Como pastores del Pueblo de Dios que peregrina en la
Argentina, en el umbral del Gran Jubileo, saludamos con alegría a todos
nuestros hermanos y hermanas que viven en nuestra Patria.
Queremos hacernos eco de la invitación del Santo Padre
Juan Pablo II y celebrar, en un clima de sencillez y austeridad, los 2.000
años de la Encarnación y «ponernos con nuevo asombro de fe frente al amor
del Padre, que ha entregado su Hijo, para que todo el que crea en El no
perezca, sino que tenga vida eterna» (cf. Tertio millenio adveniente, TMA
32).
Convocamos, pues, a todo el pueblo de Dios y a todos los
hombres y mujeres de buena voluntad, a peregrinar a Córdoba los días 8, 9
y 10 de setiembre de 2000, para manifestar en el Encuentro Eucarístico
Nacional nuestra fe en Jesucristo Vivo, y reconocerlo al partir el Pan.
Los invitamos a vivir una experiencia de comunión gozosa
con Dios, de fraternidad y reconciliación entre todos, con apertura
ecuménica, como un modo de glorificar a la Santísima Trinidad, y de
dignificar al hombre en estos tiempos en los que se sigue anhelando la
justicia tan largamente esperada, y contribuir así a restablecer el
vínculo social y político nacional.
Para que esto sea posible, les pedimos una profunda
preparación espiritual, personal y comunitaria, que nos permita renovar,
como Iglesia en la Argentina, nuestra fe en Jesucristo.
Confiando que Dios muestra su fuerza en nuestra
debilidad, encomendamos esta fiesta de la Iglesia a la oración de todos
ustedes y acudimos a la protección de María de Luján, Madre de nuestra
Patria.
Invocando la bendición del Señor sobre cada una de las
familias de nuestro pueblo, les deseamos una fecunda Navidad y un feliz año
2000.
Los Obispos de la Conferencia Episcopal Argentina,
Buenos Aires, diciembre de 1999