EL
COMPROMISO POR LA VIDA
Mensaje de monseñor Martín de Elizalde, obispo de Nueve de Julio en el Día del
Niño por Nacer, 4 de abril de 2005
En el espíritu de la Pascua, que acabamos de celebrar, fiesta de la Vida que
nos trae el Señor Resucitado, conmemoramos la Anunciación del Señor,
trasladada este año al 4 de abril, y en este día se recuerda a los que viven
en el vientre materno. La solemnidad litúrgica de la Anunciación nos presenta
el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Por obra del Espíritu Santo y
con la aceptación de María Virgen para ser la Madre del Salvador, el camino
que siguen todos, hombres y mujeres, para llegar a la vida, es recorrido
también por el Hijo de Dios que toma nuestra naturaleza en el seno de la
Virgen. Y el mismo Señor nos confiere la gracia de ser hijos de Dios,
abriéndonos la posibilidad de llegar a participar en la felicidad eterna, por
el bautismo, misterio pascual, que borra el pecado original y nos incorpora a
la Iglesia. Vida natural y vida sobrenatural, que se encuentran en el mismo
sujeto, y le confieren su gran dignidad.
La situación en
nuestra Patria, en cuanto al respeto y a la protección de la vida de aquellos
que aún se encuentran en el vientre materno, es sumamente difícil. Los
preceptos constitucionales corren el riesgo de quedar en letra muerta, ante la
ofensiva de los proyectos abortistas, ya sea por eugenesia o por evitar los
nacimientos no deseados. Tal ofensiva no es inocua ni inocente, y su
posibilidad ha ido imponiéndose en el espíritu de muchos conciudadanos, al
presentarse bajo la apariencia de un bien: protección de la mujer, sobre todo
de las adolescentes, regulación de la natalidad familiar, evitar nacimientos
de niños deformes o gravemente discapacitados, y tantas otras razones, falaces
y egoístas. Antes, y como condición para llegar hasta aquí, es preciso
reconocerlo, se fue debilitando la institución familiar y se degradó y
ridiculizó la fidelidad; el aborto mismo fue instrumentado como un método
anticonceptivo más; se socavaron los fundamentos morales, especialmente entre
los jóvenes, se impuso un modelo hedonista e irresponsable en una sociedad
erotizada; hubo experimentos en genética sin las debidas salvaguardas éticas,
que banalizaron la condición humana; se propusieron modelos de existencia,
equiparados a la familia, contrarios a la naturaleza. De esos principios se
siguen las lamentables consecuencias que vemos. El respeto por la vida del
niño por nacer es fundamental; de lo contrario, se legitimaría un asesinato,
lo que ya es terrible, y ello no se detendría allí, pues al perder el sentido
de la vida, como en otros países está sucediendo, nada impediría que lo sigan
la eutanasia y una indiscriminada manipulación científica.
Frente a este
cuadro tan serio, con la fe puesta en Dios y con la certeza que su designio es
el bien genuino de los hombres y mujeres, sus criaturas, a las que tanto ama,
invitamos a todos los fieles cristianos a participar este día 4 de abril, en
la Santa Misa y en las celebraciones que se realicen para orar por una mayor
conciencia a favor de la vida y por medidas eficaces que promuevan el bien de
las familias y de los niños por nacer.
Pediremos por una
renovación de la vida familiar, por la fidelidad cristiana y matrimonial de
nuestro pueblo bautizado, por una auténtica y eficaz formación de los jóvenes
para el amor, con madurez y con generosidad, por una educación integral que
tenga en cuenta los valores humanos y morales, y nos comprometeremos ante el
Señor nuestro Dios para colaborar en esta importante tarea, para bien de toda
la sociedad y para difundir a través del testimonio el Evangelio de
Jesucristo.
En este Año
Eucarístico, que es también en nuestra diócesis Año de la Familia, el signo de
nuestra preocupación y de nuestra esperanza debe estar en la participación de
toda la familia, padres e hijos, también los pequeños, en la Eucaristía de
cada domingo, la Pascua semanal.
Nueve de Julio, 24 de marzo de 2005
Mons. Martín de Elizalde OSB,
obispo
de Nueve de Julio |