|
los
pecados sociales, rompen la paz
Homilía de Mons. Bernardo E. Witte, OMI, obispo de Concepción,
pronunciada en el Te Deum del 25 de mayo de 1999 en la catedral diocesana.
En la magna fecha de la Patria expresamos nuestro amor a la gran
nación argentina, y a su vez nuestro sincero dolor por las tres
palabras que caracterizan nuestra situación dolorosa actual:
Globalización
= desocupación = empobrecimiento general.
¿Qué
nos puede decir la Iglesia como Madre y Maestra?
1. Con su doctrina social, la
Iglesia ofrece una valiosa contribución a la problemática de la
economía globalizada.
La
dignidad humana, la solidaridad y subsidiariedad.
La
economía globalizada debe ser analizada a la luz del los principios
de la justicia social, respetando la opción preferencial de la
Iglesia por los pobres.
Hemos
de capacitar a los pobres, desocupados y marginados, con las normas
de la doctrina social, que en su visión moral intenta asistir a los
gobiernos, instituciones y organizaciones privadas, para que
configuren un futuro congruente con la dignidad de cada persona. A
través de este prisma se pueden valorar los aspectos irritantes,
como la deuda externa, la corrupción política interna, la
discriminación existente, etc.
Sí,
los pecados sociales claman al cielo, porque generan violencia,
rompen la paz y la armonía entre las ciudades.
Existe
una profunda crisis, debida a la pérdida del sentido de Dios, y a
la ausencia de los principios morales que deben regir la vida de
cada hombre.
Sin
una referencia moral, se cae en un afán ilimitado de riqueza y de
poder, que ofusca toda visión evangélica de la realidad social.
2. El neoliberalismo
considera, las ganancias y las leyes del mercado como parámetros
absolutos, en detrimento de la dignidad y del respeto a las personas
y a los pueblos.
¡Esta
es la causa de la ruina globalizada!
3. Recordamos la doctrina de
la Iglesia: el trabajo no es una mera mercancía, porque es una
actividad humana.
Por
ello, no puede ni debe ser consideradas como mercancía.
En
una palabra: mientras el neoliberalismo siga vigente, con la
absolutización del mercado continúa nuestra ruina social.
Los
robots son para este enfoque más importante que el bienestar de la
persona, de la familia, de la nación.
La
robotización, por ende, es un grave error que debe ser rectificado.
Nos
tenemos que adaptar a la situación: por ejemplo, sustituyen 80
cosechadoras a los 8.000 obreros que cortaban la caña.
Debemos
modernizar, pero no perder el fundamento: la dignidad del hombre, la
prioridad del ser humano con su derecho y deber.
Una
cosa es el uso del mercado como instrumento eficiente del progreso,
y otra cosa es su absolutización.
¡Roguemos
por los responsables del Gobierno y de la economía, del trabajo,
del bienestar social de todos los argentinos!
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2116, del 9 de junio de 1999 |