del país es del 25%, en el norte supera
el 40%.
También la tasa de mortalidad infantil es superior a la media del país.
Asimismo, con respecto a la calidad educativa, se observan grandes
desigualdades. El porcentaje de jóvenes que no estudian y no trabajan es
superior a la media nacional. El promedio de escolaridad en las regiones
más ricas es de 13 años y medio, en Tucumán de 5 años y medio.
El atraso del Norte respecto de las otras regiones, en parte se explica
por la insuficiente inversión en capital humano. Así, por ejemplo, la
inversión en educación y salud está por debajo del promedio del país.
Las desigualdades son visibles en el área de ciencia y tecnología. El 85%
del gasto en esas áreas se concentra en cuatro jurisdicciones del país.
Para las 20 restantes les queda el 15%.
En realidad la inversión en educación debería ser inversamente
proporcional a la situación de las provincias. Cuanto más pobre es una
provincia o una región, se debe invertir más en educación, fundando
escuelas y mejorando la calidad educativa. Cuanto mejor se prepare a los
niños y a los jóvenes, se logrará una menor desigualdad en la sociedad.
Debemos tener escuelas primarias, secundarias y centros de enseñanza
superior de calidad y asegurar que todos tengan acceso a las mismas.
En lo que hace a la calidad de vida de sus habitantes, hay una gran
diferencia entre regiones y provincias. Esto manifiesta una gran
desigualdad y nos lleva a preguntarnos ¿cuántas Argentinas tenemos?
Lamentablemente, si no se actúa para corregir esta situación, la dinámica
tenderá a ampliar esa gran brecha entre las regiones y las provincias, y
las desigualdades se profundizarán.
4. ¿Cuál es el
proyecto de país que queremos?
Luego la parábola evangélica nos habla de la dureza del corazón frente al
hermano herido y despojado. Un sacerdote y un levita pasan por ese camino
y siguen de largo sin prestarle socorro. Esta actitud nos muestra el
camino del egoísmo, del preocuparse de su propio interés sectorial y no
mirar al bien común, al bien de todos.
Cuando el egoísmo de los hombres –gobernantes o ciudadanos– anteponen el
bien personal o de grupo, se quiebra la unidad de la nación. Los intereses
sectoriales y corporativos son las grandes barreras que impiden construir
un país más justo.
¿Los argentinos pasaremos de largo mirando para otro lado, frente al
hermano necesitado?
Los obispos argentinos en el documento Afrontar con grandeza nuestra
situación actual, del 11 de noviembre de 2000, dijimos:
“La gran deuda de los argentinos es la deuda social”. Y agregamos: “¿No
deberíamos acordar entre todos que esa deuda social, que no admite
postergación, sea la prioridad fundamental de nuestro quehacer?”.
La deuda social es la que tenemos con nuestros hermanos más postergados,
excluidos, desnutridos, desempleados, sin educación. El hambre de los
niños y la salud de los ancianos no pueden esperar.
En el documento Hoy la Patria requiere algo inédito los obispos
preguntamos:
“¿Cuál es el proyecto de país que oriente nuestra acción?”. “La larga
crisis que vivimos, decíamos, hace peligrar la pérdida de la identidad e
integración de la Nación”.
Cualquier habitante del país, de la ciudad o del campo, de Buenos Aires o
del NOA, de la Patagonia o del NEA tiene el mismo derecho a vivir
dignamente, a trabajar, a poder estudiar, a cuidar su salud, a ejercer su
ciudadanía, a proteger su ancianidad. Ello implica el reconocimiento de la
dignidad suprema e inviolable de toda persona humana, dignidad emanada del
derecho natural y divino.
5. Solidaridad
en un país auténticamente federal
Finalmente, la parábola nos presenta a un samaritano que pasa por ese
mismo camino. Éste se conmueve, fue “tocado a compasión”, dice el texto
evangélico, al ver abandonado en el camino al hombre asaltado y herido. Y
su emoción no queda solamente en buenos sentimientos, sino que se traduce
en una ayuda efectiva, en gestos concretos. El samaritano se acerca al
hombre arrojado en el camino, se hace próximo; le venda las heridas,
cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura,
lo condujo al albergue y se encargó de cuidarlo. Más aún le dio dos
denarios al dueño del albergue diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de
más, te lo pagaré al volver”.
Como el buen samaritano ¿nos haremos próximos unos de los otros y seremos
solidarios con los más necesitados?
Frente a este desequilibrio y desigualdad entre regiones y provincias,
hace falta la verdadera solidaridad.
No se trata de una ayuda esporádica, ni de prestar solamente una
asistencia pasajera, sino de modificar la situación económica, social,
política y ética de la pobreza y la marginación.
La solidaridad no es un sentimiento superficial por los males de tantas
personas cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y
perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de
todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de
todos.
La responsabilidad es de toda la sociedad, pero sin duda, la dirigencia y,
en especial los que detentan el poder político son más responsables.
La desigualdad es una construcción humana. Es necesario y urgente
reinsertar en la vida productiva, mediante la creación de fuentes de
trabajo, a millones de personas que carecen de los recursos mínimos para
sobrevivir. El pueblo no puede seguir viviendo de la dádiva, que da lugar
al clientelismo político; quiere trabajar dignamente.
En Navega Mar Adentro los obispos decimos que, en la raíz misma del estado
actual de la sociedad, percibimos la fragmentación que cuestiona y
debilita los vínculos. Esta fragmentación alcanza también al país. Se debe
construir un verdadero federalismo y para ello se debe favorecer la
cohesión social de las diferentes regiones que constituyen la Argentina.
Se debe corregir la situación de desigualdad entre las provincias, la
situación de marginación y exclusión, especialmente de las del norte del
país.
Sin un desarrollo regional, no será posible un país auténticamente
federal. El federalismo es todavía un ideal, más que una realidad.
La democracia en la Argentina, marcada por crecientes desniveles sociales
y económicos, no puede consistir únicamente en emitir un voto para elegir
autoridades. El desarrollo social de las zonas marginales es una
obligación moral.
Cuando los sectores marginados puedan acceder a una verdadera ciudadanía,
tendremos una auténtica democracia.
6. ¿Quién es
mi próximo?
¿Quién es el prójimo?, le preguntan a Jesús.
Con esta parábola Jesús nos contesta: el prójimo no existe. Prójimo se
llega a ser. Prójimo no es aquel que tengo delante de mí. Prójimo llego a
ser yo cuando delante de un hombre, aún de un desconocido, doy un paso que
me acerca, que me avecina a él. Prójimo llegó a ser el buen samaritano.
Los que disponen de más bienes han de sentirse responsables de los más
débiles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. (Cf. JUAN PABLO
II, Carta Encíclica Sollicitudo Rei Socialis, 28). De ahí que los más
dotados, personas o regiones, deben sentirse moralmente responsables de
los más pobres, a fin de instaurar un sistema que se base en la igualdad.
A su vez los pueblos económicamente más pobres y que están en el límite de
la supervivencia, deben ser capaces de aportar, a su vez, al bien común
sus tesoros de humanidad y de cultura.
La solidaridad nos ayuda a ver al otro –persona, pueblo, región- como un
semejante nuestro, nos ayuda, para hacerlo partícipe como nosotros, del
banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por
Dios
7. Construir
una patria más justa y solidaria
La nación es la comunidad cuyos miembros están congregados sobre la base
de una misma cultura, es decir, de un mismo estilo de vida. En palabras de
Juan Pablo II es la gran comunidad de los hombres que están unidos por
diversos vínculos, pero sobre todo, por la cultura. (Cf. JUAN PABLO II,
Discurso a la UNESCO, 2-6-1980).
Honrar a la patria es consolidar nuestra identidad, entretejida con el
aporte de las diversas culturas que, a lo largo y a lo ancho del país,
enriquecen nuestro modo de ser como nación.
La patria es la convivencia compartida en las mismas modalidades y en las
mismas costumbres. Es la coincidencia en los mismos recuerdos. Es el
tesoro de las mismas tradiciones. Alberdi escribió: “Desligar a un pueblo
de su pasado es debilitarlo como nación”.
La nación son los hombres concretos, antes que su territorio, antes de su
tierra, ante que sus cosas. La nación son las personas reunidas en un
pueblo, en una comunidad que se relacionan solidariamente y que participan
en los bienes de la nación.
Participan en los bienes materiales: el pan, la redistribución de la
renta, la participación económica, la propiedad de la tierra. Participan
del poder, en forma activa; participan de la libertad; participan de los
bienes espirituales.
Debemos construir una patria más justa y solidaria atendiendo,
especialmente a las regiones más postergadas, en donde sus habitantes no
llegan a vivir conforme a su dignidad de hijos de Dios.
Cada día tiene su tarea, cada época su consigna. La de la nuestra es
construir una Argentina en donde se fortalezca nuestra identidad como
nación, para lograr un crecimiento sostenido, donde se privilegie a los
más necesitados. Todos los argentinos deben tener las mismas
posibilidades. La igualdad de oportunidades es un principio básico de la
democracia. Pero el reinado de la justicia no será posible sin el amor
fraterno.
Se lo pedimos al Señor en la Oración por la Patria.
Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos.
Nos sentimos heridos y agobiados.
Precisamos tu alivio y fortaleza.
Queremos ser nación,
una nación cuya identidad
sea la pasión por la verdad
y el compromiso por el bien común.
Que nuestra Señora de la Merced, que acompañó los inicios de nuestra
patria, nos acompañe, también ahora para que, como el buen samaritano,
salgamos al encuentro de los hermanos y hermanas de las zonas más
necesitadas de nuestro país.
Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2483 del 21 de julio de 2004 |