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MENSAJE A LOS CATEQUISTAS Y A LOS QUE COMIENZAN LA CATEQUESIS SACRAMENTAL
Mensaje de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio a los
catequistas y a los que comienzan la catequesis sacramental
(19 de marzo de 2005)
Queridos hermanos y hermanas:
Como todos los
años, iniciamos por estas fechas cercanas a la Pascua, las actividades
catequísticas en las parroquias, capillas y colegios. Es una alegría dirigirme
a todos ustedes, para darles la bienvenida y expresarles cuanto valoramos la
colaboración de los catequistas, la disposición de los niños y jóvenes que se
preparan para recibir los sacramentos y el interés de los padres que los
acompañan con su testimonio de fe.
Me dirijo en
primer lugar a los catequistas, que dedican su tiempo y su
esfuerzo con tanta generosidad a esta obra fundamental de la Iglesia. Ella,
como Madre, da la vida espiritual y alimenta con su enseñanza. Constantemente
deben los catequistas formarse y renovarse, para trasmitir mejor lo que han
recibido, y por eso apreciamos con gratitud la excelente respuesta que están
teniendo los Seminarios catequísticos. Sobre todo, tienen que vivir
coherentemente su fe, pues la mejor enseñanza es la del ejemplo, sostenido por
la participación en la Eucaristía y la oración. Esta es la condición de la
fecundidad espiritual. También es preciso que sepan integrar los distintos
aspectos de la vida cristiana; no limitarse a los encuentros teóricos y a
algunas ejercitaciones, sino relacionando en una práctica inspirada en el amor
a Dios y al prójimo la fe que se trasmite y proclama, con la participación
litúrgica, la oración, el impulso misionero y el testimonio, en una palabra,
la caridad, propuesta y estimulada en los niños y jóvenes que acuden a la
catequesis.
Los Curas
Párrocos, con la colaboración de los demás sacerdotes y de los
diáconos, tienen la responsabilidad de organizar la catequesis en sus
respectivas parroquias y centros pastorales, para que alcance verdaderamente,
en número y en intensidad a todos los jóvenes y niños de su jurisdicción. Es
tarea suya establecer las condiciones para una colaboración entre todos,
manteniendo un diálogo respetuoso, pero consciente de su misión de formar y de
alentar, procurando que los catequistas profundicen en la espiritualidad y
sean un testimonio de vida cristiana. Por último, los invito a hacerse ellos
mismos catequistas, participando en la tarea, y no solo encargando a otros,
para conocer a quienes le han sido confiados y para estimular y eventualmente
completar y corregir a los mismos catequistas.
Saludo muy
especialmente a los niños que retoman la preparación para la Primera
Comunión y a los que se incorporan este año. Van al encuentro de
Jesús, y se preparan adquiriendo conocimientos, aprendiendo a rezar y a tomar
parte en las celebraciones. Pero sobre todo van al encuentro de Jesús que los
ha buscado, los ha llamado y ahora los ha reunido, para que sean sus amigos.
Esto no se aprende como se puede aprender una lección en la escuela, sino que
hay que descubrirlo en las palabras de Jesús y al hacer suyos sus sentimientos
y sus gestos. Jesús quiere su amor, y este amor se lo demostrarán con su
fidelidad en la oración, con su bondad en las acciones y con la preparación
del corazón y de la mente para recibir la Eucaristía.
También tenemos
presente a los jóvenes y adultos que recibirán este año la Confirmación
y a los que empiezan a prepararse para ello. Ya su decisión de pedir el
sacramento es una señal de su opción madura por una incorporación más plena a
la Iglesia., por el sacramento del Espíritu Santo. Pero este propósito tan
valioso es apenas un comienzo, cuya continuidad se realiza en la fidelidad
cristiana, en la participación sacramental, especialmente en la Eucaristía
dominical, en la oración y en la inserción en la tarea evangelizadora de la
Iglesia. Hay lugar para ellos, tenemos necesidad de ellos, como futuros
sacerdotes y ministros, como laicos y padres de familia, como impulsores del
encuentro con la sociedad y la cultura para evangelizarla.
Los padres
y familiares de quienes se preparan por la catequesis para participar
en los sacramentos tienen sin duda una gran responsabilidad. Su decisión de
proponérselo habla de su fe y de su adhesión a la Iglesia. Ello sería
insuficiente si no estuvieran constantemente acompañándolos con su ejemplo y
testimonio, y lo que es muy importante, con su oración por ellos y por su
perseverancia y aprovechamiento en esta etapa fundamental de sus vidas. En el
Año diocesano de la Familia recordamos que la participación de
los padres en la catequesis, animando a sus hijos, colaborando en el
afianzamiento de los conocimientos adquiridos, promoviendo actividades que
reflejen de manera adecuada a su edad el sentir y el obrar del cristiano, se
convertirá en cada familia en un instrumento de crecimiento espiritual, de
unidad afectiva y de orientación hacia la caridad y la trascendencia.
La Resurrección
de Jesús que nos estamos preparando para celebrar en los próximos días es el
misterio central de donde procede la vida cristiana, y a este misterio somos
invitados a unirnos cada vez que nos reunimos en torno al altar de la
Eucaristía, sacramento de amor y de unidad. El Santo Padre Juan Pablo II ha
proclamado este año como Año de la Eucaristía, y nos ha dado dos
magníficos testimonios de la fe y de la piedad de la Iglesia con su Encíclica
“La Iglesia vive de la Eucaristía” y su Carta Apostólica “Quédate con
nosotros, Señor”. Su lectura y meditación son la propuesta que les hago en
esta ocasión, para formarse en el espíritu que debe distinguir al cristiano y
que tiene que animar e inspirar la tarea catequística. Que la Santísima Virgen
María interceda por nosotros, y ella, “mujer eucarística”, como la llama el
Papa, nos instruya y acompañe en nuestro camino de Iglesia.
Nueve de Julio, 19 de marzo de 2005
Solemnidad de San José, Esposo de la
Santísima
Virgen
Patrono de
la Iglesia Universal
Mons. Martín de Elizalde OSB,
obispo
de Nueve de Julio |