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ABORTO Y
PRINCIPIO DE LA CAUSA DEL DOBLE EFECTO


Ante las diversas informaciones que han aparecido en los medios de comunicación sobre el aborto de una niña de 9 años de edad, la Cátedra de Medicina Legal
de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica Argentina
quiere aclarar conceptos


Tipos de abortos

Ante todo se debe diferenciar el aborto espontáneo del aborto provocado:

Aborto espontáneo es cuando se produce natural o patológicamente sin que exista acción externa para ocasionarlo.

Aborto provocado, cuando hay una acción externa voluntaria para provocarlo. Deben diferenciarse:
a) los abortos que se provocan por no dejar implantar el embrión (blastocisto de 300 células) en la mucosa uterina o por expulsar al embrión recién implantado.

b) los abortos que se realizan cuando el embrión ya está implantado o cuando ya es un feto de varios centímetros de tamaño.

En ambos casos, hay muchos medios que se pueden emplear para el aborto.

A) Los métodos que no dejan implantar al embrión u ocasionan su expulsión por contracciones uterinas cuando está ya implantado, son los que hoy están auspiciados y financiados por las mal llamadas Leyes de Salud Reproductiva.

Se trata de dar píldoras con dosis mínimas de hormonas que en vez de inhibir la ovulación, impiden –a los 7 días de la fecundación del óvulo por el espermatozoide– la implantación del embrión en la mucosa uterina. Estas leyes, también emplean las "píldoras del día después" (after morning pills) y los dispositivos intrauterinos (llamados DIUs) que actúan impidiendo la implantación del embrión o provocando su temprana expulsión del útero. Se debe agregar además que la aplicación de estas leyes, brindará a las mujeres mala e incompleta información y además y –lo que es muy grave– no reconocen la autoridad de los padres, cuando sin su conocimiento y consentimiento concreten estos métodos en las hijas adolescentes.

B) Los métodos que se emplean para hacer los abortos provocados en los embriones mas grandes y en los fetos, son muy variados. Se pueden usar hormonas, drogas o medicamentos; o introducir elementos en el cuello uterino (laminarias, elementos punzantes, etc.) para ocasionar en ambos casos contracciones y evacuar su contenido; o inyectar en la cavidad amniótica soluciones tóxicas o corrosivas (formol, soluciones salinas hipertónicas, etc.) o directamente hacer intervenciones instrumentales quirúrgicas (curetajes, aspiración del contenido uterino previa destrucción cefálica, microcesáreas para extraer fetos inviables de menos de 22 semanas de vida, etc.).


Razones abortivas

Muchas instituciones y personas opinan que no es necesario buscar razón alguna para justificar los abortos, pues sostienen que el feto pertenece a la madre y por lo tanto es una libre opción de ella seguir el embarazo o provocarse un aborto, amparándose así equivocadamente en el "principio de autonomía". Son los partidarios de la postura llamada "pro choice" (pro elección de la madre).

Otros, dicen que si bien no debe permitirse el aborto libre por simple voluntad de la madre, justifican el aborto en diferentes situaciones: aborto por peligro de la vida o salud física o psíquica de la madre; o por embarazo resultado de una violación; o por enfermedad grave del feto; o por el sexo o tipo de sangre del feto que puede provocarle una enfermedad grave; o por razones económicas, de vivienda, sociales, etc. Pero todas estas razones nunca justifican la muerte directa de un feto, que es un ser inocente.


Principio de la causa del doble efecto

Se ha dicho también públicamente que la postura del magisterio de la Iglesia ha cambiado, liberalizandose y que en caso de peligro de la vida de la madre se puede realizar un aborto, aplicando el principio de la causa del doble efecto. Es decir buscar un fin bueno (salvar la vida de la madre) aunque ello ocasione la muerte del feto (fin malo no querido).

Pero para poder aplicar este principio deben cumplirse simultáneamente cuatro circunstancias y muy en especial la cuarta:

1. Que el efecto deseado sea el bien y el mal solo sea permitido.

2. Que haya proporcionalidad en lo que se vaya ha hacer. O sea, que el efecto bueno sea muy superior al mal que se provocará.

3. Que no haya otro medio más simple de solucionar el problema.

4. Que el resultado deseado (salvar la vida de la madre) no sea el resultado de hacer antes una acción mala (abortar o matar al feto). Primero debe ser la acción buena o por lo menos debe haber simultaneidad entre ambos efectos. Ello significa que: es posible hacer algo por el bien de la madre que traiga como resultado la muerte del feto, pero no es permitido comenzar con la muerte del niño. No es lícito hacer un mal para buscar un bien. Nunca el fin justifica los medios.

Citamos tres ejemplos, con un fin bueno, en los que no se comienza matando al feto:

a. Es lícito extirpar un útero con cáncer, aunque tenga un embarazo. Se busca el fin bueno de salvar a la madre y sólo se permite o tolera la muerte del feto.

b. Es lícito aplicar terapéutica anticancerosa de drogas o rayos en una madre enferma gravemente, aunque esa terapia provoque la muerte del feto. También aquí se busca el fin bueno de salvar a la madre y sólo se permite o tolera la muerte del feto.

c. Es lícito realizar una intervención quirúrgica o instrumental muy riesgosa –pero indispensable para la salud de la madre– aunque ello pueda provocar o provoque la muerte del niño.


Conclusión

La vida humana es sagrada desde la concepción hasta la muerte. Bajo ninguna circunstancia se la puede suprimir directamente. Por ello, la gravísima ilicitud moral de los abortos, de los infanticidios, de los homicidios simples o piadosos y de la eutanasia directa. Es necesario defender la vida de las personas humanas, por estar constituidas por cuerpo y alma, por haber sido ésta creada directamente por Dios y por tener un destino trascendente.


Dr. Carlos Abel Ray, Profesor Protitular

Dr. Carlos Carranza Casares, Profesor Titular



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