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APERTURA DE la SEMANA DIOCESANA DE PASTORAL


Homilía de monseñor Luis Héctor  Villalba, arzobispo de Tucumán y administrador apostólico de Santiago del Estero en la apertura de la 18ª Semana Diocesana de Pastoral  (Catedral basílica, 16 de setiembre de 2005,)


En su Providencia el Señor ha querido que pueda participar de esta Semana de Pastoral. Ello me permite compartir con ustedes estos días de oración, reflexión y discernimiento.

Saludo a los sacerdotes, a los diáconos, a los consagrados y consagradas, a los seminaristas y a los laicos, que representan a nuestras parroquias, capillas, colegios católicos, instituciones, movimientos y a las diversas áreas pastorales.

Ésta es la 18ª Semana Diocesana de Pastoral, que da continuidad a las anteriores. Estas Semanas, no lo dudo, marcan un proceso en el camino pastoral de la Diócesis.

Ahora quiero compartir con ustedes unas reflexiones que, espero ayuden a orientar los trabajos de estas jornadas.

Tocaré brevemente dos puntos: 1) la Nueva Evangelización y 2) el espíritu de esta Semana de Pastoral.


1. La Nueva Evangelización

La obra de la evangelización es la obra permanente de la Iglesia: es su misión esencial. Como dice Evangelli Nuntiandi: “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (N° 14).

Podemos decir que la historia de la Iglesia es la historia de la evangelización. La historia del mandato de Jesús: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28,19-20).

Pero, a la vez, podemos decir que “esta es la hora de la evangelización”.

A lo largo de la historia de la Iglesia hubo momentos fuertes de evangelización: la evangelización del Imperio Romano, la evangelización de los pueblos germanos y eslavos, la evangelización de América.

Y, ahora, la Iglesia tiene conciencia que está viviendo otro momento fuerte de su misión evangelizadora.

En la Exhortación sobre la Vocación y Misión de los laicos el Papa Juan Pablo II dice: “La Iglesia tiene que dar hoy un gran paso adelante en su evangelización; debe entrar en una nueva etapa histórica de su dinamismo misionero”  (Christifideles Laici, 35).

Se trata de una nueva etapa evangelizadora. Por eso se nos llama a una Nueva Evangelización.

Esta nueva etapa, sin dudas, se abrió con el Concilio Vaticano II. Así lo entendió Juan Pablo II que dijo: “El Espíritu ha hablado a las Iglesia de hoy y su voz ha resonado en el Concilio Vaticano II. Se puede decir que éste representa el fundamento y el comienzo de una gigantesca obra de evangelización del mundo moderno, que ha llegado a una nueva encrucijada de la historia de la humanidad, en la que esperan a la Iglesia tareas de una gravedad y amplitud inmensas” (A las Conf. Episcopales de Europa, O. Romano, 20/10/85).

Este proceso, que nace con el Vaticano II, ha ido avanzando y el Papa Pablo VI marcó un hito fundamental con la Carta Magna de la Evangelización: Evangelii Nuntiandi. Allí se nos habla de “Crear tiempos nuevos de evangelización” (N° 2).

Ustedes recordarán que el Papa Juan Pablo II, cuando la Iglesia de América se preparaba para recordar los quinientos años del comienzo de la primera evangelización, lanzó el programa de la Nueva Evangelización: “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”.

En el documento Novo Millennio Ineunte (Al comenzar un nuevo milenio) el Papa Juan Pablo II nos escribió: “He repetido muchas veces en estos años la «llamada« a la nueva evangelización. La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba «¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Co 9,16)” (N° 40).

También el Episcopado Argentino, en el documento Navega Mar Adentro nos convoca a esta tarea. Allí se nos dice que tiene el propósito de “orientar una nueva etapa en la evangelización de la Argentina, mediante una acción pastoral más orgánica, renovada y eficaz, procurando que todo miembro del pueblo de Dios, toda comunidad cristiana, todo decanato, parroquia, asociación o movimiento, se inserten activamente en la pastoral orgánica de cada diócesis” (N° 2).

La Evangelización es obra de toda la Iglesia. A todo el pueblo de Dios se le ha encomendado la evangelización. La orden dada por Cristo a los Once: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Nueva Noticia a toda la creación” (Mc. 16,15-16), aunque de manera diversa, vale para todos los cristianos.

La Nueva Evangelización exige el concurso de todos y cada uno de ustedes.

Como Obispo, quiero comprometerlos a todos en esta maravillosa tarea.


2. El espíritu de esta Semana de Pastoral

Les cabe a ustedes la suerte de tomar parte activa en esta Semana de Pastoral, mientras que en nuestras comunidades quedaron muchos hermanos nuestros que participan en la misión evangelizadora, y que no están aquí presentes, pues hubo que poner un límite, pero que nos acompañan con sus oraciones y esperan de esta Semana un nuevo estímulo para seguir trabajando pastoralmente con mayor eficacia.

Hemos llegado desde nuestras parroquias, capillas, colegios. Procedemos desde los distintos servicios pastorales de la Iglesia. Hemos venido a vivir en esta Semana una fuerte experiencia de comunión eclesial, en la oración, en la convivencia, en el diálogo, para con la gracia de Dios, responder a las necesidades pastorales en las presentes circunstancias de nuestra Diócesis.

¿Con qué espíritu debemos participar de la Semana de Pastoral?

·          Ante todo con la escucha

El Señor nos hablará en su Palabra, en el misterio litúrgico que celebraremos, en la palabra del Magisterio, en la voz de los hermanos.

Nos hemos reunido para escuchar, como dice el libro del Apocalipsis, “lo que el Espíritu le dice a la Iglesia” (Ap. 2,7).  A nuestra Iglesia Diocesana.

·          Luego, con el diálogo, con el espíritu de comunión, con el espíritu fraterno

Queremos buscar lo mejor para nuestra Iglesia Particular. No venimos a imponer nuestros criterios. Con la luz del Espíritu Santo queremos discernir lo que conviene a nuestra Iglesia.

·          En tercer lugar, con el compromiso

La Semana de Pastoral no es solamente para encontrarnos y cambiar ideas, sino para comprometernos en el mandato del Señor de evangelizar el mundo.

Ustedes han llegado a esta Semana e intuyen el significado profundo de esta convocatoria, que repite la de Cristo: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo”. (Mt. 28,19-20).

Porque se trata de esto: de la evangelización. Nuestra Iglesia Diocesana quiere comprometerlos a realizar con la sociedad el diálogo de salvación.

La misión debe estar en la base de nuestra renovación y  de nuestras iniciativas.

Nosotros estamos comprometidos en un admirable designio divino que quiere no sólo que participemos del Reino, sino que lo extendamos a los demás. El Evangelio no es un anuncio que se extingue en quien lo recibe, sino una voz, que se hace grito. Jesús lo enseñó: “Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas” (Mt. 10,27).

Es un programa. Jesús nos dice: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28,19). La fe viva es una fe que se irradia.

Es un deber de todo cristiano. San Pablo afirma: “Si anuncio el Evangelio...es para mí una necesidad imperiosa. ¿Ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1 Cor. 9,16).

La finalidad pastoral, la meta de esta Semana es la renovación de la comunidad eclesial en orden a la evangelización.

Esta Semana de pastoral logrará su propósito si da energía al Pueblo de Dios para responder, hoy y aquí, a lo que nos está pidiendo el Señor en los comienzos del tercer milenio.

Que la Virgen de la Consolación de Sumampa nos acompañe y proteja.


Mons. Luis Héctor Villalba, administrador apostólico de Santiago del Estero



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