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"FANTACIENCIA" Y REALIDAD


De monseñor Héctor Aguer, arzobispo coadjutor de La Plata,
publicado en el diario "El Día", el 12 de febrero de 1999


Cuando fue presentada en sociedad la oveja Dolly, muchos sospecharon que no pasaría largo tiempo sin que se ensayase en seres humanos el procedimiento que dio origen al desde entonces famosos animalito. Más aún, la sospecha llevó a algunos a afirmar que experimentos de este tipo estaban ya en curso de realización.

Ahora, con el anuncio de la inminente creación de clones de nuestra especie, parece implantarse definitivamente una dialéctica de dominio sobre las fuentes de la vida. Se revela así la desmesura, el descarrío de un sector de la ciencia contemporánea que hace temer nuevos atentados contra la dignidad humana. En esta orientación de la búsqueda científica, la inteligencia se ejerce como pensamiento de dominio, se torna razón instrumental que pierde de vista la verdad del hombre y el sentido de la existencia. Por tanto, la investigación no reconoce límites éticos que encaucen o frenen sus intervenciones sobre la naturaleza y sobre el mismo ser humano. Sin embargo, esos límites existen y son objetivos; nadie los impone arbitrariamente desde fuera, sino que brotan de la misma realidad del hombre viviente y de su trascendencia sobre el resto del universo. Recordar esto no implica adoptar una actitud oscurantista; por el contrario, el reconocimiento de la creación y la reverencia ante las maravillas de la naturaleza impiden que la ciencia se someta a los mitos del positivismo y se haga cómplice de sus implacables consecuencias.

Me parece importante observar que, en el caso de la clonación, como en otros usos de la ciencia aplicados a la reproducción humana, se insinúa un cierto desprecio de lo biológico, lo corporal, lo material. Se escinde la unidad de la creatura humana, que es naturaleza y razón, carne y espíritu, cuerpo y alma. Se reflexiona y se procede como si el valor residiera exclusivamente en la conciencia, como si el cuerpo, el bíos, enclavado en el torrente de lo físico, fuera una "cosa" más ajena que propia y manejable a voluntad.

Según las últimas informaciones, se perfilan dos aplicaciones de la ingeniería genética en el caso de la clonación. En primer término, la posible fabricación de bebés. Se trata del extremo opuesto a la anticoncepción. Con el perfeccionamiento y difusión masiva de anticonceptivos se procura ofrecer el disfrute del sexo descartando su consecuencia natural que es la generación de una nueva vida; ahora se pretende traer a la existencia a un ser humano prescindiendo del sexo, el amor, el matrimonio y la familia: un producto de laboratorio, un objeto de fábrica. Cuando la dignidad del hombre exige que nazca de la unión de su papá y de su mamá.

El otro uso de la clonación se aplica a crear suministradores de tejidos. Esta aberración intenta plasmar "bichos" humanos (así se los considera) sometidos a la lógica del poder y del mercado. Wilmut, el padre de la oveja, ha declarado que como el embrión es sólo potencialmente persona y no tiene conciencia de serlo, se lo puede usar. ¡Magnífico argumento! Si lo que constituye a la persona fuera la conciencia en acto, en ejercicio, podríamos usar también a los deficientes mentales, a los accidentados sumidos en coma profundo y hasta a los criminales inimputables como material de reserva para trasplantes.

Nosotros los cristianos creemos –y muchos que no lo son comparten esta convicción- que el hombre, aún en los estadios iniciales, ínfimos, de su desarrollo, como también en condiciones precarias y terminales de existencia, no es un medio para otra cosa; es inusable: es la única creatura en el universo que Dios ama por ella misma. Cuando Dolly emitió sus primeros balidos, mucha gente sensata comenzó a temer lo peor. Hoy podemos decir que Hitler y sus "sabios" encabezados por el Dr. Mengele eran torpes aprendices al lado de Wilmut y sus colegas.


Mons. Héctor Aguer,
arzobispo coadjutor de La Plata


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2201, del 24 de febrero de 1999


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